Parte 17: La Salchicha

—Éramos nosotros dos, más Deke y Drifter —dice Steve.

Estoy con él y con el bajista de The Shakes, un chico llamado Robbie. Robbie aparenta unos quince. Steve vive en un apartamento reconvertido a partir del garaje de sus padres. Estamos bebiendo cerveza barata y pasándonos un canuto muy flojo. Les digo que mi nombre es Sean Bowler.

Suena como si hubieran tenido la típica experiencia de conversión. Vieron algo feo. Espantoso. Lo zurraron. La mitad de ellos murieron acabando con ello.

Steve va a adentrarse en los detalles acerca del amor. Le corto o algo así. He oído esa historia demasiadas veces. La he leído una y otra vez en Internet.

—Suerte que tenía una escopeta en la camioneta —dice.

—¿Cazas?

—Sí. Ciervos, faisanes, pavos salvajes... Ese tipo de cosas.

—Hombre, creo que podría con una salchicha de venado. Yo solía cazar esa mierda en el estado de Washington.

—¡Creo que tenemos alguna! Robbie, ve a ver si queda alguna salchicha de ciervo abajo en la nevera.

Robbie se queda mirando mi mano mientras cojo el porro que me pasa.

—¿Cómo perdiste el dedo? ¿Fue, o sea, un monstruo?

—Sí. —En realidad fue un anzuelo de pesca, pero no quiero contarles esa historia a Beavis y Butthead

—. ¿Robbie? ¿La salchicha? ¿Digamos, para hoy? —El chico echa a correr.

—Bueno, Sean. ¿Cómo es que estás en Cincinnati? —pregunta Steve. Estoy preparado.

—Estaba en Nueva York y acabé con una puta colmillo llamada Amy. Tenía una carta en su bolso de otra de aquí llamada Marisol Vlacek. —Conseguí el nombre por el jefe.

—¿Un... colmillo?

Cristo.

—Un vampiro, Steve. Sí, son reales.

Robbie vuelve con la salchicha y empieza a salivar mientras la cocino.

—Hombre, cuánto tiempo. Por lo general, no como carne.

—¿Eh? —Robbie me mira como si hubiera dicho: "Por lo general, no respiro aire".

—Desperté en Seattle, junto a algunos de mis colegas. Uno de ellos estaba trabajando en una planta de enlatado, destripando pescado. Localizó a una cosa muerta trabajando en la planta de congelado. ¡Un zombi muerto viviente podrido enlatando pescado! Quiero decir, ¿quién sabe lo que estaba rezumando sobre ello? Desde aquel momento, me he mantenido al margen de la comida procesada.

—Repugnante.

—Ajá. —Doy otra calada al canuto y toso. Puta hierba de mierda.

—No tenemos mucha acción por aquí —dice Steve. Parece nostálgico.

—¿Habéis mirado?

—¡Claro!

—¿Cómo?

—¡Cada vez que tocamos un concierto! Siempre nos aseguramos de comprobar al público.

Me río.

—Sí, porque los jodidos muertos malvados no tienen nada mejor que hacer que salir por bares de mala muerte para escuchar a grupos de garaje.

—¡Oye! Nosotros no...

—Mira, los vampiros quieren víctimas. Gente a la que no se eche de menos. No van a ir a un lugar cálido y amigable. Buscan perdedores, colgados, vagabundos. O los más gordos, las putas engreídas que creen que son demasiado buenas para esa mierda... van detrás de los que no tienen compromiso, de solteros. Los que se arrastran por las barras, artistas sin suerte o juerguistas nocturnos. ¿Sabes? Alguien a quien puedan coger, follar, chupar y tirar sin preocuparse de una esposa o de una madre que llame en ese momento a la policía. Alguien sin demasiados amigos. Alguien a quien poder echarle el anzuelo y tirar de él todo el rato.

John, se te quema la salchicha.

—Mierda. —La retiro del fuego y espero a que se enfríe. Aún está deliciosa.

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."