Esposas. Son la clave, lo he decidido. He estado aquí sentada, preguntándome acerca de mi propósito, y pensando en cuando lo hice con el brujo. A veces el cuerpo no hace lo que quiere la mente. ¿Verdad? Sé que mi cuerpo me traicionará y que en algún momento querré huir y conseguir agua y comida y lo que sea, pero esa no es la razón de que esté aquí. Tengo que ser firme. Así que me esposo las piernas por los tobillos. Cojo la llave y la lanzo lejos. Rebota en unas cuantas piedras rojas y se va. Por un segundo, me pregunto para empezar por qué traje unas esposas. ¿Dónde las he conseguido? ¿A quién le importa? Están aquí y las necesito.
Voy a hacer esto. Soy algo especial. Algo que no se ha visto en mucho tiempo. Jesús podría haber sido lo que yo soy. Mahoma también. Y ese Profeta. Buda. Zaratustra. Toda la gente buena. Buenas personas que sabían que curar era ser curado. Que sabían que para entrar en el Reino de Todas las Cosas Buenas, nosotros mismos tenemos que ser buenos.
En el desierto, apuntando a la roca a mi espalda, hay dos ángeles. Querubines, cada uno de ellos como una vieja muñeca de porcelana desportillada, con las barbillas descansando sobre mangos de espadas. Estas están en llamas. Los ángeles se están susurrando el uno al otro cosas sobre las puertas del Jardín del Edén. Se están diciendo secretos, pero yo sé que no estoy preparada para escucharles. Cuando los días pasen, estaré lista. Seré introducida en sus secretos.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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