Duermen, pensando que están a salvo. Pero lo que son es blandos. Vulnerables. Indefensos. Nada sino carne débil oculta bajo una fina coraza de paredes, puertas y cerraduras sencillas. Los evado. Me deslizo entre sus defensas. Penetro en sus fronteras como un virus. Les meto bien adentro mis toxinas en sus cuerpos, donde hagan más daño. Duermen, y examino los artefactos mundanos que hay puestos por su hogar como pensamientos descartados. Su basura descuidada me ofende. Una revista porno sellada con plástico. Un cuenco de cereales con incrustaciones de leche agria, rancia. Una otomana verde manchada de salsa marrón. Un vaso que huele a bourbon. Una polilla atrapada entre dos cristales de la ventana. ¿Por qué nadie pone estas cosas en el lugar adecuado? ¿Por qué soy siempre la única en hacer las cosas bien?
Pero esta no es mi preciosa casa. No es mi bonita vida. Ya no pertenezco a este lugar. He sido exiliada de la tierra del cuarto de estar. Si dejo de mirar a mi alrededor, me marchito y tengo que morderme el labio para recordar dónde estoy. Este es el mundo de otro. El hogar del feliz ignorante que no se da cuenta de que algo muerto y enterrado en cierta ocasión podría estar olfateando su basura y apretando la nariz contra la ventana.
No llevo calzado. Necesito silencio. Siento la pelusa de la alfombra a través de los calcetines, cosquilleando mis plantas como miles de diminutos dedos. ¿Dónde están mis zapatillas de ballet, las que llevaba cuando tenía ocho años? Yo quería ser bailarina de ballet pero mi madre decía que estaba gorda. Pero mírame ahora, caminando con tanto cuidado, con tanta precisión, bailando por el suelo de alguien. No quiero que la casa me oiga. Parece que me lleva una eternidad cruzar la sala, abriéndome paso entre los muebles baratos, rozando al pasar estanterías abarrotadas de chillones animales de porcelana.
En el vestíbulo delantero, el débil fulgor amarillo de las luces del porche se filtra a través de las cortinas. Esta gente. Dejan la luz del porche encendida toda la noche mientras su patio trasero es abandonado a la oscuridad. Tienen vallas altas alrededor para proteger su privacidad de los vecinos a los que nunca hablan ni visitan. Lo sé. He estado observando. Es probable que ni sepan los nombres de los otros. Quizá visite también a los vecinos. Hay un fuego en mi interior, y mientras siga ardiendo puedo estar despierta toda la noche. Nada puede tocarme. Entré por la puerta trasera. No tiene cerrojo de seguridad. Ni alarma. Sólo una cadena que saltó como el llanto de un bebé.
La alfombra continúa escaleras arriba, al igual que yo. Mi canción favorita resuena en un rincón de mi mente: Fa fa fa fa / fa fa fa fa fa... Soy una pesadilla que busca un sueño que estropear. A veces me siento como en un sueño, solo que es el de otro, no el mío. En la parte superior de las escaleras, me convierto en una estatua. Mis ojos se entrecierran, escucho, oigo. Leves sonidos de resuello (ronquidos) que vienen del dormitorio principal. Es difícil estar segura por encima del ruido quedo del aire acondicionado. Pero ese mismo sonido amortiguará cualquiera que yo pudiera hacer.
Oh, Dios, el pasillo. La alfombra está casi deshilachada, y se encuentra manchada de manchas pálidas. Parece que perteneciera a un motel. Las paredes están llenas de tablones y son horrorosas. Tengo náuseas. No quiero estar aquí. Esta fea subdivisión prefabricada no es mía. Quisiera estar en mi propia casa, pero aquella casa ya no existe, y la gente que vivía allí se ha ido, incluida la persona que solía pensar que era yo.
Susurros a través del césped. Una mano en la oscuridad. El aroma del tabaco. Me lleva solo estas imágenes volver al asunto que tengo entre manos.
Al fin, llego a la habitación de los niños. Está al final del pasillo. Lo sé por mi vigilancia sobre la casa, por el escudriñamiento con binoculares a través de las ventanas y los bosquejos de planos realizados en la base de una caja de pizza. Cuando rememoro el mapa, puedo oler el queso.
La puerta está entreabierta. Apenas necesito moverla. Me deslizo en la habitación como un fantasma. La niña pequeña está durmiendo. Ponis y flores sonrientes se persiguen los unos a los otros a lo largo de su edredón acolchado. Su mundo eternamente soleado sube y baja con su respiración. Me dirijo a la cama, me sitúo cerca, y puedo oler la pasta de dientes en su aliento. Sus mejillas parecen muy redondas y ruborosas, como caquis. Sus oídos son pequeñas conchas marinas. Quiero tocar su pelo, besar su cuello. Mamá está aquí, Amber. Pero no me hago falsas ilusiones. Sé que esta no es Amber. De verdad. Los juguetes y los animales de peluche están dispuestos alrededor de su cama como un círculo de discípulos. Una muñeca del tocador me mira, sus ojos muertos brillando a la luz de la luna. Mis herramientas están en la mochila, guardadas con cuidado para que no hagan ruido. Me quito la mochila y empiezo mi sangriento trabajo.
Cuando acaba, cuando ya he dejado la casa, cuando ya he regresado a mi escondite del momento, cierro mis ojos y me imagino a la niña pequeña. Me pregunto cuál sería su nombre. Me pregunto quiénes serían sus amigos, cómo son sus profesores, qué dibujos animados miraba. Una cosa que no me pregunto es si alguna vez entenderá lo que he hecho por ella. Sé que no lo hará. Mañana será un día traumático. Quedará aterrorizada por el grito de sus padres cuando vean las letras rojas que he pintado en las paredes. No entenderán las implicaciones de la cerradura rota o las huellas de barro que dejé en el porche trasero. Pero sus padres captarán el mensaje. Cuando la policía se haya ido, pondrán buenas y fuertes cerraduras en las puertas. Hablarán de hacerse con un sistema de alarma o con un gran perro. Quedarán para hablar con los vecinos. La comunidad al completo se volverá cauta. Se volverán desconfiados ante los extraños. Vigilarán la espalda del otro. Cuidarán de sus hijos más de cerca.
Y la cosa real que ha estado acechando este vecindario decidirá marcharse sola e irse a cualquier otro lugar.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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