Los Shih son anacronismos. Hacen lo que hacen porque están poseídos por una apasionada necesidad de mantener su propio control. Los Shih tratan de equilibrar el Gran Ciclo y creen que hasta los demonios tienen su lugar en él. Este aspecto es muy importante para entender a estos guerreros y realizar una crónicas en la que estén involucrados.
Los Shih no tienen problema con el hecho de que existan los demonios: también aceptan, hasta cierto punto, que se alimenten de los humanos. Para ellos, un fantasma que posee una determinada casa o a una persona concreta no es necesariamente un problema. Sin embargo, cuando el fantasma amplía sus actividades y se dedica a asolar a toda una comunidad los Shih buscan una explicación, si no del fantasma al menos de los habitantes del pueblo. Las crónicas con Shih deberían girar tanto en torno al misterio de por qué el demonio decide hacer lo que hace como al momento de detener estos ataques. Siempre debe haber un motivo y una solución. Entre los Shih y los shen parece existir un acuerdo tácito. Los primeros siguen un código de honor y conducta cuando cazan demonios, y a cambio éstos suelen hacer lo posible por no romper las reglas, o al menos por no ser descubiertos.
Este código no se basa en conceptos del bien y el mal. Si los demonios quisieran podrían unirse y borrar a los Shih de la faz del planeta, pero se trata de una cuestión de tradiciones y rituales. Los cazadores demostraron su poder hace mucho cuando Yi salvó al Reino Medio de su destrucción. Hasta los Kuei-jin, mirando atrás, admiten que en aquella ocasión llevaron las cosas demasiado lejos. Por este motivo, y por el hecho de que los Shih son verdaderamente peligrosos, los shen siguen las reglas no escritas del enfrentamiento... o al menos casi siempre. Siempre hay quien está dispuesto a cambiar las reglas en su favor.
El respeto mutuo es algo intrínseco en las crónicas de los Shih. Éstos aceptan que los shen tienen derecho a existir, y los demonios admiten que de vez en cuando algunos de los suyos supera todos los límites. En algunas ocasiones son los propios shen los que advierten a los cazadores de una situación que está fuera de control. Los Shih mantienen el equilibrio de poder de un modo muy real, manteniendo una cierta neutralidad entre las diferentes facciones de los shen. Los Kuei-jin y los hengeyokai nunca serán amigos y han luchado los unos contra los otros en numerosas ocasiones. Los Shih trabajan para controlar estas guerras, ya que son los humanos las víctimas más frecuentes de la violencia desatada.
Se trata de un acuerdo mutuamente beneficioso que nunca ha sido expresado en voz alta. En cierto modo, los Shih son como la policía en una zona llena de bandas: a veces realizan algunas detenciones para mantener la paz, pero también acuerdan treguas bilaterales con los líderes de los diferentes grupos. Con lo que no llegarán a nada será intentando destruir a las bandas. Nunca lo conseguirán, ya que sufren una inmensa desventaja numérica y estarían perdidos. Con los Shih ocurre algo similar.
Los cazadores también tienen otras semejanzas con las policías en zonas conflictivas: ven tan intensamente el lado negativo que las cosas buenas pierden importancia. Debido a esto los Shih suelen ser bastante morbosos en lo referente a su sentido del humor. Es importante que los jugadores comprendan el trabajo de sus personajes, casi tanto como que se lo pasen bien interpretándolos. Piensa en la Canción Triste de Hill Street o incluso en MASH, y tendrás una idea de lo que es la vida para los Shih. Es importante que tú como Narrador, comprendas esta extraña relación entre los Shih y los shen. tu trabajo es enseñarle esa lección a los jugadores. Las amenazas y la violencia gratuita no son el mejor modo de comportarse para un guerrero Shih, ya que garantizan una carrera muy corta en un trabajo en el que todas las apuestas ya están en contra.
Shih Solitarios
Los Shih no suelen ir en grupos. Son figuras solitarias que normalmente vagan por el Reino Medio haciendo lo que consideran su deber sagrado, lo que complica la realización de una crónica con varios jugadores. Siempre es posible que algunos jugadores decidan unirse y vivir aventuras con un grupo de guerreros, y llegaremos a eso más tarde. De momento, nos concentraremos en los solitarios.
Desarrollar una crónica para un solo personaje es todo un reto, pero tiene sus ventajas. Como Narrador, serás el responsable de todas las interacciones, y no tendrás a más jugadores añadiendo variables al conjunto. ¿Opera el Shih en una sola zona? ¿Se mueve de un lado a otro? ¿Con cuánta gente se relaciona? Todo depende de ti, pero si respondes a las preguntas del modo equivocado es posible que termines con una crónica muy corta. Las luchas están bien (en los juegos, claro está), pero pueden aburrir rápidamente.
Piensa en muchísimas series (El Hombre de los Seis Millones de Dólares, El Increíble Hulk, El Cazador de la Noche o Expediente X) y comprobarás hasta qué punto la historia gira alrededor de la gente normal con la que se relacionan los protagonistas. Ni siquiera un cazador de demonios trata solo con monstruos. Es el juego entre el personaje del jugador y los del Narrador lo que hará interesante la historia. Puede que la crónica más sencilla sea la que emplea al Shih como una especie de Carl Kolchak (el protagonista de El Cazador de la Noche, una serie de los 70). Normalmente Kolchak operaba en una misma ciudad (Las Vegas en la primera película, Seattle en la segunda, El Estrangulador de la Noche, y Chicago para el resto de la serie). Estaba siempre a la busca de lo sobrenatural, y siempre terminaba encontrando al monstruo de la semana siguiendo las pistas que hallaba.
La idea anterior anima al Narrador a crear una serie de secundarios regulares para después concentrarse en la historia. Los problemas surgen cuando uno se queda sin monstruos originales y se cansa de intentar explicar por qué los bichos siempre acuden a la ciudad. Si la crónica se sitúa en Tokio o Hong Kong es más fácil buscar una explicación, por supuesto, pero este tipo de crónicas suelen caer en la rutina. Sin embargo, sirven para conceder al Shih una vida casi normal con amigos, amantes y rivales que mantengan al protagonista siempre en tensión.
Se puede ir un paso más allá y crear una crónica en la que el Shih sea el equivalente de la ley (la Ley Sobrenatural, claro) en una determinada zona. En esta situación en la que las reglas del juego están bien establecidas y el personaje desciende de una larga línea de guerreros, el protagonista podría trabajar para mantener la paz entre los shen del lugar. Se trata de un trabajo con dedicación exclusiva que empeora rápidamente cuando se añade una nueva facción a una guerra que ya lleva varios siglos en marcha. Este tipo de escenarios, igual que el de El Cazador de la Noche, pueden alterarse ligeramente y hacerse un poco más tenebrosos añadiendo un catalizador. En Buffy la Cazavampiros, el pueblo de Sunnydale se encuentra en una zona en la que las entidades sobrenaturales acuden como polillas a la llama. Se trata de un giro interesante que sirve para explicar todos los problemas que surgen cada semana en la serie.
En Estirpe de Oriente ya se menciona algo similar: los Nidos de Dragón. Los Kuei-jin prefieren estar cerca de estos puntos débiles y los hengeyokai también los necesitan, y puedes apostar a que a ninguno de ellos les gustará que el otro invada lo que cree su propiedad. Si añades otros tipos de shen conseguirás una situación que puede volar en pedazos al menor problema. No le expliques al Shih porqué tantos monstruos están interesados en el territorio que protege y dispondrás de un misterio de fondo que puede añadir mucho sabor a la situación. Aunque el guerrero descubra cuál es el problema, tendrá que averiguar dónde está el Nido y qué puede hacer al respecto.
La otra alternativa principal para una crónica en solitario es la del renegado o el vagabundo. El Increíble Hulk, Los Inmortales, El Fénix, Starman, El Fugitivo y muchísimas otras series han empleado el concepto de la figura solitaria o del pequeño grupo que escapa de algo o que vaga en busca de algo. Podría huir de una agencia de la ley equivocada que trata de dar con él por un crimen que no ha cometido, o de un jefe criminal que ha decidido que es el momento de la venganza. Si el perseguidor es un culto de adoradores de los demonios con sed de sangre, o que necesita algo que solo el personaje tiene, podrás encajar fácilmente el concepto del Reino Medio.
Puede que la familia del personaje haya muerto y que esto le decidiera a convertirse en Shih. Añade a un hijo, hija, amante o esposa que aparezca más tarde y tendrás una búsqueda. ¿Huye el familiar voluntariamente del personaje? ¿Está poseído por un demonio? Si es así, ¿existe la posibilidad de dar con la cura? Quizá el protagonista busque a un antiguo shen responsable de la muerte de los suyos. El demonio en cuestión podría ser muy influyente y disfrutar del juego del gato y el ratón, o puede que lo único que tema en el mundo sea el arma del Shih. Las variaciones son infinitas.
El problema natural de este concepto es que el Narrador deberá crear un gran número de personajes y localizaciones para cada aventura, aunque pueden surgir interacciones interesantes. ¿Recuerdas a aquel hombre lobo con una cicatriz en lo que debería ser su ojo izquierdo? Sí, ese que cortaste en pedazos... ¡Pues felicidades! ¡Te acaba de encontrar y se ha traído algunos amigos! Si eres rápido y tienes suerte podrías unirte a ese misterioso monje que te debía una por salvarle la vida. ¿Llegarás antes de que cara cortada dé contigo?
Crónica Para Varios Jugadores
Los Shih son solitarios por naturaleza. No porque no les guste la gente (aunque los años convierten a muchos de ellos en parias antisociales), sino porque necesitan estar alerta y defenderse. Casi todos los Shih comprenden el desastre potencial que representa tener un amante, por no hablar de una familia... Los demonios suelen buscar las grietas en la armadura de sus enemigos, y un ser querido es un boquete enorme. Es muy difícil pensar en cómo derrotar a un monstruo capaz de levantar un camión cuando en su garra tiene cogido por el cuello a tu novia.
Sin embargo, el Reino Medio puede ser un lugar muy solitario cuando la única posibilidad de tener una conversación decente proviene de los demonios a los que hay que mantener a raya. Por este motivo, a pesar de sus costumbres, tiene sentido que varios Shih decidieran reunirse. El problema de estos grupos es que los Shih son duros. Eso significa que los monstruos serán más peligrosos o más numerosos, a lección del Narrador.
Estas crónicas sufren las mismas debilidades que las de FA0: es difícil pasar desapercibido cuando reúnes un grupo y dejas una senda de destrucción a tu paso. El monstruo que has matado podría ser la madre de alguien, y ese alguien podría tener alguna influencia. Es difícil demostrar que la vieja Mi Chang, que apenas superaba el metro y medio, era también esa inmensa criatura peluda que se comió a cinco lugareños, especialmente cuando era amable con todo el mundo y su hijo es el alcalde. Éste podría saber la verdad, pero no es muy probable que lo admita hasta después de vengarse de aquellos que acabaron con su querida mamá. Un personaje solitario enfrentado a los efectos de la caza de demonios podría desaparecer en la noche y no volver a ser visto, pero los grupos suelen ser más lentos y cuidan los unos de los otros cuando las cosas se ponen complicadas.
Los grupos de Shih tienen las mismas dificultades que los guerreros solitarios, pero los problemas se multiplican. ¿Buscan a uno de ellos por asesinato? Pues ahora los demás son sus cómplices. ¿Uno de los Shih enfadó hace años a uno de los Reyes Yama, que ahora quiere venganza? El problema se contagiará a los otros. También está la dificultad de conseguir comida y alojamiento para cinco, en lugar de uno. Incluso algunas zonas de las ciudades podrían ser peligrosas. Un personaje oscuro y siniestro que llegue a los barrios bajos de Okinawa podría pasar desapercibido, pero cinco llamarán la atención. También está el peor escenario posible, en el que uno de los Shih haya congeniado con un shen aparentemente agradable que resulte haber matado a la mujer y a los hijos de otro.
Posiblemente el mayor problema, al menos en los referente a los personajes, es que al unirse a los grupos los Shih pierden parte del respeto obtenido a lo largo de los años. Un mortal solitario cumpliendo con su deber merece todo el respeto de los demonios. Por el contrario, una banda de humanos recuerda a una pandilla de matones. Es fácil exigir a un shen que siga las reglas cuando se tiene la ventaja numérica. Puede parecer que no hay mucha diferencia, pero los monstruos lo tomarán como un signo de debilidad. Como se dice en el ejército: "El respeto no se gana con los galones".
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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