Tratar con lo sobrenatural tiene sus riesgos, y los Shih lo saben mejor que nadie. Aparte de los peligros físicos (los golpes que pueden convertir al guerrero en una pulpa irrecuperable, además de la muerte claro), la caza de demonios presenta riesgos mentales y emocionales evidentes.
Casi todos los Shih comienzan su carrera con visiones de shen aplastados y borrados del Reino Medio, pero antes o después terminan sufriendo la inevitable decepción. Hay demasiadas criaturas como para destruirlas a todas por muy motivado que se esté, lo que deja una clara huella psíquica. A pesar del entrenamiento que soportan para defenderse del Delirio, el Manto, las Brumas y otros "trucos mentales" shen, los efectos a largo plazo de la exposición constante a los demonios acaba pasando factura. Ser adiestrado para ver el mundo como es en realidad tiene su precio, y para muchos Shih consiste en parte de su humanidad.
A pesar de la leyenda de Yi, al Arquero Excelente, los Shih no suelen ser tan honorables como su fundador. La amargura, incluso el odio, nubla sus pensamientos. Sacrifican gran parte de su vida humana para luchar contra los demonios, y a cambio no reciben nada. No hay recompensa física para sus esfuerzos (salvo el dinero que puedan robar a los muertos), y los constantes enfrentamientos les hacen envejecer prematuramente. No es raro que un Shih de menos de treinta años aparente el doble de su edad. Físicamente será capaz de lograr increíbles proezas, pero es muy probable que el deterioro llegue muy pronto.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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