En 1992 comenzaron a circular rumores de que el Clan Tremere estaba trabajando para descubrir los refugios de los Nosferatu. Se asumió que la empresa había resultado infructuosa, ya que los Hijos de las Cloacas tienden a construir guaridas que resultan tan extremadamente difíciles de encontrar como peligroso es acceder a ellas. Estos rumores fueron un tema constante durante varias semanas y habían comenzado a acallarse cuando una masiva inundación golpeó el área céntrica de Chicago.
Según las investigaciones iniciales, parecía un desastre natural. Al fin y al cabo, Chicago se había levantado sobre terreno pantanoso; era previsible que ocurriera tarde o temprano. Luego empezaron a llegar informes sobre numerosos mendigos muertos en las alcantarillas, aunque el suceso no caló en los medios generalistas. El centro de Chicago se vio obligado a cerrar durante una semana, lo que causó un impacto devastador en los negocios y hogares de la zona. Junto con aquellos reportes de investigación, empezaron a circular murmullos sobre el inmenso daño sufrido por los refugios Nosferatu de la ciudad. Partiendo de eso, no fue difícil encajar las piezas y completar el puzle.
La gran pregunta seguía sin respuesta: ¿por qué harían los Tremere algo así? ¿Qué ganaban en aquel momento poniendo en peligro a tantos Vástagos y acabando con las vidas de incontables mortales?
Aunque no existe una respuesta definitiva, abundan las especulaciones. La mayoría giran en torno a los Vástagos Khalid y Nicolai, y a la enconada rivalidad entre ambos. Otros sugieren que Lodin le pagó a Nicolai para que lo hiciera y eliminara así a sus rivales, pero que este falló en la tarea, provocando un desastre mucho mayor de lo pretendido inicialmente. Un rumor diferente, iniciado por Tommy Walker, apuntaba a que otro Nosferatu estaba intentando destruir a Khalid.
Poesía slam de las calles de Chicago
Olaf Holte
Príncipe número uno,
qué significa marcharse, el hijoputa nunca supo;
que su arma necesita plata, el chupapollas no entendió
de su ataúd alzarse, el hijoputa nunca debió,
¡jo, jo!,
pero ese chupapollas fue, y Lodin se llamó.
Dicen que en su ático se esconde la putita,
cree que tras esos muros, de los dientes y garras de los perros sanguinarios estará protegida.
Ocho componían la manada,
con un alfa que desgarradoramente aullaba.
¡El hombre blanco se abalanza con la corona en la testa,
bang, bang y un lobillo cae!
Pero Olaf,
Príncipe Blanco
de ojos azules y rubio cabello,
gélido cual infierno y sangre cual hielo,
en una noche su culo no puede con todo el otro septeto;
dicen los rumores que uno nuevo le abrieron,
convirtieron su culo en cenizas y de comer su propia arma le dieron.
Pero según cuentan en las calles,
al hijoputa no hay quien gane:
el Viejo Olaf aún está con nosotros,
como si jamás se hubiera marchado.





















0 comments:
Publicar un comentario