Tina tenía una vieja furgoneta cutre, pero es mejor una mierda que nada. Sus joyas eran bastante poco impresionantes. Unos 800 dólares en la casa de empeños local. De modo que ahora estoy forrado de dinero. El Jefe me dijo que era hora de dirigirse al norte, a Washington D.C. Es todo un viaje (diecisiete horas, más o menos). Hago seis por la tarde, y el resto al día siguiente. Ni siquiera me importa. Es relajante.
Esa noche, duermo en la parte trasera de la furgoneta. Cogí algunas almohadas de Tina, antes de llamar al loquero, y compré un buen saco de dormir en Target. Calentito. Incluso tiré la casa por la ventana y compré unas costillas a la barbacoa en Tennessee.
Tengo la visión activada ahora mismo, de modo que puedo pensar un poco. Espero que el Jefe no se dé cuenta. No me ha hablado mucho, y cuando lo ha hecho parecía otra vez estar fuera de sitio. No mal, pero... distraído. De modo que ahora me toca a mí pensar.
Krebbs barbotó un montón acerca de sus joyas. Dijo algo sobre un pendiente que le había protegido durante años. ¿Por qué solo uno? ¿No habría dicho "pendientes"?
También rememoré cuando estaba con... con ella, antes de separarme... ¿Cuándo empecé a oír al Jefe? Es difícil de recordar, pero creo que fue después de aquel robo con el collar de diamantes. Está todo muy confuso... no quiero recordar... pero sí. De hecho, creo que aquel puto collar me estaba tocando la primera vez que él habló.
De modo que hay alguna especie de conexión con la joyería. Y Krebbs ya se ha quedado sin su pendiente. ¿Quizá el enemigo este del Jefe lo haya robado o roto? Demonios, no puedo comprender esta mierda.
Bueno, al menos ya no estoy en esa condenada lista. Si siguiera mandando mensajes allí, tendría más porquerías y conjeturas de las que quisiera tener.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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