Parte 02: Intento de Asesinato

Hacia el final de la guerra, Okamoto fue asignado para eliminar a un agente doble en Nagasaki. El traidor, Usaka Masahito, había enviado información a los americanos que supuestamente ponía en peligro a todo el país. Se alojaba en un hotel importante, y el emperador le había sentenciado a muerte.

Geichin esperó pacientemente en la habitación de su victima, silencioso como una sombra y apenas respirando. Masahito iba a saber el motivo de su muerte, ya que el asesino debía comunicárselo. Sin embargo, al parecer había más gente con ganas de ver muerto a Masahito. Tras varias horas la paciencia del ninja fue recompensada cuando el hombre regresó para dormir. Sin embargo, con él iba una mujer de exquisita belleza vestida con las ropas tradicionales de las concubinas. Okamoto esperó diligentemente mientras los dos se desnudaban y hacían el amor. Cuando terminaron, la mujer comenzó a hacerle algunas preguntas a Masahito, tanteándole sutilmente hasta que el hombre comenzó a presumir cómo había destruido Japón. Habló de las riquezas que iba a recibir y del cargo que ocuparía cuando los Aliados gobernaran el país, mientras la mujer escuchaba atenta.

Okamoto estaba preparado para hacer su movimiento contra el traidor, matándolo mientras dejaba mirar a la mujer, pero entonces sintió en su cabeza la voz de aquella encantadora criatura. "Aún no", le susurró. "Aún no he terminado de jugar con él. Actúa demasiado pronto, pequeño asesino, y te haré sufrir". Por mucho que lo intentara, el cuerpo de Okamoto no le respondía. Estaba completamente congelado, como una mosca en el ámbar.

Incapaz de hacer otra cosa que observar, vio cómo la mujer se descubría ante su víctima. Su cuerpo era el mismo, seductor y tentador, pero el rostro cambió. Los colores fluyeron sobre la piel y comenzaron a aparecer manchas rojas, recordando a un actor Kabuki. Sus largas trenzas negras flotaron en el aire frío y adoptaron un color amarillo pálido. Los ojos eran lo más extraño de todo, ya que ardían como dos carbones. Okamoto estaba aterrorizado, ya que nunca había presenciado una transformación tan extraña. Supo inmediatamente que estaba en presencia de un hsien, el pueblo-espíritu.

Paralizado, vio cómo la extraña criatura incineraba a Masahito. El hombre no dejaba de gritar, pero su voz parecía extrañamente apagada. Incapaz de apartar la mirada, Okamoto memorizó cada detalle de la ejecución. Estudió a la hsien, registrando en su memoria el poder de su presencia.

Todo lo que quedó de Usaka Masahito fue una pila de cenizas sobre una cama intacta, a pesar del fuego. La hsien, terminado su trabajo, se volvió hacia Okamoto. Se movió lentamente y se acercaba como haría con un animal enjaulado. Al final se detuvo y lo miró durante un largo rato hasta que tocó el cuerpo sudoroso del ninja con su mano cálida. Sonrió. "Merecía morir. Traicionó a nuestros país y a nuestra gente". Cuando volvió a hablar lo hizo en voz alta. "No quiero hacerte daño, joven asesino. Voy a marcharme, y si eres listo harás lo mismo. Los verdaderos fuegos llegarán pronto, y ni tú ni yo podremos detenerlos".

La criatura se alejó de él mientras su cuerpo brillaba con el fulgor de un pequeño sol. Salió volando por la ventana del hotel como una esfera luminiscente y ascendió hacia los cielos más rápidamente de lo que podría llevarla ningún viento.

Okamoto recuperó el control de su cuerpo, así que reunió las cenizas del muerto y huyó en la noche. 48 horas más tarde regresó a Tokio, donde informó a su jonin de todo lo que había visto. Días después, Nagasaki e Hiroshima fueron incineradas en un infierno nuclear.

0 comments:

Publicar un comentario

LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."