Preparación Física de los Shih

Las pruebas físicas de los Shih son casi tan brutales como las que ya han tenido que soportar mentalmente. Para ellos, aprender el arte de la guerra no es saber cómo evitar las pelas, sino cómo sobrevivir a las que se avecinan con toda seguridad. Los discípulos son endurecidos y templados como el acero de una espada desde el comienzo de la instrucción. El programa diario incluye correr varios kilómetros, escalar todo tipo de superficies y aprender a resistir el más terrible castigos. El cuerpo de los Shih es un pergamino de cicatrices, callos y costra, y en ello tiene mucho que ver su adiestramiento.

Cuando entrenan para la batalla los cazadores siguen los métodos milenarios de los antiguos sacerdotes Shaolin. En vez de golpear al aire con sus aptadas y puñetazos, lo hacen sobre árboles y rocas, rasgándose la piel una y otra vez hasta que al final se endurece. Al practicar con armas, emplean sustitutos de madera dura y filos romos con el mismo motivo. Los maestros comprenden la necesidad de este sufrimiento, pues saben que los shen harán cosas mucho peores si se les da la oportunidad.

Muchos de los discípulos no son capaces de soportar estos métodos brutales, por lo que son descartados al no ser útiles para los Shih. La debilidad en la instrucción es sinónimo de una horrible muerte más tarde. En los casos en los que se rechaza a un pupilo, los maestros suelen sentir la obligación de buscar y destruir a los demonios responsables de la muerte de los seres queridos del joven. De este modo se mantiene el juramento realizado y el Shih abandona todo posible sentimiento de responsabilidad.

Por supuesto, muchos de estos pupilos son niños, para los que nunca existe la sencilla opción de marcharse. Los jóvenes protegidos por los Shih crecen con las realidades del mundo sobrenatural siempre presentes. Algunos maestros consideran peligroso tomarlos como alumnos porque las lecciones suelen ser crueles y brutales, poniendo en peligro la psique torturada del aspirante a guerrero.

La edad del estudiante no suele tener repercusión alguna sobre el tipo de entrenamiento. Aunque no se puede esperar de un niño que compita físicamente con un adulto, la intensidad de la instrucción es idéntica: se usan los mismos métodos para un niño de 10 años que para un joven de 16. Por tanto, los pequeños adiestrados en las artes de combate Shih son tan peligrosos como sus contrapartidas adultas, estando además mejor preparados para resistir las peores situaciones. Sus mentes aún no han intentado rechazar la idea de las entidades sobrenaturales, ya que tienen una mayor capacidad para creer (lo que les da poder). Además, el cuerpo de los jóvenes Shih está mejor adaptado para los rigores del entrenamiento extremo, por lo que crecen más fuertes y rápidos.

Los problemas se encuentran en el plano emocional. Los niños entrenados como guerreros Shih pasan sus años de formación con un maestro severo y rodeados por lo sobrenatural, alcanzando a veces un fanatismo rayado en la psicosis. ¡¿Por qué detenerse con los shen?! Un depredador humano es igual de peligroso si se le deja, por lo que también deberían ser detenidos. Para aquellos acostumbrados a seguir peleando después de haber sido machacados por un hombre lobo, las balas no representan una gran amenaza. Por tanto, las enseñanzas Shih hacen hincapié en la precaución a la hora de instruir a los jóvenes. Los cazadores se aseguran de que ciertos pupilos comprenden que el juicio de los mortales no es su principal responsabilidad. En las pocas ocasiones en las que no se aprenden estas lecciones, los Shih se hacen cargo del asunto ocultando los cadáveres donde no sean fáciles de encontrar.

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