Parte 22: La Cuarta Visión

He estado perdiendo y recuperando la consciencia. Es asombroso lo mal que sienta no comer ni beber. He estado preocupada todo el día por si todo es una ilusión y yo no fuera real. Por si estuviera cometiendo un error.

No obstante, hacia el final del día, he obtenido algún tipo de fuerza, algún poder interior que espero poder seguir encontrando. Quizá fuese por terminar mis últimos tragos de agua. Cuando terminé de beber, vino un ángel. Hubo poca fanfarria, lo que me sorprendió. No vino volando ni tocó una trompeta ni nada. Tan solo caminó con las alas plegadas a la espalda y me secó la frente con un trapo húmedo. Le pregunté si ya estaba listo para contarme los secretos, y respondió:

—Mira en mi boca y observa lo que el diablo llamó una vez hogar.

Miré. Su boca estaba vacía. Sin lengua, sin dientes. Solo oscuridad, con una imagen temblorosa en el fondo de la garganta. Lo que vi era el Infierno, no tuve duda.

Había sangre y fuego. Había... máquinas. Chispas retorciéndose y escupiendo, y relámpagos rojos. Los hombres eran aplastados en las máquinas, mientras otros hombres giraban manivelas y tiraban de palancas. Encima de unas pasarelas combadas rondaban bestias que parecían insectos, larvas, arañas y lobos, goteando saliva, veneno y cieno negro. En la distancia, divisé violencia y actos de violación. Mi mente giraba, furiosa y ofuscada. Entré en una carretera en espiral y pasé por un montón de verjas, cada una de las cuales me daba vueltas el estómago. Me sentía prisionera, atrapada, como si hubiera algo que me retuviera allí. Podía sentir como si el lugar mismo estuviera vivo, el corazón de algún enorme monstruo, pero como si incluso él fuese reo de algún otro poder imparable. Había un montón de fuerzas en funcionamiento.

El Infierno, pude comprobar, no era un lugar de castigo. En cualquier caso, no de modo directo. Era un sitio que estaba siendo castigado. Un sitio de violación construido sobre la base de su propia violación. Tenía mucho sentido. De improviso, me vi expulsada de la boca del ángel y devuelta contra la roca, mis tobillos aún esposados. Tenía un horrible sabor de boca y no podía dejar de temblar.

El ángel dijo una última cosa antes de irse:

—Si permaneces firme y actúas correctamente, incluso aunque el enemigo aparezca aquí de mal humor, el Creador te ayudará con cinco mil ángeles, provocando un terrible ataque.

Parpadeé. El ángel dijo con tranquilidad, sonriendo:

—Eso es del Corán. Y es cierto, además.

Luego se fue. Miré hacia abajo y encontré el Corán en el polvo. ¿Lo traje yo? No me acuerdo. Tengo problemas para recordar. De todas formas, estaba abierto por aquel pasaje. La página estaba manchada con huellas sangrientas. Supongo que se me ha abierto el corte del pulgar. Eso está bien. No me importa sangrar.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."