Chamanes Jibaros

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De: Profesorgeo160
Asunto: Chamanes Jibaros

Acabo de llegar de Ecuador y tengo una historia que contar. Me había dirigido a la zona de la Sierra, que es como llamamos al altiplano de la zona central de los Andes. Entre las dos cadenas montañosas, la Cordillera Oriental y la Cordillera Occidental, hay una meseta habitada. Pretendía visitar el Cotopaxi, que en los últimos tiempos había mostrado una actividad inusual. Un grupo de geólogos y yo nos desplazamos hasta la jungla para contar con una visión mejor. Resultaba difícil avanzar, pero eventualmente terminamos por llegar al lugar en el que los bosques ceden paso a las praderas del altiplano. Acampamos. Aquella misma noche, comencé a sentir que alguien nos estaba vigilando. Estaba muy oscuro y no podía ver nada más allá de la zona iluminada por la fogata, pero sabía que había alguien allí.

Era tarde y aquella sensación me había mantenido despierto. Refugiado en mi tienda, escuché muy cuidadosamente los sonidos de la noche. Esa fue la única razón de que escuchara el ruido. Sonó muy apagado, pero al mismo tiempo cercano. Recuerdo haber pensado que se encontraba en una habitación contigua, separado de mi por una puerta, pero naturalmente nos encontrábamos en el exterior. Venía de otro mundo. Reconocí el sonido. Era la música de una flauta. Dulce y melodiosa, recorría sigilosamente la noche. Hizo que me entrara sueño.

Entonces escuché otro sonido. Un chasquido, como si una ramita acabase de quebrarse, y luego un suspiro de las praderas. Tan sigilosamente como me fue posible, abrí la tienda y eché un vistazo al exterior. Algunos de mis compañeros habían decidido dormir al raso, bajo las estrellas. Podía verlos bajo el tenue resplandor que despedía la mortecina fogata. Inclinado sobre uno de ellos se encontraba un nativo vestido con pieles de animal y unos pantalones caqui. Llevaba en las manos una especie de extraña varita o algo similar. Se cubría la cabeza con un sombrero emplumado. Su rostro, moreno y ancho, revelaba que sus antepasados habían sido nativos. Más tarde, después de haber realizado una somera investigación, descubriría que vestía como un chamán jibaro. Los jibaros son un pueblo que habita en las laderas orientales delos Andes ecuatorianos. Aún cuentan con algunos chamanes de quienes se dice que son capaces de curar a los enfermos, destruir al enemigo y proteger a la tribu mientras se encuentran sumidos en un trance producido por la bebida alucinógena llamada natema.

De improviso, el chamán comenzó a cantar y su canto me perturbó profundamente. Era una extraña combinación de chasquidos de la lengua, silbidos y sonidos jadeantes semejantes al viento. Agitó los brazos sobre uno de los durmientes y, delante de mis ojos, el cuerpo de éste comenzó a sacudirse como si sus músculos estuvieran cargados de electricidad.

Debí de hacer algún sonido, quizá un grito de sorpresa, porque el chamán se volvió y me miró directamente. Dejó de cantar por un minuto y entonces giró sobre sus talones y se detuvo cuando se encontraba encarado conmigo. Levantó los brazos y comenzó a cantar de nuevo. Sentí como si fuera a morirme. Dolía mucho. Era horrible. Me incorporé, a pesar de que no quería hacerlo. Salí de la tienda y caminé hacia el hombre. No podía hablar. Nadie advirtió lo que me estaba ocurriendo.

El chamán me atraía hacia si con hilos invisibles, como si yo fuera un títere. Podía oír su voz en mi cabeza, diciéndome "Ven... ven..." Y así lo hice. Cuando me encontraba muy cerca de él, alargó el brazo para tocarme el rostro, pero antes de que pudiera hacerlo, vi mi propia imagen reflejada en sus ojos. Un resplandor azul, casi angélico rodeaba mi cuerpo. Repentinamente, un destello se alzó por todas partes. Una coz que no era la del chamán ni tampoco la mía, dijo. "¿POR QUIÉN LUCHAS?"

En aquel instante, supe lo que tenía que hacer. Aunque me repugnaba hacerlo, lo golpeé con todas mis fuerzas. Sentí que sus huesos se rompían bajo mis nudillos y lo vi caer de espaldas sobre el suelo. Le había roto la mandíbula. Levantó la mirada con los ojos empañados por el miedo y la confusión. De pronto parecía terriblemente humano y eso me hizo sentirme muy mal. Era joven, no pasaría de los 17 o 18 años. Antes no me había dado cuenta de que fuera tan joven. Traté de ayudarlo a incorporarse, de rezar por él, pero me tenía miedo. Me tenía miedo. Huyó corriendo hacia la jungla. Todavía no he descubierto por que nos atacó. Conseguiré ayuda antes de regresar allí.

Era demasiado tarde para salvar la vida de mi colega, pero aquella noche aprendí una lección. Mi presencia puede suponer una diferencia, pero no si estoy solo. Ha llegado la hora de que me dedique a esta misión que Dios me ha encomendado. Esta mañana he dimitido de mi puesto en la universidad. Tengo algún dinero ahorrado. Viviré de él hasta que se agote y entonces tendré que encontrar algo más, porque ahora sé que soy un Elegido. Pero incluso los Elegidos se necesitan los unos a los otros. No puedo seguir haciendo esto solo. Si muero, ¿quién tomará mi lugar? Dede mi exaltación, la muerte me ha rondado en multitud de ocasiones pero hasta aquella noche, con el chamán jibaro, nunca me sentí tan impotente. Ahora debo dejar de llorar el tiempo suficiente para organizar a mis hermanos llaneros.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."