Parte 18: Colmillos

Parloteo con los paletos durante un rato, luego cojo una habitación de hotel y me voy a dormir. Me paso el día siguiente descansando, llamando al servicio de habitaciones, mirando la televisión por cable, y poniéndole la mira láser y el silenciador a la pistola de Miller. ¡Maldición, sienta bien tener algo de dinero! Ahora es sábado por la mañana. Estamos en mi habitación fumando más hierba antes de salir a buscar a Marisol. No creo en absoluto que vaya a hacerme daño, no con la mierda de material que tienen. Tan solo un poquito.

Me siento bastante bien, así que le digo a Robbie la verdad sobre mi dedo.

—Sí, te mentí con lo del monstruo. Había salido de pesca, poniendo cebo en un sedal. El puto anzuelo se clavó en mi dedo, justo en el primer nudillo, y me lo desgarró por completo. Pero tuve suerte.

—¿Cómo?

—Joder, si se me hubiera clavado en la mano o en el brazo, el sedal me hubiera arrastrado fuera del bote. No es tan infrecuente. La gente muere así todo el tiempo. Un minuto estás aburrido de ponerle cebo a los anzuelos, y al siguiente estás a quince metros de la barca y siete metros bajo la superficie, arrastrado por un anzuelo clavado en tu carne.

—¿Así que tuviste que sumergirte?

—¿Para qué? El dedo estaba en el fondo del mar. El chico a bordo cosió el muñón, lo vendamos bien y seguimos trabajando.

—¡Imposible!

—¡No es broma! ¡Coño, era al principio del viaje! De ningún modo iban a dar la vuelta y retroceder por un pequeño corte. Sería como tirar veinte mil pavos por el retrete. El Medevac no iba a zarpar por menos que eso. Además, si lo hubiésemos hecho, hubiera tenido que pagar por un médico que hubiera hecho lo mismo que ellos en el barco, y habría perdido mi parte del sueldo. Y nadie me contrataría después de aquello, si se corría la voz de que me había rajado. —Sé que estoy empezando a divagar, pero me importa una mierda. Me remango una pernera para mostrarles la cicatriz de diecisiete centímetros que ahí tengo—. Y ahora, por esto me transportaron por aire.

—¡Hostia puta!

—Los peces espada te trinchan bien. Además, se infectó. Los cortes por pez espada siempre lo hacen. Decidí que sería mi último viaje. El dinero estaba bien, pero venga ya. Para aguantar eso mucho tiempo, tienes que amar el mar de verdad, y yo no lo hago. Dejé de pescar, conseguí trabajo en un taller haciendo soldaduras, reparando motores, algo de electricidad... El típico trabajo de chapuzas. Pero dejé de manera definitiva los botes de pesca.

—Así que... ¿no tienes ninguna cicatriz por monstruos? —El pequeño pelma parecía decepcionado.

—Nah. Me han hecho heridas muy feas, pero ahora me curo sin dejar marcas. Raro, ¿eh?

—Ajá... —Steve no sonaba convencido. Que le jodan.

—Bueno, ¿tienes la dirección de ese vampiro tras el que vamos? —me pregunta.

—La tengo, pero ¿de verdad quieres ir tras ella en su casa de noche? Eso es juntar la estupidez con la idiotez.

—¿Ah, sí?

—Mira, matar en las casas puede funcionar si entras por el día y sabes lo que estás haciendo. Puedes cogerles mientras están mareados y confusos, y dejar que la luz del sol haga su trabajo. ¿Pero de noche? Un vampiro totalmente despierto ya es bastante duro sin estar en su tierra. Por lo general, un vampiro también suele proteger su casa (guardias armados, trampas...). Diablos, algunos de ellos llenan sus hogares de mierdas como gas sarín. A ellos no les afecta, no necesitan respirar.

—Suena como si alguien estuviera asustado.

Este pequeño subnormal me está tocando las pelotas.

—¿Tú no lo estás? —le pregunto.

—Qué va, claro. No tengo miedo ni de fantasmas ni de chorradas.

Se ríe Robbie con disimulo. Steve le ignora.

—Chorradas no. Vampiros. Le atravesaré el corazón con mi ballesta. Una estaca en el corazón les mata, ¿verdad? —Me apunta con un dedo como si fuera una pistola—. Pum.

—No es tan fácil —le digo.

—Vamos, Bowler. ¿Cuántos colmillos has matado de verdad?

—A muchos.

—Seguro, pero no te dejan heridas cuando te hieren. Qué conveniente.

Me levanto y él tiene el tiempo suficiente para abrir la boca y parecer estúpido antes de que le coja por el cuello de su chaqueta de cuero falso. El culopelado del punk este es lo bastante ligero para levantarle con una mano y aplastarle contra la pared.

—¡Déjame!

Le doy un bofetón. Robbie dice:

—Hey. —Se levanta y parece confuso. Jodidos aficionados. Saco la pistola y dirijo el punto rojo hacia el pecho de Robbie.

—Bang. Estás muerto. —Apunto hacia arriba, bajo el mentón de Steve—. Tú también. Decidle hola a Dios de mi parte.

Doy un paso atrás, le dejo caer y bajo el arma.

—Yo no soy tan rápido como un vampiro, ni tan fuerte, y vosotros dos, gilipollas, no podéis conmigo. ¿Os asusta la pistola? La mayoría de los vampiros no las necesitan. Quizás no seáis del todo inútiles, porque al menos tenéis la llamada, pero no penséis que va a ser ni fácil ni divertido. Y ahora, ¿quién vota por hacerlo a mi manera?

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."