Seguí durmiendo y despertando, durmiendo y despertando. En algún momento antes del alba mi estómago me despertó, y lo noté como un agujero negro. Me senté y entonces los vi: tres lobos saliendo de las sombras. Uno, como una cosa moteada de gris con un solo ojo y una cojera, tenía un arete. Pensé que era raro. Un arete en un lobo. Supuse que era una hembra, aunque no tenía en qué basarme. Los otros dos se quedaron detrás, uno blanco y otro negro, y olisquearon el aire. Luego oí un arrastrar de pies en una roca, y se me encendió una luz de aviso.
Había alguien más, de pie detrás de ellos. Podía verle cuando me obligaba a ello. Estaba intentando esconderse de mí, pero eso no iba a pasar. Le apunté con un dedo y le dije:
—Te veo ahí.
Sabía que no eran solo lobos. Parecían extraños y borrosos, así que me figuré que eran hombres bestia como de los que había oído hablar. O lobos hombre. No sé qué es lo correcto.
—Te estás involucrando en algo que no comprendes —dijo la figura que se escondía—. Hay un espíritu en esa roca, una cosa ponzoñosa que se comerá tu alma si te sientas ahí lo suficiente. No sé cuál es tu juego, pero los vigilantes aquí somos nosotros. Te estás metiendo en nuestros asuntos.
Le expliqué que estaría bien, gracias, no había necesidad de preocuparse por mí.
—¿No lo entiendes, chica? Este lugar está corrupto. Lo que duerme a tu espalda es un demonio que ni siquiera puedes comprender. Otros como él ya están sueltos. Están ahí fuera, tirando de la cortina que tapa todo esto, y estás en medio como si nada. Uno consiguió liberarse no hace ni un año. Causó un dolor terrible. Tú estás en el camino de este. Te tomará y te utilizará. Lleva años utilizando la ciudad esa de ahí. Así que, de nuevo, te sugiero que te quites esas cosas de las piernas y te marches. ¿Me comprendes?
Dejé que se calmaran, y después, con el corazón a la carrera, respondí:
—Primero, no me importa, y era en serio cuando dije que estaría bien. Segundo, la cosa detrás de mí no es una cosa, es ella, y tan solo está herida en su interior y necesita algo de atención. Por último —dije—, no hay nada que puedas hacer para obligarme a marchar. Lo mejor que puedes hacer es volver al lugar del que viniste. Todos vosotros estáis muy enfadados. Puedo sentirlo. Tenéis que daros un tiempo para apagar ese fuego, o todos vais a arder.
El hombre escondido cambió de pie de apoyo, incómodo, y los tres lobos le miraron como si esperaran una respuesta. La respuesta fue:
—Que así sea. Matad a la chica.
Yo no iba a dejar que aquello sucediera. Ni siquiera quería hacer lo que hice, pero tenía mucho sentido y salvó mi trasero, así que estoy encantada de haberlo hecho. Cuando los lobos se acercaron, me encendí como la estrella de un árbol de Navidad, blanca y feroz, la Estrella de David, la Estrella del Norte, la Estrella de Belén, la estrella con la que los marinos navegaban. Le enseñé a los lobos y al hombre que podía rasgar mi piel y revelar la pura santidad de mi interior, que todo el perdón tenía un cuerpo y un nombre, y que este era Lorna. Nunca había realizado este truco antes, pero era bueno, y los tres lobos se alejaron corriendo, aullantes. El hombre desapareció.
Esperaba que más tarde pudieran reunirse para discutir lo que había ocurrido, que lograran entender que tenían algunos problemas serios que atender. Parte de mí tenía miedo y estaba triste por no haberles ayudado justo aquí, en el momento, pero otra parte sabía que lo que estoy haciendo aquí es más grande que esos animales. Una vez que lleve a cabo mi plan aquí, otros seguirán mi ejemplo.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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