Una vez se hayan encontrado los cazadores y los eruditos, es probable que los investigadores se preocupen de mantener el contacto. Los cazadores a menudo se dan por satisfechos si consiguen sobrevivir a otra noche. Llegar al fondo de los planes de un desconocido metomentodo, o dilucidar para quién trabaja, ocupa un puesto secundario respecto a la supervivencia, la protección de la familia y el intentar llevar algo que se parezca a una vida. Súmese a esto el hecho de que seguir la pista de un estudioso de lo arcano que no quiere ser encontrado está fuera del alcance de la mayoría de los exaltados, y así el grueso de buscar cualquier tipo de relación cazador-erudito recae sobre este último.
Estudiar a los Cazadores
Si un estudioso de lo arcano se encuentra con uno de los exaltados implicados en la caza, su primer paso será ponerse en contacto con sus colegas en la colonia, logia o sala capitular para solicitar ayuda. Puede que consulte a expertos en el campo de las habilidades humanas paranormales para ver si el cazador en cuestión está siendo ya objeto de estudio. De ser así, el erudito podría ponerse en contacto con aquellos de sus colegas que descubrieran primero al cazador, aunar recursos presentes y pretéritos y seguir a partir de ahí. Si el cazador es desconocido, el erudito que lo descubra probablemente consulte a otros y debata sobre la autenticidad de cualquier supuesta habilidad sobrenatural. La mayor parte de estas consultas podrían tener lugar en una misma logia bien equilibrada, pero los estudiosos de lo arcano no vacilan a la hora de intercambiar información entre logias si las circunstancias lo exigen.
Cuando un equipo de investigadores sospeche que un cazador exhibe lo que él tome por habilidades paranormales, podría establecer una vigilancia (lo que también podría suceder en situaciones más mundanas si el erudito en cuestión resulta ser particularmente suspicaz o paranoico). Este tipo de investigación tiende a imitar las actividades de un Scotland Yard de la época victoriana antes que las de los agentes de alta tecnología salidos de Langley, Virginia. La vigilancia resulta efectiva, no obstante. Engloba inspecciones aparentemente casuales efectuadas por transeúntes, seguimientos a distancia por medio de prismáticos, sutiles interrogatorios a testigos y la persecución del sujeto a pie o en coche. Los estudiosos de lo arcano más progresistas han aprendido a utilizar herramientas como cámaras de vídeo portátiles, equipo fotográfico de largo alcance, grabadoras ocultas, ordenadores (para comprobaciones de historiales) y micrófonos telefónicos. El erudito no solo deberá saber cómo utilizar este equipo, no obstante, sino que además deberá tener acceso a él personalmente, o tendrá que convencer a los directores al cargo para que aprueben su compra.
Asumiendo que el cazador no se dé cuenta de que está siendo observado (lo que resulta peligrosamente improbable, habida cuenta de los métodos de vigilancia tan arcaicos que utilizan los eruditos), el seguimiento durará «lo que haga falta». Por lo general, el erudito se mantendrá en su puesto hasta que se haya hecho una idea de los objetivos, métodos y personalidad del cazador. Cuanto más perspicaz sea el investigador y más acceso tenga a su sujeto, menor será el período de observación.
Trabajar con los Cazadores
Al término de un período de observación, el erudito determinará si el cazador resultaría adecuado como aliado o contacto de valor. Se planteará una serie de preguntas y se valdrá de su investigación para proporcionar las respuestas. La cuestión principal es: «¿Qué parece saber esta persona?». Si el cazador es alguien que dejó los estudios antes de acabar la universidad y cuyo repertorio sobre ocultismo parece reducirse a las leyendas comunes en torno al vampirismo, no es probable que el erudito lo juzgue demasiado útil. Aunque si ese inculto hubiera estado derramando gasolina encima de un nido de vampiros...
Otra pregunta importante es: «¿Qué podría esperar de mí esta persona?». Si el cazador pudiera exigir un precio a cambio de divulgar algún tipo de información, el estudioso de lo arcano debería decidir hasta qué punto merece la pena pagar ese precio. Un investigador perspicaz estará dispuesto a intercambiar información: lo que sepa su sociedad sobre los monstruos a cambio de la experiencia de primera mano con lo sobrenatural del cazador. Sin embargo, este tipo de intercambio puede tener un precio. El cazador puede aprovechar lo que descubra —tal vez qué espíritus parecen vinculados al mundo a través de objetos queridos— y utilizar la información para destruir seres de otro mundo. La erudición no sale beneficiada cuando un objeto de estudio es destruido. Por tanto, los investigadores cautos quizá intenten omitir cierta información que podría poner en peligro la investigación de criaturas específicas, y aun así llegar a saber más acerca de los exaltados.
La última pregunta que suelen formularse los estudiosos de lo arcano antes de forjar una relación con un cazador es: «¿Y yo qué saco?». Es dudoso que al erudito le merezca la pena perder el tiempo siguiendo la pista de un cazador, halagando su ego, aplacando sus temores, ganándose su confianza y ofreciendo un intercambio de información cuando es probable que esa persona la emprenda a golpes con el primer zombi que se cruce en su camino. El investigador necesita saber que su tiempo y esfuerzo redundarán en beneficios a largo plazo, o al menos que obtendrá algún tipo de recompensa. No es prudente trabajar con alguien que tiene todas las papeletas para resultar asesinado en cualquier momento. Y luego está el riesgo de que un cazador imprudente pueda llamar la atención sobre el erudito o el propio Arcanum. Un cazador tiene que ganarse el respeto del erudito antes de que pueda pensarse en efectuar algún tipo de intercambio provechoso.
Acercarse a los Cazadores
Cuando un erudito decide iniciar un diálogo, debe tener en cuenta una serie de factores. El primero es si piensa efectuar este acercamiento en solitario o con el apoyo de otros miembros de la logia. El individualismo puede ser preferible si se trata de acercarse a uno o dos cazadores. Arriesgarse a estar en inferioridad numérica engendra una cierta cantidad de confianza e infunde tranquilidad al sujeto, sobre todo si este no se espera la reunión. Acudir solo también permite al erudito proyectar una cierta aura de confianza y concentrar la atención de un grupo sobre él.
Sin embargo, a veces un erudito necesita respaldo. Dirigirse a un potencial contacto en masa hace que parezca que la logia representa algo mayor que sus miembros y evita que los exaltados se centren en un individuo. Esta exhibición de fuerza también puede intimidar a un cazador confiado, al menos lo suficiente para permitir que el erudito haga las presentaciones y vaya al fondo del asunto. Y en un sentido más práctico, estar acompañado de miembros de la logia puede ayudar a superar barreras, por ejemplo, idiomáticas, y proporciona seguridad.
A continuación, el erudito deberá resolver cómo acercarse al cazador. Podría organizar una cita por teléfono o correo electrónico. Podría dejar una nota bajo el limpiaparabrisas del coche del cazador. Podría publicar un anuncio por palabras en el periódico local que sepa que lee el cazador. Es posible incluso que el erudito pudiera reconocer la base del código del cazador y dibujar (lo que él crea que son) los símbolos apropiados por toda la ciudad con la esperanza de establecer contacto con el exaltado. Evidentemente, los elegidos se darán cuenta de inmediato de que dichos signos no son auténticos, lo que podría darles la impresión de que algún monstruo ha reparado en la existencia de su «idioma». Si llegaran a esa conclusión, los cazadores podrían ir en busca de quienquiera que esté falsificando los símbolos antes de que se extienda la noticia de la existencia del código o algún exaltado confiado pique el anzuelo. El erudito tal vez establezca contacto, sí, pero no en los términos con los que había soñado.
Mientras que algunos estudiosos de lo arcano prefieren métodos furtivos de introducción, otros se acercan directamente a los cazadores después de haber tomado la decisión de establecer un contacto prolongado. Los investigadores tienen a los cazadores de monstruos por un puñado de paranoicos y reconocen que los métodos clandestinos y amedrentadores de llamar su atención tienen más probabilidades de provocar el pánico que de facilitar la comunicación. Cuanto menos directo sea un erudito a la hora de llamar la atención de un cazador, menos probable es que se gane la confianza de esa persona. Por consiguiente, ya elija el miembro del Arcanum presentarse aparcando su coche junto a un cazador que huye de una casa encantada en llamas y gritando «¡Entrad!», o llamando directamente a la puerta del exaltado, el erudito lo hará en persona.
Acercarse a los Eruditos
Aunque rara vez sucede, es posible que uno de los exaltados detecte y se enfrente a un erudito antes de que el estudioso de lo arcano esté preparado. Un cazador orientado hacia la documentación podría darse cuenta de que hay alguien más consultando el mismo tema o las mismas fuentes, y decidirse a conocer a este camarada investigador. O los cazadores podrían tropezar inadvertidamente con los estudiosos de lo arcano vía Internet durante el transcurso de una investigación.
La tradición del Arcanum exige que aquellos eruditos que sean contactados por personas aparentemente desinformadas las traten con respeto pero sin confirmar nada que pudiera comprometer al Arcanum. Por tanto, los investigadores remitirán a dichas personas a las fuentes más convenientes de material disponible para el gran público (léase, fuentes mundanas e indudablemente erróneas). Si alguien se muestra persistente o parece poseer información genuina sobre fenómenos paranormales, el erudito podría concertar una entrevista. Si esa reunión resulta provechosa, el estudioso de lo arcano procederá como si hubiera sido él el que iniciara el contacto y evaluará al sujeto de cara a profundizar en su valor potencial para la sociedad.
Evidentemente, si el erudito se encuentra por primera vez con un cazador cuando este está sentado en el asiento trasero del coche del estudioso de lo arcano, blandiendo una pistola y exigiendo saber por qué lo siguen, el protocolo no resultará particularmente útil ni aplicable. En este tipo de situaciones peligrosas, los eruditos probablemente hagan lo que les hayan aconsejado los estudiosos de lo arcano más experimentados ante la posibilidad de toparse con un monstruo: proporcionar toda la información genérica que sea necesaria para apaciguar al ser y aprovechar la primera oportunidad de escapar que se presente. Algunos eruditos jóvenes tienen instrucciones de proteger el secreto del Arcanum a cualquier precio (incluso bajo la amenaza de muerte o tortura), pero los eruditos no son marines estadounidenses. Sea cual sea la importancia de su investigación o el valor de sus secretos, la mayoría de los estudiosos de lo oculto antepondrán sus vidas a todo lo demás. Un cazador verdaderamente «entregado» puede aprovechar esta circunstancia en su provecho, pero así eliminará la posibilidad de entablar una relación saludable con el Arcanum. Y, claro está, el erudito siempre puede llamar a la policía o defenderse si un cazador lleva a cabo una presentación violenta.
Romper el Contacto
Antes o después, el cazador o el erudito querrá interrumpir el contacto por un motivo u otro. El estudioso de lo arcano podría percatarse de que el cazador está atacando a criaturas que estudia la sociedad. El erudito podría ponerse cada vez más nervioso de tanto soportar la mirada vacua del cazador, o de escuchar sus relatos de violencia y terror. O el cazador podría resultar herido o meterse en problemas con la ley, lo que inspiraría al erudito a cortar lazos con él antes de permitir que su rastro conduzca hasta el Arcanum. En algunos casos, el presidente de una sala capitular podría desaprobar el contacto de un investigador con un «peligroso sociópata paranormal» y ordenar la separación. Aunque un erudito idealista podría rechazar o incluso ignorar dicha orden (a riesgo de perder su reputación o su posición dentro del Arcanum), pocos son tan osados.
Asimismo, un cazador podría decidir interrumpir el contacto. Quizá le frustre el que su aliado siempre se calle algo. A lo mejor le repele la aparente cobardía del erudito o su poca disposición a enfrentarse al adversario. O tal vez el erudito (sobre todo si lleva mucho tiempo en el Arcanum) demuestre ser inestable o estar loco. Quizá un cazador verdaderamente noble o ingenuo quiera proteger a su contacto de la exposición a lo sobrenatural, desafiando así la voluntad del erudito y ganándose un potencial adversario.
Con independencia de cuáles sean los motivos, los eruditos y los cazadores deberán hacer frente a las posibles consecuencias de la interrupción del contacto. Ninguno de ellos podrá saber con seguridad qué atisbo de verdad insospechada o facultad táctica podría haberle proporcionado el otro. Además, pueden surgir repercusiones inesperadas. Los cazadores probablemente subestimen la rapidez con que se propagan las noticias dentro del Arcanum. El colegio que estudia a los humanos dotados de poderes paranormales dispone de archivos. Los exaltados encajan en esa categoría. Si un cazador evita a un erudito y rompe el contacto, ese «espécimen» adquirirá una reputación. Cualquier esfuerzo futuro por dialogar con la sociedad probablemente resulte rechazado (a menos que el exaltado tenga algo realmente tentador que ofrecer). Si el contacto se cortó porque el cazador demostró ser una amistad peligrosa, los estudiosos de lo arcano más temerarios podrían tomar medidas drásticas. Podrían llegar hasta el extremo de interferir en la búsqueda del enemigo por parte del cazador denunciando a este a la policía, facilitándole información falsa o incluso advirtiendo al monstruo de las intenciones del cazador a cambio de información de primera mano acerca de lo sobrenatural.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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