Parte 22: ¿Te Prometió algo la Voz?

Jesucristo, esto es demasiado fácil. No sé por qué no lo hice antes. Vas donde uno de estos tipos y les dices que eres un cazador. Te miran con cara divertida, preguntándose si eres un frío asesino o uno de los suyos. Es como una... cómo llamarlo...

Prueba de acidez.

Sí, para ver si tus ideas concuerdan con las suyas. Y si no, si de verdad quieres matar monstruos o algo así, se ponen en plan ofendido, altanero y engreído. Pero si eres un monstruosidad, joder, te reciben con los brazos abiertos.

Hoja, ése es su nombre. Maldita sea, qué vegetariano suena. Ella recogió su tenderete. Lo empacó todo para ayudarme. Si así es como funciona su negocio, debe estar muy angustiada. Pero, de todos modos, lo metió todo en su coche y me llevó a un restaurante orgánico. Creo que le gustó cuando pedí un menú vegetariano. Qué boba.

Ahora me está mirando con sus grandes ojos castaños y quiere saber qué me pasó.

Cuidado, John. Está tratando de engañarte, de hacerte sumiso y dócil.

Aun así, tengo que decirle algo.

—Bueno, yo... vivía en el oeste, en Seattle. Trabajaba en barcos, ya sabes. Arreglando radios y motores y cosas por el estilo. —Me rasco la cabeza—. Y empecé a oír esta voz. En mi cabeza.

—¿Qué clase de voz?

—Una voz de hombre. Diciéndome que hiciera cosas.

—¿Qué tipo de cosas?

—Al principio, no demasiado malas. Ya sabes, solo, uh... robos. Había una mujer con un collar de diamantes...

¡No le cuentes eso! ¡Idiota!

Siento una punzada en las entrañas, y cambio de tema.

—Cosas pequeñas. Ya sabes. Cosas que yo podría haber hecho antes, de todos modos, sólo que no tenía el valor.

—Para hacer el mal no se requiere coraje —dice ella, con la voz del profesor de la escuela de verano. Inclina la cabeza. Es divertida, ahí sentada, con esta luz. Casi tiene hasta buena pinta. No hermosa, pero, ya sabes, nada mal.

No podrías hacer nada con ella, ¿verdad, John? Ni siquiera aunque te lo suplicara...

—¿Te prometió algo la voz? —Otra vez la mirada a los ojos.

—Eh... sí.

—¿El qué?

Poder. Libertad. Venganza.

—Él... uh... me dijo que me conseguiría dinero.

Cristo, ¿por qué le estoy mintiendo? De repente, todo esto parece falso. Todo: recorrerse todo el país, hacer esto, las putas misiones del Jefe... Es una locura. No quiero esto. ¡Solo quiero estar solo! Tan solo... arreglármelas, sin tener que preocuparme demasiado por el siguiente cheque del alquiler. Nunca pedí ver hombres lobo ni vampiros, nunca pedí que un ángel me llenara de mierda y me colgara como una piñata. Eso es, eso es lo que soy, lo que todos somos. Estamos llenos de mierda de ángel, y cuando los bichos nos golpean lo suficiente, reventamos y les salpicamos.

De repente quiero confiar en ella y decirle todo esto, decirle lo que he hecho y lo cansado que estoy.

¡John, así es como te está jodiendo! ¡Despierta, maldita sea! ¿Recuerdas cómo los gimoteadores siempre hablaban de criaturas que tenían su "momento de verdad"? ¿Crees que eso simplemente ocurre? ¡Es un truco del ángel! ¡Ella lo está usando sobre ti en este instante! Te sientes cansado porque ella así lo quiere. Quiere que te rindas y que llores, y que se lo cuentes todo a mamá. Quiere que pongas tu cabeza en su hombro y te des por vencido. ¿Vas a hacerlo? ¿Vas a rendirte ante otra mujer?

Aprieto los dientes. Él tiene razón. O quizá esté jugando conmigo, no lo sé. Lo único que sé es que estoy loco.

—¿Solo fue dinero?

—Sí. Y lo hizo. Pero me engañó.

—¿Te engañó, cómo?

—Tuve el dinero por un tiempo, pero... uh... lo perdí.

—¿Cómo lo perdiste?

Agacha la cabeza y di "apostando".

—Apostando.

Ella me coge la mano en un gesto de simpatía.

—¿Por eso necesitabas dinero al principio?

—Sí. —Me esfuerzo por parecer avergonzado. No es fácil porque en realidad estoy cada vez más asqueado.

Piensa en Annabelle. O mejor aún, en su amigo negro, el de la gran polla gorda...

Siento cómo me enrojezco. Me muerdo el labio. Ese es un truco sucio, jefe.

Sin embargo, funciona. Exagero mientras voy en cabeza.

—No puedo... es decir, intenté dejarlo, pero... y ahora me dice que puede conseguirme más dinero, pero que tengo que hacer más cosas. Peores cosas. —Alejo mi mirada de ella y susurro—. Quería que hiciera daño a una niña pequeña.

Su mano aprieta la mía.

—¿Lo hiciste? —Su voz muestra urgencia, miedo.

—No, me resistí. Pero fue difícil. —Hostia, estoy llorando de verdad—. Se enfadó. Me hizo mucho daño.

—Tienes que resistirte, John.

Cristo, ¿por qué le dije mi nombre verdadero? No pude pensar en otro lo bastante deprisa. Tenía que haber dicho Ron o Sean, o Don.

Entonces es como si la temperatura bajase. La miro y ella está con la vista en otra parte, hacia la izquierda. Miro en esa dirección y hay un tipo. No muy alto, pero robusto. Un poco rechoncho, pero un tipo que ha trabajado duro. Cabello color castaño arenoso, un poco de barba. Parece como si pudiera encajar un gancho y puede que hasta devolverlo.

Hoja se levanta.

—Perdona. —Su voz, de súbito, se ha endurecido. Se va hasta donde el tipo. Dirijo mi oído hacia ellos y alcanzo a oír que ella dice: —A menos que tengas los papeles firmados, no quiero verte.

Él contesta algo, en bajo. Veo su reflejo en el reverso de mi cuchara. Él parece nervioso. Ella, enfadada. Bajan sus voces, gesticulan, mueven la cabeza. Veo que él me apunta y parece... ¿qué? ¿Celoso? Contento no, eso es jodidamente seguro.

Cuando él pone su mano sobre el hombro de ella y ella se la golpea de repente, decido que es mi turno.

—¿Este tipo te está molestando?

Ella está roja. Su boca está cerrada pero intenta decir algo digno.

—No puede hacer nada para molestarme. Está más allá de mi atención.

Ouch.

—Soy su exmarido —dice el tipo.

—Bueno, no quiero meterme...

—Entonces no lo hagas —dice él.

—Parece que ella no quiere hablar contigo.

Se vuelve hacia mí y se inclina.

—Mira, puede que la hayas engañado a ella, pero a mí no me engañas.

—¿Por eso no te vas? —Intento decirlo de forma amable.

—No, ¿por qué no te largas tú?

¡Paf! Lo siguiente que sé es que estoy tambaleándome. Mi espalda se golpea con el borde de una mesa. Casi me caigo.

¡El bastardo ha usado Devuelve sobre mí! Un momento... ¡Este tipo es un exaltado!

—¡Déjale en paz! —grita ella, poniéndose entre los dos.

—Hoja, él...

—Al menos él no hizo daño a un niño —dice ella.

Todos en el restaurante le están mirando. El ex se pone colorado y se bambolea hacia la puerta. Se da la vuelta de nuevo, como si quisiera decir la última palabra, pero no se le ocurre nada que decir.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."