Una secta en el corazón de la destrucción recíproca de la Inquisición es la Fraternidad de Albertus. Los miembros de este grupo, seguidores de las enseñanzas de Albertus Magnus, practican las artes del misticismo cristiano, más conocido como teúrgia. Aunque consideran que la magia es maligna, creen en combatir el fuego con el fuego. Este grupo, una de las primeras sectas en incluir mujeres, presenta un considerable contingente femenino, pero su confianza en la teúrgia la enfrenta a otras facciones de la Sociedad de Leopoldo.
La Fraternidad de Albertus, de la que muchos desconfían, recibió la orden en su día de inscribirse en el Despacho del Censor para asegurar que los teúrgos no sucumbieran jamás a la corrupción demoníaca. Uno de sus más firmes detractores fue (y sigue siéndolo) la Orden de San Pedro, cuya crítica inicial nunca fue más allá del discurso teológico y el debate. Pero, anticipando el regreso de la Inquisición al Vaticano, la Orden de San Pedro ha abogado activamente por la renuncia y el juicio de la Fraternidad con la esperanza de excluirla de la Santa Sede. La Fraternidad, enfurecida por la creciente intolerancia y los elementos radicales dentro de la sociedad, contraatacó en un gesto de desafío y destruyó los archivos del Despacho del Censor concernientes a su afiliación (que podrían haber sido utilizados en su contra). A partir de aquel momento, muchos miembros de la Fraternidad se han personado ante los censores para mostrar su apoyo a la unidad de la Inquisición con la esperanza de resolver el asunto de manera pacífica. Algunos, no obstante, ahora operan independientemente y son un blanco fácil para la Orden de San Pedro. Estos inquisidores proscritos buscan aliados, y los exaltados podrían ser el regalo del cielo por el que rezan. El que la Fraternidad pueda traicionar a los exaltados ante la Inquisición como chivos expiatorios o manipularlos ya es otro cantar.
Narrador: La Fraternidad de Albertus
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Destino Oscuro
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