En cualquier caso, quizás el barbarismo de nuestra Secta alentó a algunos Lasombra a abandonar la pretensión de cruzada fanática. Sí, yo no estaba entre los chaqueteros al principio. Los estrategas como yo viajábamos escondidos en aviones, llenábamos contenedores de barcos con manadas Sabbat e incluso fletábamos nuestros propios recipientes desde el Caribe. Cuando llegué a Mosul, tras una barbaridad de horribles encuentros en Argelia y Libia, di caza a mi primer vampiro anciano. Fue glorioso, pero necesitaba más fuerza de la que mi manada poseía. Sabía que los Amici Noctis estaban murmurando acerca de la infructuosidad de esta cruzada, pero yo no había terminado. Aún tenía una guerra que luchar, y seres terribles se estaban alzando de debajo de la arena y las piedras. Mi manada no había abandonado aún la Secta.
¿Sabéis? Me río al recordar lo que estoy a punto de escribir. Si no lo hiciera, mi hermoso rebaño, veríais lágrimas de sangre en mis mejillas.
En Irak, mi ductus (es como se llama en el Sabbat al líder de una manada o coterie) acudió a mí con información sobre uno de estos rumoreados Antiguos recién despertados que aterrorizaban al ganado. Pensamos que era «una presa fácil» porque, ya sabéis, cuando los vampiros acaban de despertar tras siglos de letargo, están a medio gas.
Así que fuimos a Villapolvo, en el puto medio de ninguna parte. Como predijimos, todos los mortales estaban muertos, heridos o escondiéndose. No había vampiros nativos a la vista que llamaran dominio al lugar. Mientras explorábamos el entorno, lo encontramos a Él.
Él.
No sé si era el fundador de nuestro clan, solo un guardián realmente viejo o algo completamente distinto, pero cuando nos vio, sentimos el tirón de su gigantesca boca, ese absorbente agujero negro. El vacío nos llamaba.
Salí de allí. Mi manada no. A veces me pregunto si Él me dejó ir. Realmente no importa, todo sea dicho, porque sobreviví. Eso es lo que los Lasombra hacemos: sobrevivimos y seguimos adelante para triunfar.
No soy la única que lo ha visto. Algunos afirman haberse encontrado con Él en Libia, otros en Afganistán. Hay incluso un informe de su presencia en Sicilia, y algunos sostienen que el supuesto Emperador de DC es solo Él bajo otra forma. Lo que sí sé es que suficientes de nosotros lo hemos visto a Él y lo que puede hacer como para percatarme de que nuestra cruzada estaba conduciéndonos únicamente a una forma prolongada de suicidio.
Ahora os cuento este relato, mis parientes del clan Lasombra. Os digo por qué los Amici Noctis dicen que nos hemos unido a la Camarilla, por qué los neonatos ignorantes dicen que nos hemos unido a la Camarilla y por qué yo digo que nos hemos unido a la Camarilla.
Pensábamos que habíamos matado a los mayores monstruos de nuestro clan en tiempos inmemoriales, pero están despertándose. Combatirlos no va a ayudar. Necesitamos ocultarnos, adueñarnos de las sombras y esperar a que la Inquisición los elimine por nosotros. Con nuestra influencia en las religiones organizadas del mundo, quizás podamos dar un empujón a la Inquisición.
Ya sabéis, en el Sabbat me dijeron: «¡Marchamos para eliminar a los Matusalenes y Antediluvianos! ¡Marchamos para liberarnos de la Jyhad!».
Es mentira, mi piadosa congregación. Él nos llamaba para que lo alimentásemos. Los hilos de la cruzada no ascienden hasta el Regente o un puñado de cardenales; lo hacen hasta la voraz oscuridad.
No puedo más que pensar en todo el derramamiento de sangre en África y Oriente Próximo a causa de esta Guerra de la Gehenna, en todas las vidas cainitas perdidas, en cómo celebrábamos cuando uno de cada veinte vampiros regresaba del conflicto con un Matusalén, abotargado de poder como una garrapata. Simplemente olvidábamos a los diecinueve caídos y a dónde había ido su vitae. A quién había alimentado. Quién o qué había invocado a la superficie las cenizas de los Matusalenes.
La Otra Perspectiva
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Destino Oscuro
El destino es una red de intrigas. Si no sabes qué senda tomar, deja que el azar dicte tu próxima lectura.





















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