Parte 01: Mi Queridísimo Aluc

Mi queridísimo Aluc,

Me alegra oír que has viajado sin incidentes a nuestra ciudad y espero que la hayas encontrado hospitalaria. Confío en que tengas a Alexa o a un ghoul que te lea esto en alto ya que, por desgracia, no sé braille.

Quería escribirte e informarte de parte de nuestra historia aquí en la ciudad antes de que llegases, ya que ha determinado el tono de las noches actuales. Me temo que buena parte de ello es bastante aterrador, así que, por tu cordura, me centraré en las partes divertidas.

Como ya sabes, Chicago ha sido una ciudad muy buscada desde la llegada de los franceses. Las naciones nativas llevaban viviendo aquí algún tiempo cuando se construyó el fuerte Dearborn y no estaban nada contentos con que los franceses quisieran quedarse, en absoluto. Parece que había una rivalidad entre dos vampiros en ambos bandos que alimentó este resentimiento. Menelao, un anciano miembro del Clan «Erudito» (sí, sé que ese nombre es una especie de broma), llevaba viviendo con los nativos americanos varias generaciones e imponía su confianza y silencio. Por lo que sé de esta situación, tenía un archirrival desde hacía siglos. Su identidad se me escapa, pero se me ha dado a entender que él o ella era miembro de mi propio Clan.

Lo llamaremos «Rosa» en aras de la sencillez. Bien, en mi mente no hay duda de que su disputa de siglos se derramó por esta tierra y cambió para siempre el dominio. Parece que nuestros ancianos corrompen todo lo que tocan, colonizadores y nativos por igual. Su influencia empeoró la violencia, lo que llevó a una gran batalla con los franceses que los pueblos nativos perdieron. Menelao estaba furioso y los dos ancianos vampiros combatieron el uno contra el otro a costa de muchas vidas mortales. Ambos cayeron en letargo durante la lucha y sus respectivos sirvientes sacaron sus cuerpos del campo de batalla.

Nadie conoce realmente sus planes o dónde comenzó su conflicto, ni ha sido capaz de seguirlo desde ese momento. Aparentemente, ha sido un juego muy anterior al de Chicago pero que pasó desapercibido hasta mucho después, cuando muchas piezas del rompecabezas empezaron a encajar. ¡En algunos casos, ciertos vástagos se percataron de que llevaban moviendo sus hilos desde hacía siglos! Creo que esa es la razón por la que las viejas primogénitas Gangrel y Malkavian abandonaron la ciudad; estaban demasiado cansadas de ser marionetas.

En cualquier caso, ahora no importa eso. Entiendo que Menelao puede haberse marchado en estas noches, dejando cortados los hilos de sus títeres. Que yo sea consciente, nunca me he encontrado con Rosa, pero su presencia es ahora innegable. Me pregunto a quién tiene bajo su yugo, Aluc, realmente lo hago. Tener un monstruo tan anciano como ése en juego es algo desagradable que tener en consideración. Hay un juego mucho mayor, Aluc, espero que estés listo para convertirte en un peón, porque es todo lo que siempre seremos.

Dicho esto, ¡bienvenido a Chicago! No dejes que mi adusto cierre te aparte de tu camino, y ven a visitar el Succubus Club cuando quiera que tengas tiempo.

Buenos deseos,

Annabelle

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