El esqueleto humano es una cosa preciosa. No debería estar oculto por demasiada carne. Mi madre solía decirme eso. Era su divertida forma de instarme a no coger esa tercera ración durante la cena. Gracias, mamá.
A lo mejor ahora se sentiría orgullosa de mí. No he comido en tres días. Solo agua. Pero no es lo que pensáis. No es depresión. Sé lo que estoy haciendo. "We are born without eyesight! We are born without sin...". Cuando era una niña, mi madre me miraba de cierta manera y cloqueaba la lengua cuando yo andaba hacia la cocina. Entonces yo sabía que me estaba poniendo demasiado gorda, demasiado asquerosamente gorda. Que estaba inundando mi cuerpo de demasiadas calorías, y que la única solución era dejar de deslizar comida en mi tripa. Aprendí entonces cómo viene el hambre, como un lobo, voraz, rasgándote; pero si aguantas lo suficiente retrocede, y te mira desde el borde de tu consciencia.
Lo intenté de nuevo hace un año. Aprendí a exhalar la oscuridad antes de que me inundara.
Cuando era una adolescente, en realidad no rechazaba la comida por las calorías o la masa corporal, sino por el control, para probar que nadie podía obligarme a hacer lo que no quería. Ni mis padres, ni mi hermana, ni el médico. Ni nadie. Si querían que hiciera algo, tenían que darme una razón. Tenían que hacer que mereciera la pena para mí. Esta vez, no es a mi familia a quien quiero castigar. Es a los bastardos que han empujado su horrible fuego ardiente por mi garganta.
Si queréis que haga vuestro trabajo sucio, dadme algo. Necesito un nuevo truco. No puedo matar a esta cosa que dispara cuchillos de veneno por los dedos y que no cae cuando le golpeo. Sé que este es el monstruo que se llevó a mis hijos, y si le hago sufrir me los devolverá. Entonces, todo irá bien de nuevo.
Y después, el tiempo para y quiero decirle a las voces que lo siento. Lo siento, estaba enfadada. Por favor, no me abandonéis ahora. Os necesito. Seré buena, por favor...
No sé si es de día o de noche, hace frío o calor, Coca-cola o Pepsi, cuando oigo el chirrido de una puerta abriéndose, y unos pasos caminan de forma pesada y ruidosa hacia mí. La silla está vacía. Solo cuando miro de reojo veo una figura en sombras sentada en ella, encorvada con los codos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada. Debería tener miedo, lo sé. ¿Es una de las voces hecha realidad? Esto no había pasado antes.
Se sienta, con paciencia.
—Vale —grazno al fin—. ¿Qué quieres saber?
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(
Atom
)
LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















0 comments:
Publicar un comentario