Despierta. Hierba. ¿Dónde estoy? ¿Tirada enfrente de la casa de Mary Ellen? ¿Viendo otra vez cómo se quema? No. La luz del día empaña mis ojos. Viento fresco. C se inclina sobre mí, llamándome para que despierte. Mis ojos se enfocan. Cielo gris. Valla.
—¿Estás bien? —me pregunta C. Pregunta estúpida. Me ofrece la mano. La ignoro y me pongo de pie. Aún estoy en la estación de Trinity. C me guiña un ojo.
—Ya tienes otro amigo muerto —le digo—. Un tipo crispado llamado P.
Asiente.
—El señor Franklin... El... el periódico. Dice —traga saliva— que hay otro niño desaparecido. Dos o tres pueblos más allá, en June.
Algo en el rabillo de mi ojo. Una figura oscura retorciéndose en la brisa. Miro hacia ella.
—No me preocupa —le contesto.
—Pero...
—No es mi problema —le digo—. Los niños desaparecen. Michael está muerto. "Facts are simple and facts are straight / Facts are lazy and facts are late". Mary Ellen se preocuparía, pero yo no. Estoy cerca del final. De algún tipo de final. Una delgada voluta de humo flota enfrente de mí. Un extremo se dirige de vuelta a la estación. El otro atraviesa la carretera y desaparece. ¿Hice yo la voluta? Parece improbable. Quizá fuera un don. O un soborno.
C está mirándose los pies.
—Me llegó otro mensaje esta mañana. Sobre ti. Decía...
—No me importa. No trabajo para las voces. Los Mensajeros. Como sea que los llames. Ya no. —Se acerca a mí, abriendo la boca para decir algo. Mi mano está alrededor de su cuello antes de poder detenerla—. Tú eres la criatura de ellos —le digo—. Quizá si te mato, pueda hacerles daño. —Eso sería justo. Satisfactorio. Mi mente está tranquila, pero mi cuerpo se agita de rabia. Casi no me doy ni cuenta cuando se atraganta, jadeando para respirar. Sus ojos se agrandan, se humedecen. No lucha. No levanta los brazos. Está tan lacio como una muñeca de trapo. Sería sencillo. Siento cómo mi mano se cierra, exprimiendo. Su cuello está caliente.
No es la misericordia la que me detiene. Ni la debilidad ni la falta de resolución. Es algo que no puedo nombrar. Alguna pieza de Mary Ellen que aún está dentro de mí, sin quemar, aún no.
—Por eso es por lo que tus maestros te escogieron como su portavoz —le digo al chico. Cae. Echo un vistazo al sol. Él tose y tiene arcadas, y se agarra la garganta. Todavía es temprano. La giganta ha sido herida de gravedad. No puede haber ido lejos. La encontraré. Y encontraré a los bebés de Mary Ellen. No porque los necesite. No porque me necesiten. Sino porque los "Mensajeros" no quieren que lo haga.
Mas, cuando los encuentre, ¿qué?
—Me voy a la ciudad —le digo a C—. No me sigas. —Y a continuación, alguna parte de mí añade—: Por favor, Calvin. Mantente alejado de mí.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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