Los místicos más veteranos de aspecto cansado piden silencio a los jóvenes que hablan de los «Últimos Días». Las dos tormentas del siglo XX que precedieron a la actual despertaron los mismos temores, dicen. Y las dos fueron mucho peores que este aguacero, afirman estos ancianos a los benjamines.
Sin embargo, entre ellos, los Benandanti de suficiente edad para haber conocido una o ambas Guerras Mundiales coinciden en que esta tormenta infernal es mucho más feroz que sus predecesoras. Es más, las profecías bíblicas asociadas con el levantamiento de los muertos consiguen que muchos de estos vetustos místicos, cuyos orígenes tienden a ser cristianos (y sobre todo católicos), se preocupen por la inminente llegada del verdadero Fin de los Tiempos.
La única esperanza de los veteranos estriba en la duración de las tormentas infernales que coincidieron con las Guerras Mundiales. Cada una de ellas duró aproximadamente una década, creen. «También esta pasará, a menos...». Ese «a menos» oculta su temor a que el final de esta tormenta infernal coincida con el fin del mundo. La idea quita el sueño a muchos Benandanti, pero prefieren no hablar de ello. Cualquier exaltado advenedizo que crea saberlo todo acerca de la tormenta infernal podría convertirse en el blanco contra el que disparar estas ominosas conclusiones.
Cuando la actividad de la tormenta infernal supera la barrera que separa a los vivos de los muertos, ocurren varias cosas. Los cazadores que utilicen la Segunda Visión podrán ver a todos los fantasmas de las inmediaciones, amén de a cualquier ser presente en forma astral o sobrenatural, ya se trate de Ermitaños, Benandanti o los escasos vampiros que son capaces de viajar de este modo. Los fantasmas, sobre todo los fantasmas iracundos, seguramente superarán en número a los demás seres, por lo general en una proporción de varias docenas a uno. Podrían crearse muertos vivientes inmediatamente cuando uno o más fantasmas inunden los cadáveres de mortales muertos hace poco. Al contrario que los demás fantasmas, los furiosos no sufren daño por la exposición a los vientos de la tormenta infernal en este tipo de situaciones; más bien cabalgan estas ráfagas, rodean a sus oponentes y golpean a placer.
Debido a sus incursiones en las tierras de los muertos, los Benandanti son inmunes a los efectos más sutiles de tales brotes. Los demás mortales de las proximidades, exaltados incluidos, sufrirán la pérdida de dos puntos de Fuerza de Voluntad mientras duren estas invasiones. Las personas normales sufrirán también confusión e histeria al exponerse a la tormenta y sus pobladores, como ocurriría al enfrentarse a poderes fantasmales. Los brotes de la tormenta infernal pueden conseguir que incluso los residentes del desierto en plena ola de calor sientan escalofríos, desamparo y desesperanza. A menudo, aunque no siempre, coincide el mal tiempo físico con una de estas inundaciones. En cualquier caso, los Benandanti que utilicen talismanes y los cazadores que empleen su Segunda Visión sufrirán una disminución de su Percepción de lo sobrenatural según la siguiente escala.
| Nivel de la Tormenta Infernal | Área Afectada | Incidencia de fantasmas | Condiciones climáticas | Pérdida de Percepción |
| 1 | edificio de gran tamaño | 1-2 docenas | no se aplica | cero |
| 2 | vecindario | 10-20 docenas | aguacero | -1 |
| 3 | ciudad pequeña* | 500-1.000 | galerna, granizo | -2 |
| 4 | ciudad mediana | 2.000-5.000 | tornados | -3 |
| 5 | gran ciudad | desconocido | huracán | -4 |





















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