Solo eres una persona ordinaria que se ha visto metida de pronto en circunstancias muy poco ordinarias. No sabes muy bien lo que debes hacer, respecto a ti mismo o al mundo que acabas de descubrir, así que no hablemos de armas y vehículo. Todos los cazadores se encuentran faltos de recursos en uno u otro momento. Puede que esa sea la razón por la que los Heraldos les conceden sus habilidades especiales. Pero tampoco puedes confiar siempre en tus dones; pocos cazadores parecen capacitados para hacerlo, ni siquiera con todos los trucos que se guardan en la manga. Sin embargo, los exaltados cuentan con un arma de la que nunca deben prescindir: la imaginación. ¿No tienes lo que necesitas? Improvisa.
La primera regla de la improvisación es: nada es sagrado. Combates a monstruos del infierno para salvar las vidas de todos aquellos a los que conoces. ¡La propiedad, los recuerdos y a menudo incluso la ley no significan una mierda! El latrocinio no es un delito cuando se comete en previsión de una ofensa a la naturaleza. Una antigüedad de un valor incalculable o una reliquia de familia no valen la vida de un cazador. Utiliza todo aquello que tengas a mano; no vaciles en romper, robar o destruir algo cuando la situación lo requiera. El truco consiste en asegurarse de que el acto está en proporción con la necesidad. No destruyas hogares ni sacrifiques vidas. Aparte de esto, cuando estés en el punto de mira, casi todo vale.
La segunda regla: no pienses de forma unilateral. El atizador de una chimenea puede ser un arma decente, pero también puede utilizarse para atrancar una puerta, romper una ventana y limpiar los cristales del marco, o atraer un objeto que se encuentra fuera de tu alcance. Una tubería o un tablón no pueden utilizarse sólo como porras, sino que pueden permitirte mantener a raya a unos gorilas. No pienses en términos de las herramientas que necesitas. Piensa sobre lo que pretendes hacer y entonces echa un vistazo a tu alrededor y mira lo que puedes encontrar para hacerlo.
Un cazador inteligente no se limitará al uso para el que los objetos están concebidos. Cuentas con herramientas, pero no siempre las más apropiadas. Si necesitas llamar la atención, puedes conseguirlo con una pistola, sin tener que hacer daño a nadie. Cuando necesitas descender por un agujero del suelo, puedes utilizar tu gabardina como "cuerda". Debes idear tus propios usos para cada objeto. Hacerlo podría salvarte la vida.
La tercera regla: aprende. Un truco puede funcionar más de una vez. Si adviertes que una clase de enemigos recurre siempre a los mismos trucos, idea las respuestas apropiadas. Si una herramienta resulta útil para fines completamente inesperados, sigue utilizándola. Puedes también aprender de tus aliados. Otros cazadores poseen trucos propios que todos podéis utilizar. Simplemente confía en que el enemigo no los descubra.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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