No es un gran plan, pero solo necesito a Robbie para que encienda el primer cóctel molotov. Lo que pase a partir de ahí me da igual. Voy a la parte trasera de la galería con mi propia arma y espero, apuntando a la puerta.
Sabes, si de verdad la quieres muerta, puedo decirte los nombres de algunos vampiros del lugar que la matarían con mucho gusto.
Te estoy ignorando.
Ahora que les has dado un pretexto, claro. Steve podría olérselo, claro, pero debes saber que lo averiguará casi con toda seguridad en cualquier acción futura.
Ignorando.
¿Pero necesitas ese toque personal, no? Necesitas ser el que la mate. Por aquel "Solo quiero que los malditos jodidos desaparezcan".
Oigo jaleo en la parte delantera. Debe ser Robbie. Como predije, los asquerosos salen por detrás. Edward el primero. Le meto uno justo en el centro. Precioso. Cae, se levanta y se tambalea hacia el coche. Qué leal. Es conmovedor, en serio.
—¡Vassago!
Ella sale, color verde venenoso, hermosa, pero cojeando. Caigo sobre ella como la noche. Se mueve más rápido que un gato, pero sé adónde se dirige. Ni siquiera es tan fascinante como Amy, después de todo. La envuelvo con mis alas y la hago jirones.
Acabo a tiempo de ver a Edward saliendo del aparcamiento a toda mecha sin ella. Quizá no tan leal.
—¡Sean!
La dejo caer y me vuelvo. También abandono el cuerpo del monstruo, ya que es la voz de Robbie.
—¡Sean! ¡Tienes que ayudarme!
¡Hostia puta, el pequeño bastardo ha encontrado a Steve! Sin embargo, no le ha salvado. Puedo ver desde aquí que Steve está abierto desde el cuello hasta las tripas. Supongo que él le provocó a la zorra su cojera. Robbie está conmocionado, histérico. Ya he visto gente descontrolarse así antes. Está sacando a rastras a su colega y, maldición, Robbie también está jodido. No sé quién, o qué, o cómo, pero parece destripado.
Llego hasta él cuando se cae bajo el peso de Steve.
—Ayúdame, Sean. Ayúdame, ayúdame...
El chico va a morir.
Dile mi nombre.
¿Qué?
¡Muéstrale mi nombre! Si lo tomo como recipiente, puedo salvarle.
Miro desde arriba al chaval implorante. Pobre mamón.
—Lo siento —le digo.
Después me largo de allí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(
Atom
)
LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















0 comments:
Publicar un comentario