Agentes de la NSA y Exaltados

Solo una fracción de los empleados de la NSA está al corriente de las tecnologías caoscópicas y CME (la cual mantiene numerosas sedes federales, incluida la de la agencia, libres de ciertos intrusos sobrenaturales).

Sin embargo, esa fracción consciente es poderosa, está bien equipada y está decidida a todo. La agencia dispone de muchas más ramas, desde la criptología hasta la informática, y la naturaleza compartimentada de la NSA implica que esas ramas no se puedan entrelazar. En la actualidad, no obstante, las principales subdivisiones autónomas (y a menudo interesadas solo en sí mismas) de la agencia han conseguido mantenerse al margen de las demás. Algunos civiles que ocupan puestos de responsabilidad dentro de la NSA saben que los mandos militares se traen algo gordo entre manos, pero tienen las mismas posibilidades de descubrir qué es que el ciudadano medio.

Evidentemente, lo que sabe el ciudadano medio es aproximadamente lo mismo que sabe —o podría saber— la mayoría de los exaltados acerca de la NSA: con sede en Fort Meade, Maryland, a medio camino entre el Distrito de Columbia y Baltimore, fue creada a mediados del siglo XX. El acta del Congreso que estableció la organización garantizaba que no tenía por qué tomar nota, informar o, en cualquier caso, divulgar su presupuesto, el personal que trabaja para ella, sus recursos ni siquiera su función exacta. Se han publicado algunos libros acerca de la NSA y existe un museo en Maryland que conmemora los esfuerzos de la agencia en el campo de la descodificación. Y eso es todo, aparte de la afirmación transparentemente falsa de que la organización no posee ni ejerce ningún tipo de jurisdicción doméstica.

En otras palabras, incluso el cazador que conozca la diferencia entre la NSA y la NASA, por ejemplo, probablemente no sospeche que la agencia de contraespionaje está implicada en la lucha contra lo sobrenatural. Y a los ojos de la cúpula de la NSA, no lo está. Es más, lo último que haría un operario de la agencia sería hablar a un desconocido —aunque le salvara la vida— acerca de la identidad de sus jefes. Un chiste ya viejo atribuye a las siglas de la organización el significado "No Sé, Amigo", y lo cierto es que el Gobierno federal negó oficialmente durante años la existencia de la NSA.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."