Parte 19: Cicatrices

Alcé la vista hacia las estrellas antes de ir a dormir y me imaginé líneas que las conectaban todas. Una gran constelación. Pero las líneas eran cortes (profundas cuchilladas blancas) que terminaban torcidas e hinchadas, como cicatrices.

Me quedaron cicatrices de cuando aquella chica triste me empujó. Una en la parte trasera de mi cabeza que volvió blanco mi cabello. Tan solo un pedacito, del tamaño de una moneda de diez centavos. Luego está la quemadura de mi espalda, de cuando fui violada. Aún puedes sentir fragmentos de arena ahí, si tienes cuidado con los dedos. De todos modos, las cicatrices todavía están entre mis omóplatos. Como una porción de terreno accidentado.

Después están las quemaduras de mis antebrazos de Stewart. Parecen distintas de las marcas de mi espalda. Son rojas y con manchas, como un sarpullido, pero no lo son. Son recordatorios.

Después de ser violada, me convertí en un "cutter". Me gustaba hacer cicatrices. No era un grito de ayuda. Eso fue lo que dijeron los médicos, pero no estoy de acuerdo. Tan solo me gustaba marcarme. Eso es todo. Lo dejé más o menos un año antes de convertirme en lo que soy en la actualidad. Pero más tarde, no hace mucho (no mucho después de empezar a ver a Mickey), comencé a cortarme de nuevo.

Cuando lo hacía de niña, me hacía los cortes en lugares donde la gente no pudiera verlos. En la parte superior de los muslos, más arriba de los bíceps. ¿Y ahora? Ahora me gusta que la gente lo vea. Las cicatrices son marcas de un viaje. Postes de señales. Me gusta darle a todo el mundo una pista de hacia dónde me dirijo. Les ayuda a prepararse. Nos ayuda a prepararnos a todos.

0 comments:

Publicar un comentario

LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."