Pasaron unas pocas horas antes de que el sombrío hombre-bestia regresara para hablar conmigo. Le noté un tanto estirado. Mi visión se aguzó sin pensar en ella, y el sonido de la madera resonó en mis oídos. El hombre estaba solo.
—¿Has visto lo que has hecho? —dijo, gesticulando hacia el coche de patrulla con Scotty desplomado sobre el volante—. Ya has extendido el veneno. Embadurnándolo todo como si fuera mermelada sobre pan. Un buen trabajo de mierda.
—¿Dónde están tus amigos? —inquirí.
—Estaban demasiado asustados —dijo con brusquedad—. Pero yo no.
—¿Qué hay que temer? —le pregunté.
—¿Qué eres? ¿Qué demonios es ese truco que hiciste? ¿No ves en lo que te estás metiendo? Estás mal de la chaveta. Los de mi especie y yo hemos estado en esto durante miles de años. ¡Desde que tú y toda tu especie estaban aún en sus pañales manchados de excremento! Y aquí vienes, pretendiendo ser Susie la Pequeña Salvadora, que solo conseguirá que la gente se haga daño. ¿Te crees que trucos como el de antes van a detener la corrupción que emana de esa roca?
—¿Quieres ver cómo lo vuelvo a hacer? —dije, sonriendo. Me picaba la piel. El estómago me daba guiñadas y sentía el vómito subir por el fondo de mi garganta.
—Olvídalo —dijo—. Haz lo que quieras. Cuando acabes corrompida, vendré a por ti. Llevaré tus tripas de oropel.
—Estás furioso —le dije con voz cantarina—. Mi madre solía decirle a mi padre que estaba quemando la vela por los dos extremos. Nunca lo entendí hasta ahora. Eso es lo que tú estás haciendo.
Pero ya se había ido, dando un paso a la derecha y ya está, desaparecido. Me reí en alto, pero no sé por qué.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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