Parte 14: Destripador de Almas

John, todo lo que necesito que hagas es evitar que Miles muera hasta un poco después del ocaso. Ahora te llevará hasta el Smithsonian... ¡Miles, pisa el acelerador!

De nuevo, la interferencia... y Miles cruza un semáforo en rojo con su Bentley. Cláxones. Frenazos. Casi aplasta a un pobre mensajero en bicicleta.

Deja la pistola aquí. No te hará falta.

Aparcamos de forma ilegal y Miles resopla como un motor de vapor al atravesar la Alameda hasta la puerta. Le sigo con facilidad y no veo ningún problema en ponerme por delante de él.

Hay una mujer detrás de un mostrador. Parece algo alarmada por él cuando le jadea:

—Visitante... aquí... necesitamos una... tarjeta. —Se está poniendo pálido de verdad. Sus labios son casi azules. Me está apuntando.

—¿Qué tipo de...?

—¡Geólogo! —Se sobresalta, y en mi mente escucho un eco del jefe, diciéndole que me deje—. ¡Tengo que irme! —Se bambolea hacia las escaleras.

Le miro a ella y me encojo de hombros.

—Me reuniré con él en un minuto.

—¿Él se encuentra bien?

—Creo que necesita ir al tig... uh, al servicio.

Ella sonríe, parece avergonzada, y me pregunta mi nombre. En ese momento, el altavoz se enciende y una voz culta dice que el museo se cerrará en cinco minutos.

Quédate quieto, John. Creo que está viniendo por la puerta delantera.

¿Quién? ¿Activo la visión?

No necesitarás la visión.

Eso no suena prometedor.

Me quedo atrás, junto al mamut bajo la balconada, observando la puerta principal mientras la gente sale en fila. Me quito la chaqueta y me la cuelgo del brazo.

Mira, Jefe, si este tipo no se muestra, contará como...

Se mostrará.

"El museo está cerrado", dice el altavoz de nuevo. Debería estar relajado. Quiero decir, este lugar debe tener seguridad hasta en el yin-yang, y por una vez estoy en el bando bueno. Pero en vez de eso, me estoy poniendo más nervioso.

—Perdone, señor... —oigo de un guardia junto a las puertas.

Es él.

Es un tipo menudo, flaco, negro como la bola ocho e igual de calvo. ¿Cuánto tiempo más necesita Fiske?

Tan solo reténlo durante un minuto, John.

¿Esto cuenta como mi siguiente asesinato por ti?

Claro, si sobrevives.

El tío negro ignora por completo a los dos guardias de la puerta, y entra caminando entre ellos en el museo. No se preocupan demasiado. Uno le agarra del hombro, el otro busca algo en su cinturón.

¡Me cago en...!

No estoy seguro de lo que hizo el calvito (alguna mierda de esas de Bruce Lee), y de repente los dos guardias están en el suelo. Sostiene... ¡qué es lo que sostiene! Parece como un taco de billar con un cuchillo en el extremo, solo que... no está aquí en realidad... ha salido de ninguna parte, como una sombra.

Cuidado, John. Es una herramienta de liberación.

¿Un qué?

Sepárate antes de los cuerpos.

Está viniendo derecho hacia mí. Le arrojo mi chaqueta y embisto hacia mi izquierda.

¡John! ¡No dejes que pase!

—¡Atrás! —grito, y utilizo Devolver contra él.

Funciona a la perfección. Se le queda cara de sorpresa, y retrocede volando como si estuviera atado a un cable. ¿Es el ángulo...? ¡Sí! Justo en el maldito guardarropía.

Puedo sentir cómo comprueba la pared. Buena suerte. Solo necesito ponerme en algún sitio donde no pueda alcanzarme con un arma (detrás del mamut, quizá).

—¿Qué está pasando aquí?

Tres policías de alquiler más, bajando por las escaleras. Miran hacia los guardias caídos junto a la puerta principal.

—¡No lo sé! Un tipo le hizo algo a esos chicos, y ahora está en el... uh... ¡registrando chaquetas!

Se apiñan, murmuran, y se despliegan hacia la puerta tras la que está escondido el tipo. Hasta ahora, todo va bien. Él está atascado, y tiene que enfrentarse a ellos. ¿Cuánto más necesita Miles?

Tiene algún problema.

¡Mierda! ¡Está saliendo!

El tío negro sale del guardarropía y ha cambiado. Medirá más de dos metros, y está cubierto de sombras y de una especie de fuego rojo oscuro, como el de una hoguera que está a punto de apagarse. Reluce en los bordes, articulaciones y extremos de sus andrajosas y sombrías alas. Los guardias abren fuego y yo grito:

—¡Vassago!

Los tres pistoleros de goma son derribados para cuando yo me he transformado.

¡Tienes que distraerlo! ¡Detenlo, o simplemente volará hasta Miles y lo matará!

—¡Oye! ¡Estoy aquí, montón de jodida mierda! —No se me ocurre nada mejor, pero uso la facultad de atraer al ángel sobre él y al menos obtengo su atención.

Deja que hable con él.

—¡Usiel! ¡El más potente de los Verdugos y el más despreciable!

No sabía que el Jefe pudiera hablar a través de mi garganta. Eso detiene al sombrío monstruo. Parece contrariado, y me apunta con su guadaña.

—NUNCA FUI MALDECIDO CON TAL TÍTULO, DEMONIO. NUNCA ME ARRASTRÉ POR EL FANGO DE LA TRAICIÓN.

Está un poco más cerca.

—Y sin embargo, ya fuiste condenado. ¿Crees que puedes sobrevivir mucho, aplastado entre la rabia del Infierno y el desprecio del Cielo?

—¡DESTRUYÉNDOTE, HARÉ EL TRABAJO DEL CIELO!

Ya me sé las frases estas. Son la clase de mierda que dices antes de que empiecen los mamporros. Seguro de ello, embiste mientras balancea su palo, impulsándose con las alas. Pero estoy preparado. Él no es el único con alas.

No importa si es un palo de billar o una "herramienta de liberación", hay que acercarse para que no te alcance su recorrido. Consigo poner mis manos en el asta antes de que pueda cortarme. ¡Cristo, es como el hielo! Mis manos se paralizan nada más tocarlo.

Sus alas me rodean y me siento enfermo, mareado, débil, pero bajo una mano hacia la suya, donde está sujetando el mango. No utilizo las garras de diablo, empleo la marca del ángel.

—¡Arde, cabrón!

Grita (tanto de rabia como de dolor) y me empuja hacia atrás, fuerte. Puedo ver la marca penetrando en su mano. Es una que no había visto antes, y le atraviesa. Sus dedos, llamas y sombras, se rompen y caen al suelo.

Hace oscilar el palo con una mano y se agacha, pero siento cómo ese entumecimiento helado se desliza por mis alas, alas que en realidad no son mías...

... y por un momento, estoy de vuelta en el barco, la lluvia cellisqueando mientras las garras del lobo rasgan mi piernas.

¡Miles ya lo tiene! ¡Ha salido! ¡Huye, John!

—¡Atrás! —vuelvo a gritar, y de nuevo sale volando, aunque consigue ejecutar un mandoble final mientras sale despedido. Me recorre el pecho un escalofrío que me roba el aliento...

... y estoy con uno de los exaltados de Annabelle, a gatas y llorando de vergüenza, sollozando de júbilo. Él está detrás de mí con los colmillos en mi cuello. Está tomando demasiado. Siento que me muero y merece la pena...

Cuando miro hacia abajo, la sangre está congelada en los limpios bordes del tajo.

Retrocedo tambaleándome y me caigo sentado. Tengo que irme. Un golpe más de esa cosa y estoy muerto. Cojo mi chaqueta, me giro hacia la entrada y me voy a ella con dificultad. Hago un buen barrido con las alas para impulsarme antes de dejar que desaparezcan. Puedo ver luces brillantes en el exterior, y me pongo la chaqueta, escondiendo la espalda rasgada de mi camisa. Mi pecho está cubierto de sangre. Levanto las manos y grito:

—¡No disparen! —mientras me bamboleo ante veinte policías.

Mierda, ¿qué era esa cosa?

Eso era el Destripador de Almas.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."