El murmullo aplastante del gentío que fluye hacia la salida del recinto festivalero envuelve la noche en una neblina de sudor, neón y alcohol derramado. Entre la marea de sombras anonadadas por el retumbo del bajo, la presencia de tres muchachas destaca con una nitidez casi irreal. Avanzan a contracorriente o se mecen al ritmo de un compás invisible, coronadas con flores de plástico cuyos tonos chillones parecen absorber la escasa luz de las farolas. No muestran el cansancio característico de la multitud; sus miradas, extrañamente fijas, parecen posarse en un punto distante de la urbe, más allá del bullicio inmediato.
Al acercarse, el estruendo de los altavoces parece atenuar su volumen para dar paso a sus voces: una armonía infantil, limpia y perturbadora que entona una tonada que habías sepultado bajo décadas o siglos de niebla vampírica. Es exactamente la misma nana o ronda escolar que escuchabas antes de que el Abrazo arrebatara tu aliento, una melodía cargada de recuerdos de cuando aún pertenecías al mundo del sol. Sin embargo, en esta ocasión la melodía viene acompañada de sutiles variaciones en la letra, versos recién acuñados que cambian pasajes familiares por alusiones veladas a reyes de ceniza, juramentos rotos en la penumbra o la inminente caída de una torre donde se refugia la estirpe.
Las palabras flotan en el aire nocturno como un susurro directo a tu conciencia, una clara señal de que el destino o algún poder antiguo no pasa por alto tus pasos en la Yihad. Mientras las jóvenes se pierden entre la marea humana, el eco de su canto deja en el ambiente una certeza helada: lo que parecía un recuerdo enterrado no es más que el mapa de una tragedia o una advertencia que está a punto de cumplirse en las calles de la ciudad.
Eco de una Infancia Olvidada
Reserva de Dados
Determina tu reserva y tienta a la suerte...
Destino Oscuro
El destino es una red de intrigas. Si no sabes qué senda tomar, deja que el azar dicte tu próxima lectura.





















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