Interpretación de Trastornos (Exaltados Extremistas)

Enfrentarse de manera correcta con la locura es uno de los aspectos más desafiantes de un juego de rol. Cuando se interpreta de manera convincente, la demencia puede añadir capas de profundidad, textura y emoción a una sesión. Por otra parte, un jugador puede utilizarla para exigir toda la atención del Narrador y reducir la partida a una farsa. Los trastornos juegan una parte fundamental en la vida de los personajes extremistas, y es importante saber cómo tratar su representación sin hacer descarrilar la partida.

Gran parte del reto reside en el hecho de que la mayoría de la gente no comprende en realidad lo que es la locura. Esto no es sorprendente. Por definición, la locura incluye procesos mentales defectuosos que son tan diferentes a los del resto de la población que interfieren con la vida diaria. Este es un concepto muy difícil de expresar en términos concretos, porque la condición desafía al pensamiento concreto. La aproximación más sencilla es, por tanto, caer en el capricho y la excentricidad.

No es difícil mencionar las peculiaridades y excentricidades de una demencia genuina. Las segundas tendencias son divertidas, llamativas o triviales, mientras que los verdaderos trastornos arruinan la vida de tu personaje. Alguien que viste solo de amarillo es peculiar. Un cazador que lleva un pez disecado con él todo el tiempo, e insiste en que tenga un asiento en las comidas, es excéntrico. La persona silenciosa en la esquina, que cree que su cuerpo es una marioneta que él controla, y que tiene que seguir cortándose los brazos y las piernas con una cuchilla para recordarse por qué siente dolor, está trastornada. Por norma general, si te ríes de una persona y le dices "estás loco", entonces no lo está. Solo se trata de un excéntrico. Si intentas mantenerte tan lejos como sea posible y le dices cosas tranquilizadoras como "está bien", está trastornado. La demencia nunca es divertida ni agradable, y consume tu existencia por completo.

Comprender los Trastornos

Hay varios grupos diferentes de defectos mental que pueden llevar a la locura. Estos grupos no son, necesariamente, trastornos en sí mismos, pero son diferentes razones o maneras en que los trastornos pueden surgir.

Un problema subyacente bastante común es la asociación por defecto. La víctima hace gala de una lógica retorcida, deducciones enrevesadas e irracionales asociaciones negativas. En otras palabras, se confunden o entrecruzan ciertos conceptos o derroteros del pensamiento. Esto puede manifestarse de maneras tan evidentes como la asociación del placer con el dolor y viceversa, o tan abstractas como la agrupación de objetos según su color en vez del tipo, de modo que un vehículo gris se correspondería antes con una acera que con un coche azul. La asociación por defecto puede desempeñar un papel en afecciones como el masoquismo, el trastorno disociativo, la automutilación, la disociación, la depresión, la sociopatía o la alucinación.

La disfunción conceptual se manifiesta en la ausencia de ideas o conceptos específicos. En otras palabras, la víctima es incapaz de retener una idea u objeto concreto, así como de volver a aprenderlo. Cualquier recuerdo y comprensión relacionada con ese objeto desaparece, y el afectado lo percibirá como otra cosa distinta. De este modo, la persona podría clasificar todos los animales (y sus especies, como las aves o los reptiles) en grupos sencillos como gatos o perros, por ejemplo. Donde el concepto ausente resulte más abstracto (una emoción o una fase del proceso racional) las consecuencias serán más difíciles de predecir, pudiendo variar así desde las tendencias psicóticas a la depresión.

El aislamiento emocional guarda similitudes con la disfunción conceptual. Quienes padecen este problema podrían ser incapaces de sentir emoción alguna, comprender determinadas emociones, o aceptar incluso la posibilidad de que los demás alberguen algo llamado emociones. En los casos más críticos, los afectados podrían verse incapaces de comprender que el maltrato a los demás, aun el asesinato, es lo opuesto al trato cordial. Otros sujetos podrían encontrar dificultades a la hora de relacionarse con su entorno debido a su imposibilidad para percibir (o sentir) la ira, la amistad, el cariño u otras emociones. Estas tendencias pueden fomentar la aparición de sociopatías, arrebatos psicóticos, paranoias, depresiones y episodios de fuga catatónica.

Otro problema lo constituye la alucinación compulsiva, un trastorno que te impulsa a saber algo a ciencia cierta, intelectualmente hablando, aunque sinceramente creas lo contrario. Un caso típico sería el de la persona que mira una lámpara. Ve una lámpara, sabe que es una lámpara, y aun así está convencido de que se trata de una persona al acecho... y actúa en consecuencia. La víctima sabe que las cosas que cree son flagrantemente falsas, pero se ve incapaz de actuar en contra de sus sentimientos, por lo que la experiencia resulta sumamente perturbadora. El afectado siente por lo general que no puede fiarse de sí mismo, o puede que crea ser un mero observador pasivo de su propia vida. Podría llegar a desarrollar rituales de comportamiento que le permitan desempeñar sus quehaceres diarios con independencia de lo que crea ver. Esta condición general puede desembocar en paranoias, depresiones, trastornos obsesivo-compulsivos, alucinaciones y distintas fobias.

Por último, la alucinación crónica se relaciona con alucinaciones que el afectado es incapaz de distinguir de la realidad. Dichas alucinaciones pueden ir desde meras ilusiones que impliquen un solo sentido (como percibir el olor del pan recién cocido) a modificaciones de la realidad en las que se puede llegar a pensar que todo el mundo viste la misma camiseta roja, pasando por alucinaciones que impliquen los cinco sentidos y aíslen definitivamente la realidad, caso de convencerse uno de haber regresado al hogar de su infancia y volver a tener seis años. Las alucinaciones pueden ser ocasionales, intermitentes o continuadas, y los casos más graves podrían culminar con el afectado confinado permanentemente por su propio bien. Este tipo de trastornos pueden inducir paranoia, esquizofrenia, depresión y fuga.

Interpretar los Trastornos

Son varios los pasos que puedes dar para conseguir que interpretar a un personaje trastornado resulte una experiencia gratificante para todos. Recuerda en todo momento, no obstante, que la interpretación es una experiencia social. La forma en que te comportes como jugador influye en la manera en que comprenden a tu personaje los demás jugadores. Evidentemente, el método más tradicional de representar los retos de tu personaje recurre a sus palabras y acciones: la interpretación.

Es asimismo posible aumentar la comprensión de la condición de tu personaje por parte de todos siendo fiel a él tanto dentro como fuera del personaje. Podrías representar constantemente una versión atenuada e inofensiva de sus trastornos entre sesión y sesión de juego, ya sea manteniéndote apartado de la mesa o comportándote de forma precipitada o altanera. Por cierto, puedes asumir los trastornos de tu personaje hasta cierto punto nada más cruzar la puerta para jugar. Has de saber qué enfoque se ajusta a tus necesidades sin incomodar a tus compañeros de juego.

A fin de jugar con un personaje trastornado debes determinar cómo opera su cerebro y de qué manera se refleja en su conducta. Una forma de decidirlo consiste en apuntar qué clase de objetos o situaciones podrían detonar una respuesta inusual por parte de tu personaje. Si este padece paranoia, podría mostrarse temeroso o desconfiado delante de desconocidos. Si un compañero cazador actúa de forma extraña cerca de tu personaje, este podría ponerse nervioso. Si ha tenido alguna experiencia con personas poseídas por fantasmas, podría emplear su segunda visión cada vez que un amigo haga algo desconcertante o impropio de él, solo para cerciorarse. Piensa en las distintas maneras en que podría reaccionar inusualmente tu personaje frente a sucesos corrientes, y elabora una lista. Luego, si tu personaje se topa con alguna de dichas situaciones, sabrás que le toca comportarse de forma extravagante.

Con mucho, lo más importante que debes recordar a la hora de jugar con un personaje trastornado es que no puedes dominar la partida. Los trastornos de un personaje pueden convertirse fácilmente en una bola de nieve que termine por influir en todos los aspectos de la partida, la concentren sobre él y termines siendo el único que hable. Quizá tú te diviertas, pero para el resto del grupo será una experiencia frustrante y aburrida. Para que la partida llegue a buen puerto, deberán estar implicados todos los jugadores, y quien juegue con un personaje exigente seguirá debiendo compartir el foco de atención.

Ser considerado con los demás jugadores no equivale a ser infiel a la conducta de tu personaje. No requiere más que un poco de sensatez por tu parte a la hora de jugar. Para el jugador con un personaje paranoico podría resultar sencillo montar un gran escándalo a la hora de ponerse nervioso cuando se le acerque cualquier compañero cazador. Podrías describir cómo se aparta tu personaje, cómo acusa y exige ser tranquilizado. Sin embargo, serías igual de fiel al trastorno si informas al Narrador de que tu personaje activa su segunda visión y sondea a todos los presentes. Este método resulta menos molesto. El auténtico paranoico querrá mantener en secreto sus movimientos. Si decidiera efectivamente que son enemigos y que su única escapatoria pasa por recurrir a la violencia, podría lanzar un ataque sorpresa.

De hecho, la discreta ejecución de una conducta impropia puede conseguir que los trastornos de tu personaje resulten más perturbadores para los demás jugadores. El histrionismo y la sobreactuación pronto dejan paso al ridículo. Un enfoque más sutil conseguirá que los demás jugadores se pregunten cuán irracional puede llegar a ser tu personaje.

La sutileza tiene además otras dos ventajas que contribuyen a maximizar la credibilidad de tu personaje:

Evitar la obvia manifestación de los trastornos garantiza que tu personaje no se convierta a marchas forzadas en un excéntrico o un bufón. Jugar con un bufón no tiene nada de malo, pero suelen encajar mal fuera de los ambientes cómicos. (El que tu personaje padezca un trastorno mental no implica automáticamente que deje de saber cómo vestirse ni que sea incapaz de resolver complejas fórmulas matemáticas de cabeza).

La mayoría de las personas con trastornos hacen todo cuanto está en su mano por minimizar sus problemas, incluido intentar evitar las situaciones susceptibles de desembocar en una pérdida de control o de poner de manifiesto su enfermedad. Si pueden resolver una situación sin que nadie se percate, tanto mejor. Hacer alarde de los trastornos es la forma más rápida de perder de vista el quid de la cuestión: que el problema es horrible y ha de evitarse a toda costa.

Interpretar Trastornos Específicos

Hay muchas enfermedades mentales por todos conocidas, aun cuando algunos conceptos erróneos impidan que las comprendamos del todo. En esta sección vamos a echar un vistazo a los trastornos más célebres, comentar los sentimientos que inspiran e indagar en la forma en que afectan al sujeto.

• Paranoia: No implica necesariamente que uno crea que existe una gigantesca conspiración contra él (esto queda reservado para la esquizofrenia paranoide). La raíz de la paranoia estriba en creer que se es el centro de una atención negativa. La gente que habla por la calle habla de ti. Si se ríen, se ríen de ti. Ese comentario de pasada era una indirecta ofensiva. Aun los buenos amigos podrían estar burlándose de ti aunque finjan estar preocupados por tu bien. Todo podría empezar con cierta inseguridad ocasional a la que no se presta mucha atención, aunque a la la larga terminará por resultar tan intensa que será insoportable. Esta condición puede volver a la víctima celosa, agresiva, propensa a la depresión o a la introversión. Sea cual sea su reacción, se sentirá desdichada y perseguida. Los personajes paranoicos podrían evitar los lugares públicos, reaccionar exageradamente a los murmullos o las alusiones, y sospechar siempre que la conducta de cualquier conocido se aparte de la normalidad.

• Esquizofrenia: Es un término que suele cubrir un amplio abanico de síntomas. En su forma básica, radica en una especie de conflicto irreconciliable en las emociones o deseos, y se manifiesta en forma de espejismos o alucinaciones esporádicas. Esta condición podría estar relacionada con bruscos cambios de humor, aislamiento e introversión. El personaje que aún mantenga el control podría mostrarse inseguro o dolido, temeroso de sufrir otro ataque, o puede que decidido a lograr un objetivo concreto mientras pueda. En pleno ataque, podría recuperar cierta confianza en sí mismo, aunque sus alucinaciones abren distintas puertas a resultados impredecibles.

• Depresión: Es una enfermedad muy tergiversada. Muchas personas creen que la depresión clínica es sinónimo de infelicidad. La auténtica depresión es la ausencia total de emociones o motivaciones poderosas. El sujeto deprimido no se enfada, se excita, se entristece, se alegra ni se ofende por nada. El mundo es un lugar gris y carente de sentido; nada merece la pena. Los afectados no suelen volverse violentos (¿para qué?) y podrían hacer lo que se les diga solo para que luego los dejen en paz. La depresión no vuelve infeliz a quienes la padecen porque la persona deprimida es incapaz de sentirse infeliz.

• Trastorno obsesivo-compulsivo: Surge cuando uno está desesperado por recuperar el control de su vida, ya sea porque padezca alucinaciones o se sienta impotente. Implica la ejecución de rituales concretos para sobrellevar la rutina diaria, rituales que podrían llegar a repetirse cada pocos minutos en caso de estrés. Las personas obsesivas son muy celosas de sus rituales y podrían ponerse nerviosas o violentas si creen que algo los amenaza. La víctima cree literalmente que sus rituales son lo único que impiden que su mente estalle en pedazos.

• Sociopatía: Es un desagradable trastorno que imposibilita la percepción de los demás como personas reales, así como la posesión de emociones o sensaciones genuinas. El sujeto sufre un aislamiento afectivo y hace gala de un egocentrismo desmesurado que le impide sentirse culpable aun cuando dispense a los demás un trato horrible. Sin embargo, no tienen por qué verse afectadas otras áreas de razonamiento, por lo que el sujeto aún podría saber que hacer daño al prójimo está penado. Esto impide que todos los sociópatas sean peligrosos. El término "psicópata" a menudo se aplica erróneamente a sociópatas violentos.

• Trastorno de múltiple personalidad: Se produce cuando un trauma obliga a la mente a refugiarse en una o más personalidades ficticias a modo de vía de escape. Cada vez que el núcleo de tu personalidad se sienta amenazado, las personalidades secundarias tomarán el mando hasta que se resuelva la situación detonante. La mayoría de estas personalidades secundarias son niños de entre cinco y ocho años de edad. Las demás son creaciones irreales, como personajes de los dibujos animados. Solo algunas serán adultas o agresivas. Hay algunas acciones específicas que podría asumir temporalmente una personalidad secundaria siempre que se manifieste, como trasponer una puerta automática. Las distintas personalidades del sujeto no conservan recuerdos de lo ocurrido durante su latencia, aunque a menudo son conscientes de la existencia de las demás y la situación suele resultarles incómoda.

• Fobias graves: Con frecuencia se subestiman las fobias graves. Tener fobia a algo no significa que lo encuentres repulsivo, desagradable o aterrador. Significa que hacer frente a ese algo te sume en un pánico central, que pensar o hablar de ello te torna agresivo o asustadizo, que harás lo que haga falta para evitar esa situación, que puedas sufrir un ataque de nervios o incluso sucumbir a fugas y períodos de catatonia. Algunos sujetos tienen asimismo miedo de lo que está relacionado con su fobia, como trepar por una cuerda en el caso de quienes tienen fobia a las alturas.

Consistencia del Personaje

Los trastornos no surgen porque sí. Como los terremotos, muchos se producen en fallas de la mente, fisuras en la personalidad. El daño cerebral físico y las enfermedades actúan de otro modo, evidentemente, y dependerán de la parte del cerebro que se vea afectada, pero casi todos los trastornos están vinculados a la personalidad y deberían amoldarse a la identidad de la víctima como una evolución progresiva de la misma.

Ni siquiera los trastornos derivados de un valor de virtud elevado surgen de la nada. Radican en la personalidad del personaje, y a menudo hacen un peligroso hincapié en alguna faceta secundaria de la personalidad. Si tu personaje llegara a adquirir algún trastorno, piensa en su personalidad. Busca cualidades o conductas dominantes que pudieran magnificarse hasta constituir un problema mental. De ese modo tu personaje conservará su identidad fundamental, solo que intensificada.

Muchas cualidades de la personalidad son fácilmente equiparables a trastornos:

La confianza o el liderazgo pueden desembocar en megalomanía.

La precaución o el retraimiento pueden trocarse en paranoia.

La organización o el control pueden desembocar en un desorden obsesivo-compulsivo.

El sufrimiento en múltiple personalidad.

La frustración en esquizofrenia.

El coraje o el entusiasmo en histeria.

El pesimismo en trastorno maníaco-depresivo.

La culpa o la ira contenida en fuga.

La rabia desatada en agresión psicótica.

La falta de empatía en sociopatía.

De no haber ninguna progresión de la identidad lógica para la condición de tu personaje, piensa en lo que le haya sucedido recientemente. Un suceso traumático específico podría producirle insomnio, paranoia, histeria o fobia. La paranoia puede brotar de cualquier traición o ataque sorpresa. La histeria podría ser el resultado de un roce con la muerte o la pérdida de un ser querido. Un reciente accidente de tráfico podría inspirar el temor a viajar en coche, del mismo modo que un violento tiroteo podría ser el germen del temor a los ruidos fuertes.

Las Virtudes de tu personaje también desempeñan su papel en los trastornos que desarrolle. Si es uno de los Misericordiosos, podría manifestar un trastorno relacionado con el retraimiento, como la paranoia, el aislamiento o la fobia. Si es adepto de la Visión, su condición de exaltado podría estar relacionada con el exceso de consideración, caso del trastorno maniaco-depresivo, el obsesivo-compulsivo o el insomnio. Si se trata de un Celote, su trastorno podría implicar una desviación de su ira, en forma de múltiple personalidad, fuga o sociopatía. Si tiene dos o tres Virtudes muy equilibradas, el conflicto generado por la tensión podría desembocar en esquizofrenia.

Al dedicar algo de tiempo a pensar en la forma en que evoluciona el trastorno de tu personaje, podrás asegurarte de que siga siendo interpretable y creíble sin necesidad de entregarte a complejas contorsiones interpretativas.

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."