Cristo, es preciosa.
Marisol Vlacek tiene una galería; no como un museo o algo así, sino una llena de esa mierda moderna. El tipo de lugar para la gente que viste suéteres negros de cuello vuelto, que bebe vino y que va a ver "cine" en lugar de "una película". Un lugar para farsantes. El sitio perfecto para un maldito colmillo.
Merodeamos por allí antes de la puesta de sol, pero ninguno de nosotros habría asomado la cabeza allí dentro con una pinta tan estrafalaria. Así que cogimos algo de ropa de Steve lo bastante pulcra para que encajara y le dije que entrara con la boca cerrada y los ojos abiertos.
Ahora estoy en una barra al otro lado de la calle, bebiendo con lentitud una cerveza. Robbie está en la librería de al lado. Steve entró hará diez minutos.
Las ventanas del bar están empañadas y muy adornadas, pero puedo echar un vistazo por los bordes. La galería tiene unos enormes escaparates con extrañas pinturas en ellos (una mierda con cabellos y pelos y trocitos de cuero pegado). Entre los cuadros se ve a los farsantes dando vueltas y de cháchara. Marisol atiende a unos y a otros con un vestido verde vaporoso.
A juego con sus ojos, ya sabes.
Me importa una mierda.
Pelirroja con los ojos verdes, se supone que es la combinación favorita del Diablo.
Capturo una imagen de Steve entre los cuadros. Está solo, mirando alrededor, parece perdido. Pobre bastardo. No atraigas la atención sobre ti, chaval. Sé frío. Tómatelo con calma.
¿Qué está haciendo ese jodido imbécil?
Cristo, lleva ahí diez minutos y alguien ya le ha echado el ojo. Alguien grande.
Ese es Edouard Manoglio, uno de los esclavos de sangre de Marisol.
Steve se está cagando. ¡Ay, maldito sea!, está gritando y apuntando, y la gente está empezando a mirarle. Steve, no lo digas. No lo hagas, Steve. Ella todavía puede pensar que eres un gilipollas normal y echarte...
Ahora Robbie está enfrente de la ventana, bloqueando mi visión, haciéndome gestos para que salga. Sacudo la cabeza para decirle que se mueva a un lado, pero no lo pilla. Imbécil.
Y aquí viene un coche de policía. Guau, eso sí que es una respuesta rápida. Sospechosamente rápida.
También es un esclavo.
Robbie mira de mí a la galería. Mierda. Quiere ir a joderla con el policía. Me levanto de mi asiento, y él espera que me una a él delante del bar. Por una vez, su indecisión es buena.
—¡Le tienen, Sean!
—¿En serio? ¿Crees que deberíamos ir allí y conseguir que nos arresten también?
—Pero... no podemos dejar que ella...
—Mira bien al poli. ¿Ves algo extraño?
Entrecierra los ojos.
—¿No?
De repente, tengo un mal presentimiento.
—Retrocede hasta aquí.
Le arrastro hasta la librería y escribo un símbolo (el nuevo de D.C., el que significa "demonio"). Cualquier cazador exaltado lo reconocería.
—Uh... significa... uh...
—¿Y este? —Dibujo cualquier chorrada. Me mira, indefenso.
—Mierda, nunca has sentido la llamada, ¿verdad? ¿Verdad? ¿Pequeño punki mentiroso?
—¿Señor? —Es un tímido librero.
Tiro de Robbie fuera de la tienda. El coche patrulla se ha ido con Steve dentro.
El policía va a llevarle hasta la parte trasera de un almacén que hay cerca de la comisaría de policía, y a dejárselo a Edouard.
¿Podemos pillarles?
No si el policía llama a un montón de refuerzos.
¿Qué va a hacer Edouard con él?
Lo más probable es que le lleve de vuelta a la galería.
—¿Sean? ¡Sean! Aquí Robbie.
—¿Qué?
—¿Qué hacemos ahora?
—Estoy pensando... Mira, si le llevan a comisaría, va a ser, no sé, cosa de desorden público con embriaguez. Alteración del orden o alguna mierda de esas. Le meterán una noche en la cárcel y luego a servicios a la comunidad. Poca cosa. De lo que tenemos que preocuparnos es de si le llevan a algún sitio y le sacuden.
—¡Steve nunca diría nada!
—Él no querría, aunque... escucha, tienen formas, ¿sabes? Pero tenemos tiempo.
Miro por la ventana. La puta todavía está paseándose por ahí, riéndose del chico que acaba de llamarle vampiro. ¿Parece un tanto aturdida? Es difícil de decir.
—No va a ocurrir nada demasiado malo mientras ella esté en la fiesta. Cuando eche a la gente, ella va a interrogarles (si no están en la cárcel; asumiremos que no) en un escenario peor, ¿vale? —Tiro de él hacia el coche.
Conducimos hacia donde aparcó Steve para coger la escopeta de la camioneta, pero por supuesto Robbie no tiene la llave, así que tenemos que romper el cristal y bajar el asiento trasero. Después vamos hasta mi hotel para recoger las cosas de mi habitación. Si tengo que desaparecer, no quiero dejar nada atrás. Por último, llenamos el depósito en la gasolinera, paramos para rellenar a sifón algo de combustible en unas botellas, y luego llenamos el depósito otra vez.
—Este es el plan, Robbie. No te vas a enfrentar a ningún vampiro, no sin la mierda básica que necesitas contra ellos. Tu trabajo consiste en entrar en la galería a través de la puerta delantera, encontrar a Steve, y sacar su culo por la parte trasera. Estaré allí aparcado, y dejaré las puertas abiertas.
—Pero... ¿y si ellos están allí cuando entre?
—Para eso es la gasolina, para asegurarnos de que no estén. Vas a golpear la puerta con un cóctel Molotov, ¿entiendes? Apunta alto. Después rompes una ventana, o la echas abajo con la escopeta, y entras por ella. ¿Puedes hacerlo?
Asiente, aunque no es más que un chaval pajillero. Podría salir bien, supongo.
—Cuando estés dentro, busca a Steve. ¡No grites! Si ves a alguien moviéndose por ahí, lánzale una botella. Cuando se te acaben, empieza a disparar.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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