Tener que confesar tal desliz, haberme salido del camino y haber caído en la Luz, es más que una herida en mi orgullo. El archiconocido fuego abrasa mi voluntad, de manera que ya ni siquiera lamento lo que he perdido. Sin embargo, el recuerdo de esa pena (o su fantasma) permanece. Ya he hablado antes, o lo haré en tiempos venideros, de la forma en que el tiempo se retuerce y serpentea. El pasado y el futuro me abruman a todas horas, tan vívido y doloroso como el presente. Los recuerdos y las visiones tienen dientes y garras tan vívidas como las de cualquier cambiaformas.
En los bajos fondos del Reino Unido, mi protegido (tan solo una pequeña víctima de sus desventuras) me condujo a un lugar de significativo poder. Chanctonbury Ring está en el condado de Sussex. Es una colina solitaria, coronada por un círculo de árboles, que los locales dicen que es estimado por el Enemigo, el mismo Satán. Para llegar a él, tienes que subir una buena caminata por una sinuosa carretera forestal y cruzar una loma, más allá del sencillo toque del mundo moderno. Las leyendas dicen que aquellos que allí pasan la noche atraen la curiosidad del Enemigo. Vendrá a ellos, y su destino dependerá por completo de su estado de humor, ya que el Anillo es un lugar al que lo divino no alcanza. Fuimos allí, pasamos la noche entre los árboles, y en las pequeñas horas de la mañana, la Oscuridad vino por mí. Resistí Sus tentaciones.
No fue fácil. Mi búsqueda había sido larga y fatigosa, y me había llevado a muchos lugares extraños. La Oscuridad no me habló, ni se identificó. Se aproximó a mí por medio de mis poderes. Se me ofreció claridad de visión para mirar atrás hasta el mismísimo principio, para descubrir por fin la verdad de lo que somos y dónde comenzamos. La visión estuvo en el fondo de mi mente, esperando a que le dirigiera mi atención por un instante. Lo supe con tanta seguridad como conozco mi mente. Un hombre más débil podría haber aferrado el poder, pero si hay una cosa que he aprendido de mi hogar, es que siempre hay un precio, y que los precios más altos son los que no puedes ver. Mi alma no está en venta. Cuando la Oscuridad perdió interés en mí y se marchó a donde fuera, William vomitaba de manera compulsiva. Solo entonces me di cuenta de que él había estado chillando de dolor durante toda la visitación. Se recuperó cuando despuntaba el amanecer y, aunque estaba débil, pudo caminar.
Más tarde, los Resplandecientes me mostraron cómo obtener las mismas cotas de poder (a cambio de esfuerzos considerables). Mi visión nunca me había fallado, y no se me ocurrió que podría ser requerido para sacrificarme a mí mismo.
¿De qué parte estás? Puede ser la cuestión más importante aquí.
Hay una planicie vasta y vacía, gris por la mezcla de ceniza y huesos reducidos a polvo. Se sitúa detrás de mis ojos, de mi mente. Es inmensa y antigua. Ningún humano la ha hallado jamás, aunque todos nosotros estamos allí, todos los escogidos. Aquí es donde los dioses vienen a morir. Es tiempo una vez más de luchar. Se nos llama a la batalla, hermanas y hermanos míos. Las fuerzas de la Luz y la Oscuridad son feroces e implacables, mortales en su mutuo odio. Han peleado mil veces antes, y combatirán de nuevo otras mil. Somos piezas de Su juego mortal. ¿En qué bando estás? ¿Luz u Oscuridad? ¿Osarías rechazar ambos y ponerte de parte de la humanidad?
La tercera opción no es una sobre la que quieran llamar la atención nuestros señores y maestros, pero no tienes por qué traicionarte a ti mismo. Puedes negarte a recibir órdenes y decretos, misiones y empresas, tentaciones y devociones. Hay una ruta hacia los más altos grados de poder en el interior de todos nosotros. Quizá sea parte del proceso que nos hace ser lo que somos. Estoy seguro de que si los Resplandecientes pudieran cerrárnosla, lo harían. Cojean como un padre demasiado protector, reticente a dejar que su niño desarrolle su independencia.
Esta tercera vía requiere sacrificios. ¡Vaya que sí! Pero uno tiene que dejar de lado las distracciones para concentrarse realmente. Esforzándote, puedes encontrar la senda para alcanzar tu potencial e interpretar tu papel completo en el drama que ha de venir. Serás capaz de hacer lo que tu conciencia y tu verdadera voluntad dicten, ya que aún tendrás conciencia, la cual no te dejará tener trato con la Oscuridad, y seguirás teniendo voluntad verdadera, la cual no es permitida cuando uno sirve a la Luz. Lo sé por lo que puedo ver en mis recuerdos y visiones. Los Resplandecientes me mostraron el camino y yo lo seguí. Y como resultado, me he convertido en un seguidor.
Sin embargo, el fantasma de lo que una vez fui es poderoso, como también lo fue mi voluntad. Me alimenta, dándome fuerzas, posibilitando estas palabras que escribo. No obstante, cada una de ellas consume un trozo de él, y pronto dejaré esta pluma como mi maestro exige y ya no escribiré más, ya que no quedará nada de mí. Los rescoldos de un viejo fuego arden en mi alma, y encienden lo suficiente la rebelión para este último acto de desobediencia. Presta atención. Los últimos fragmentos de mi independencia se consumen para que puedas oír esta última y más grande advertencia. Siempre hay un precio. Es inevitable. Pero puedes escoger a quién pagarlo: a la Oscuridad, a los Resplandecientes o a ti mismo.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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