SOS

Para: hunter.list@hunter-net.org
De: Chicodesoja134
CC:

LLAMADA A LAS ARMAS

Espero que este mensaje llegue a la gente adecuada. Si no, no sé qué más podemos hacer. Si entiendes esto, por favor, por el amor de Dios, escucha. Si no lo comprendes, algún día lo harás. Quizá no muy pronto, pero algún día.

Ahora mismo me encuentro con un grupo de cinco. A juzgar por lo que he leído en la lista, es bastante grande. Pero no tanto como para estar cómodo. Cada vez más a menudo tengo la impresión de que simplemente nos están llevando de  un lado a otro para que puedan aplastarnos de una sola vez. Los otros no lo creen así, pero ellos carecen de mis dones. Rezo cada noche para que no puedan ver las mismas cosas que yo, ahora que Ashley se ha ido.

Al menos algunos de ellos estaban más o menos preparados para entendérselas con la sorpresa y la confusión iniciales. El padre de Meredith era policía. Erin se crió en la ciudad. Bishop... vaya, él era un soldado y había visto toda clase de violencia antes de que el Sueño comenzara. Pero yo no. Yo sólo era un colegial de Cairns. Jugaba al fútbol con mis compañeros, iba al pub después de clase para tomarme una cerveza fría y a Noosa en vacaciones. Aparte de conservar a mi chica y graduarme, no tenía demasiadas preocupaciones. Todo era aburrido y predecible y ordinario. Echo de menos aquellas noches más que ninguna otra cosa en el mundo.

Mi propio Sueño comenzó de forma tranquila. Era de noche y había salido del pub para tomar un poco el aire. Caminaba junto a un grupo de dunas apartadas cuando escuché un grito que provenía de la costa. Un gran barco de pesca se estaba hundiendo. Pensé que era posible que hubiese embarrancado en un banco de arena. Vi las siluetas de personas sobre la cubierta, agitando los brazos mientras pedían ayuda a gritos. Entonces el barco zozobró. Yo fui socorrista durante tres veranos así que me arrojé al agua. Alcancé el barco y pude oír a los supervivientes nadando alrededor de mí. Serían seis o siete. Los llamé y les dije que me siguieran y que nadaran hacia la costa. Uno de ellos se estaba hundiendo cuando lo alcancé y comencé a arrastrarlo. Tenía al grupo más o menos controlado cuando algo muy grande me golpeó desde abajo.

Había presenciado un ataque de tiburones en el pasado y sabía que estábamos en peligro, especialmente con tanta gente chapoteando en el agua. Di un grito de advertencia al mismo tiempo que el primero de ellos desaparecía bajo el agua. Ni siquiera supe si se trataba de un hombre o de una mujer. Simplemente escuché un sonido estrangulado y eso fue todo. El siguiente fue un hombre, que gritó antes de hundirse y luego se alzaron los chillidos de una mujer. Sobre las olas, escuché el llanto de un niño, entonces un aullido y luego nada.

Fue entonces cuando el pánico se apoderó de mi. Lo primero que aprendes sobre los tiburones es que s están decididos a matarte, estás acabado. Pero entonces me ganó una extraña calma y juro que escuché una voz que me decía, "ESCUDA A LOS INOCENTES". Eso es todo, tan sencillo como si lo hubiera dicho yo mismo pero, al recordarlas fueron las palabras más convincentes que he escuchado en toda mi vida.

Casi habíamos ganado la costa. Finalmente pude hacer pie. Unos pocos metros más y convencí a mi "amigo" de que él también podía. Vi a los otros (un hombre y una mujer) detrás de mí, chapoteando violentamente sobre unas aguas que apenas les llegaban a las rodillas. Fue entonces cuando las olas tiraron de mi desde atrás, como si el océano mismo estuviese tratando de reclamarme... y lo vi.

Al principio pensé que era un resto de gran tamaño, acaso un fragmento del barco. Entonces reparé en que se movía hacía mí: una aleta de casi un metro de largo, del color gris de la piedra. Todo lo que podía hacer era contemplar cómo las aguas se abrían delante de ella, una ola masiva con una forma siniestra en su corazón. Era un tiburón, sí, pero más grande que cualquier otro que jamás hubiera visto o del que hubiera oído hablar. Se abalanzaba sobre nosotros. Creo que grité. No lo recuerdo. La mujer tuvo tiempo de volverse. Hizo... un sonido. Pero entonces el tiburón cayó sobre ellos. Las aguas se volvieron rojas y los dos desaparecieron.

Momentos más tarde, estaba dando vueltas alrededor del hombre y de mi. En aquel momento no pensé que las aguas no eran demasiado profundas para él y que, sin embargo, estaba allí de todas formas. Todo lo que recuerdo es que apreté los puños y grité: "No voy a morir bastardo! ¡De ninguna manera!" ¡Se detuvo delante de nosotros, como si se hubiera golpeado contra un muro! No daba crédito a mis ojos. Simplemente nos miraba, mientras chasqueaba las mandíbulas. Mientras yo lo contemplaba aturdido, cambió de forma hasta parecerse a algo sacado de una película, medio hombre, medio tiburón, que chorreaba agua sangrienta. El hombre al que yo escudaba dio un grito y se alejó a rastras. Yo me quedé allí, mirando fijamente a la criatura, observando cada maldito detalle, desde su fea cara hasta los restos y la sangre que se deslizaban hacia abajo por sus poderosas piernas. Trataba de lanzarse sobre mi, pero no era capaz de hacerlo. Fue entonces cuando me di cuenta de que era yo el que se lo estaba impidiendo, el que lo estaba conteniendo con... no lo sé (todavía sigo sin saberlo). Fuera lo que fuera, yo parecía ser la causa y esa cosa no podía cogerme.

Finalmente, se volvió, se sumergió en las aguas y desapareció. El hombre al que había salvado había desaparecido. Supongo que había escapado corriendo por las dunas hasta llegar al aparcamiento.

Pasé aquella noche tendido en mi habitación, despierto, preguntándome si me había vuelto loco y recordando una vez tras otra lo escuchado: "ESCUDA A LOS INOCENTES", es lo que había oído. Si, claro, había hecho un gran trabajo. Había conseguido salvar a uno de ellos y la última vez que lo vi, huyendo a toda prisa, el tipo parecía haber perdido la chaveta. ¿Por qué no había sufrido yo un ataque de pánico similar? Jesús, después de haber oído voces y de haber visto lo que vi, debería haber salido corriendo tras los pasos del otro tipo. Simplemente quería olvidar, pero sabía que no lo lograría. Y lo que es peor, al llegar a la mañana me sentía casi... normal. Eso fue lo que más me asustó.

No fui a la Policía. ¿Quién lo hubiera hecho en mi lugar? El periódico dijo que el barco había encallado debido a un error de navegación y todos los pasajeros, salvo tres de ellos, habían sido dados por "desaparecidos". Aparentemente, la Policía había descubierto los resto de dos personas y al hombre al que yo había salvado (que resultó ser un ecólogo del gobierno que estudiaba los efectos de la industria del acero sobre el medio ambiente). El hombre sufría una amnesia total respecto a lo ocurrido. Había salido de crucero con algunos de los propietarios de las fábricas locales y sus familias. Eso era todo lo que recordaba.

No tuve mucho tiempo para darle vueltas. Ni siquiera había llegado el medio día cuando Ashley se presentó en mi casa. Era una especie de gigante de cuentos de hadas. Tuve que mirarlo dos veces para dar crédito a lo que mis ojos estaban viendo. Tenía más de dos metros de alto, parecía llenar todo el pasillo del dormitorio y llevaba un largo chubasquero, ropas polvorientas y un estropeado sombrero de paja. Sencillamente, estaba de pie, delante de mi. En aquel preciso instante supe que él lo sabía. Pensé en correr y en luchar.

En algún momento en medio de todos aquellos pensamientos, me vine abajo. Me estaba asegurando que existían otros que habían visto las mismas cosas que yo. Dijo que eran elegidos del Señor y que tenía que encontrarme con ellos. Eso fue todo. No sabía quién era aquel tipo, de dónde venía o lo que sabía en realidad, pero me marché con él. De alguna manera comprendía que aquello era lo que debía hacer. Al día de hoy, todavía ignoro cómo supo Ashley y cómo y dónde encontrarme. Yo mismo no puedo conocer a otro Soñador aunque lo tenga delante de mí... pero él sabía exactamente quién era yo y dónde me encontraba. No hace falta decir que estoy recordando aquellos días constantemente (todos nosotros lo hacemos), pero ya no soy el mismo de entonces. Ya no me lo puedo permitir.

Ashley me presentó a los otros que conocía. Erin, un americano que había vivido en Sydney realizando trabajo pastoral; Evan, un prometedor jugador de fútbol australiano que abandonó su carrera cuando descubrió la verdad; Meredith, una asistente legal de Brisbane; y Bishop, otro yanqui que había vivido doce años en Australia y que había sido soldado. El propio Ashley había sido un sacristán que viajaba de iglesia en iglesia, haciendo toda clase de trabajos... hasta que descubrió que las personas a las que enterraba abandonaban sus tumbas.

La única persona que conocían que fuera consciente de la verdad era el padre Michel Tonnerre, un sacerdote católico. Ashley llevaba varios meses en contacto con él. Nunca nos hemos encontrado con él en persona: sólo cartas y correo electrónico. Todos ellos me contaron lo que habían visto. Normalmente sus historias me hubieran parecido locuras, pero mi propia experiencia les prestaba crédito. Pensé en volver al instituto y olvidar todo lo que había ocurrido pero no podía dejar de escuchar el sonido de aquel niño siendo arrastrado hacia las profundidades del agua. Ahora, mi propósito era el mismo que el de aquella gente.

Han pasado tres meses desde mi Sueño. Hubiera muerto en dos semanas de no ser por los otros. He visto monstruos en las calles, en los bares y en el campo. He matado a un dingo tan grande como un coche, he golpeado a un cadáver andante hasta hacerlo caer y estaba con Jim cuando murió. Además, se me busca en Queensland por posesión ilícita de armas. Preferiría no decir para qué las tenía. Mientras tanto, mi vieja vida se ha evaporado. He dejado de ir a la escuela, mis padres creen que me he unido a una secta y mi novia ya no me habla. Los otros están igual de mal, aunque Ashley y el padre Tonnerre han conseguido mantenernos juntos. El padre Mike siempre nos está consiguiendo equipo o un lugar para descansar. Ashley siempre está ahí con una palabra de ánimo. O lo estaba, al menos.

Hace tres noches, todo se hizo pedazos. Ashley ha desaparecido y no sabemos qué hacer. Justo cuando habíamos aprendido lo suficiente para poder ayudarlo, lo dejamos caer. El padre Mike ha dejado de contestar nuestros mensajes. Los otros caminantes, que no eran de Darwin (un grupo cuya existencia descubrimos hace una semana) han dejado de dar señales de vida, mientras nos llegan noticias de un "accidente" mortal en el que se han visto implicados "turistas" en el Parque Nacional de Kaduku. Buen Dios, si ellos han caído, estaremos solos. Los otros comienzan a volverse hacía mi y yo no sé lo que debo hacer.

Así que, si leen esto y lo comprenden, sabrán que la situación aquí es desesperada. Algo muy grande se avecina. Si no vamos a las tierras salvajes ahora mismo para enfrentarnos a ello, puede que a no tardar demasiado no quede nada en el mundo salvo tierras salvajes. Son más rápidos que nosotros, más fuertes que nosotros, más malos que nosotros y, lo que es peor, nos siguen la pista.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."