Gracias a los vagos que están fumando cigarrillos junto a la puerta trasera, descubro dónde está (y qué es) el Campamento de los Locos. Es como un poblado de chozas junto a una vieja vía de tren, a un paseo de la Casa de Marta Samson. Es donde van los vagabundos que no pueden ir al refugio. Hay un pequeño sendero que atraviesa el bosque ralo. Me como las naranjas mientras voy, limpiándome los dedos con la chaqueta. Me pregunto quién será. ¿Dictadora? ¿Hannibal? O me parecen del tipo de los que hacen trampas. Sí, hablaron un montón acerca de hacer grandes sacrificios, pero sospecho que ellos hacen los suyos desde algún lugar cómodo. Memphis puede acabar de okupa. Seguro que Testigo1 no. Ese jodido gallina de mierda debe estar en alguna parte, bien calentito, mandando mensajes acerca de cazar monstruos, mientras él caza el último Dorito de la bolsa.
El bosque termina y ya estoy en el Campamento de los Locos. El sol se ha puesto, y un cubo de basura incendiado ilumina la escena. Un par de vagabundos se acuclillan junto a él, quejándose y pasándose una botella. Puedo oler el vómito de licor de malta cuando me acerco. Sí, aquí es donde pertenecen los exaltados, eso fijo.
La mayor parte del lugar está cubierto de plástico y alquitrán, pero hay una tienda de campamento que no está cubierta por la mierda. Parece excedente de la guerra de Corea, pero es una tienda, está bien montada y en un lado tiene pintada con amarillo claro la etiqueta "desinteresado". Qué chiste.
Saliendo de ella hay un chico negro, y me lleva un segundo reconocer al gilipollas de Travis Miller.
El Jefe tenía razón. Esta va a ser buena.
Ahora mismo, me lo puedo cepillar. Está de cara al fuego, yo estoy en la oscuridad. No puede verme a menos que utilice un poder. ¿Y por qué iba a hacerlo? ¿Por qué malgastar el jugo de ángel? Puedo apuntar con esta preciosa arma de Nueva York y dispararle.
¿Por qué no lo has hecho ya?
—Oye, Travis.
Joder, ya estamos.
Él salta. Le he sobresaltado. Mira con atención a la penumbra, y entonces sus ojos se agrandan.
—¿John Coaler? —No suena rabioso ni asustado, ni nada. Solo sorprendido de veras.
—Qué pequeño es el mundo, ¿no?
—¿Cómo has acabado aquí?
—Oh, siempre me detengo junto al Campamento de los Locos cuando viajo por Ohio. —Le echo una mirada a los tipos que hay en la fogata. Parecen distraídos, discutiendo acerca de la última resaca con la boca llena. Podría asarle el culo a Travis justo enfrente de su tienda y no se darían cuenta.
Travis (el maldito Viajero72) se acerca más a mí. Tiene pinta de que le va mal. Está más delgado, pero su aspecto es lastimoso. Lleva una chaqueta del ejército y se sopla las manos para mantenerlas calientes, metiéndolas después en los bolsillos.
—Bueno —dice, acercándose un poco más—. ¿Qué has estado haciendo?
—Oh, lo típico. Matar como un loco. ¿Y tú?
John, ¿por qué no le das cera y te largas de aquí? Mira, hazlo ahora y te conseguiré una cantidad de jodido dinero.
Miller me dedica una mirada larga y lastimera. Finalmente, toma algún tipo de decisión.
—Sucedió en Pensilvania, ayudando a un chico y a su grupo. Todo fue mal. Ahora, me dirijo al sur. ¿Has oído hablar de Conductor300? ¿Henry Eames?
—Na. Quizá fuese después de que me echaran de la lista.
La frase no le recuerda nada. Idiota.
—Voy al sur para intentar reunirme con él y con Pedro. Vamos a intentar traer a su hermana de vuelta. Tiene algo de dinero...
—Cosa la cual necesitas.
—Tú también tienes pinta de necesitar que te echen una mano, John. A menos que tu Rolls-Royce esté aparcado en algún sitio que no veo.
Me río entre dientes. No puedo evitarlo. Había olvidado lo gracioso que puede ser el bastardo.
—Pedro es un buen tipo —digo, recordando—. ¿No tenía alguna movida gorda de colmillos?
Travis se queda callado por un instante.
—Cogieron a su familia —dice.
Mierda. Pedro era uno de los buenos. Tenía la cabeza sobre los hombros, al menos con respecto a algunas cosas.
—Es una puta pena.
—Creo que todos hemos sufrido nuestras pérdidas —me dice, y de la manera en que lo hace, me doy cuenta de repente de que lo siente por mí.
Ahora sí que me ha jodido. Antes de darme cuenta, el arma está en mi mano, la pistola de Nueva York con el silenciador compacto y la precisa mira láser situada sobre el cañón. Está en mi mano, y el punto rojo en el pecho de Miller.
¡Dispara! ¡Hazlo ahora!
Sin embargo, no lo hago, y en un momento él saca otra arma. Desenfunda rápido. No lo habría esperado de un vendedor ambulante.
—Tú no tienes ni idea de mis pérdidas, mamón. Hablaste mal de mí a toda la lista, y entonces vosotros, los gilipollas, me echasteis y me dejasteis en la estacada. Sabíais que era un hombre marcado, pero ninguno hicisteis una mierda. Nadie me ayudó. Estabais demasiado ocupados simpatizando con algún convicto no muerto, demasiado ocupados prestando una compasiva atención a los vampiros, a las brujas y a la puta gente muerta. ¿Y ahora crees que puedes abrir sin más los brazos y ser mi colega otra vez? Como no he sido ronzado por las criaturas a las que me abandonasteis... ¿todo está bien?
Bravo, John. Un discurso realmente bonito. Si esto fuera una película, ya te hubieran dado el puto Óscar.
Travis tan solo me dedica una mirada triste y dice:
—No sabía que hubiese sido tan malo para ti.
Más compasión.
—Demasiado poco, demasiado tarde, hijo de puta.
Me mira a los ojos y baja el brazo. Abre la mano y su pistola cae de sus dedos.
—No voy a pelear contigo, John. Haz tu elección.
¿Qué cojones...?
¡Mátale! Te está comiendo el coco. ¡Mátale ahora!
—¿No es esta la parte en la que dices "si mi disparas, solo me harás más poderoso"?
Travis se encoge de hombros.
—No. Si me disparas, muero. Eso es todo.
No puedo hacerlo. Mierda. No puedo disparar. Mi dedo no se moverá.
—Eh, ¿qué está haciendo?
¡PUM!
Miller cae.
¡Es uno de los condenados vagos! Se acercó tambaleándose para ver qué pasaba y... Cristo, me ha asustado, y he matado a Miller. Está corriendo hacia el bosque, pero está borracho y viejo, y no es difícil de coger. Me lo cargo, también. El otro vagabundo que había junto al fuego se ha desmayado, pero también debería pasarle por la escoba.
No. Quita el silenciador y la mira láser de la pistola, límpiala bien y ponla en su mano. Asegúrate de poner todas las huellas sobre ella, en el caso de que el tipo sea zurdo. Luego registra las cosas de Miller. Es probable que tenga dinero, quizá comida. Coge su arma.
Escucho y obedezco.
Y asegúrate de que le has rematado con otro disparo.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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