Hacía calor al mediodía. Mi frente parecía más caliente que el suelo. Empecé a preguntarme: ¿Por qué volví aquí? ¿Por qué volvería a un sitio como Collbran? Por el objetivo, me dije.
Mira, siendo lo que somos, vemos pequeños objetivos. Minúsculas metas por las que nos preocupamos con nuestros estúpidos pasitos de bebé. Esa era yo. Vagando por Century y otras ciudades locales, curando y perdonando, uno a uno. Los monstruos necesitaban mis palabras, y yo los bendecía lo mejor que podía.
Nunca pensé en volver al lugar del que procedía. En realidad, casi bloqueé el pensamiento en mi cabeza. ¿Por qué volver y pensar en ello? ¿Por qué levantar la costra? Pero mientras hacía más y más trabajos, acabé dándome cuenta de que a veces tenemos que levantar la costra para dejar que la infección se airee. A veces, la herida necesita ser lavada. Y aquí, en mi pasado, había una costra gigante, encostrada y rezumante. Estaba lista para unos buenos tirones. Después de todo, ¿no había decidido que teníamos que enfrentarnos a todo el dolor que se nos había hecho? Collbran era el único lugar donde se me había hecho daño de verdad. Y quizá no me había enfrentado a ello lo bastante (o nada en absoluto).
De modo que regresé. Vagué por la ciudad unos días. Me quedé en el Trébol de Cuatro Hojas, un viejo y mohoso motel que ha visto más días malos que buenos. La ciudad no era muy distinta de cuando había estado por última vez, hacía siete años. Parecía puesta en equilibrio al borde de un gran suspiro, preparada para exhalar su último aliento antes de morir. Todo el mundo tenía la misma mirada hechizada. Pisando en las grietas de la acera, con pinta de haber acabado de romper las espaldas de sus madres.
Luego, los Buenos Doctores me enseñaron el camino. Me mostraron los tubos invisibles de succión que los conectaban a todos. Extrayendo de ellos su bondad, alimentándose de los agujeros de sus almas. ¿Adónde iban los tubos? Tenía que descubrirlo, y seguí los mensajes como si fueran el proverbial rastro de miguitas de pan. ¿Qué encontré? Una roca con un diablo en su interior.
Y aquí estoy ahora. Esperando a que se me muestre el camino. Hay una ciudad llena de gente rota, una ciudad que me dio a luz, que me dio la vida, y que me violó a mí y a todo lo que tenía. Pero en realidad, eso era un regalo. Y ahora estoy aquí para devolver el regalo. Estoy aquí para la liberación.
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(
Atom
)
LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















0 comments:
Publicar un comentario