Alguien muy sabio comentó una vez que es imposible controlar de verdad una red secreta. La NSA ejemplifica esa observación. En lugar de oficiales elegidos democráticamente sujetos a un sistema de sondeos y recuentos, la agencia tiene un trío de guerreros que tienden a ver las cosas desde un mismo punto de vista. Con la mejor de las intenciones por preservar la libertad y «el estilo de vida americano», el triunvirato de la NSA preside gracias a una auténtica campaña de terror que se perpetúa por medio de invasiones de la intimidad y violaciones de los derechos constitucionales de la ciudadanía.
Dado que los exaltados se ven empujados a incurrir en —a efectos técnicos— delitos debido a sus responsabilidades, algunos podrían llegar a simpatizar con las difíciles elecciones tomadas por la cúpula de la NSA. Ambos grupos se enfrentan a fuerzas que la mayoría de la gente considera folclore o sensacionalismo periodístico. Los cazadores verdaderamente atentos que descubran lo que hace la organización podrían pararse a pensar cuán prescindibles son. Lo cierto es que muchos ciudadanos corrientes de los Estados Unidos y otros países industrializados se han preguntado hasta qué punto resulta privada Internet gracias al control de la NSA y otras agencias gubernamentales, otra cuestión que se puede plantear cualquier exaltado acerca de hunter-net (aunque convendría que se la guardara para sí).
Los exaltados que escapen a la detención de los analistas de la NSA o que sean testigos de un asesinato de la agencia (y sobrevivan) podrían dudar de la ética de estas iniciativas. Por otra parte, pocos empleados de la agencia confesarán a los cazadores los actos horrendos que cometen en nombre de la seguridad nacional.
Lógicamente, algunos internos saben más que otros. Los agentes de campo que se enfrentan a repetidas inconsistencias o enigmas (léase, lo sobrenatural) mientras «eliminan amenazas alienígenas para la integridad del ejército estadounidense» podrían estar algo más abiertos a la verdad que pueden impartir los exaltados. En tal caso, el cazador podría recibir algunas verdades preocupantes a cambio.
Los miembros del credo Misericordia y algunos Celotes podrían sentirse especialmente ultrajados al descubrir que están siendo asesinadas personas poseídas o esclavizadas por sangre por culpa del desconocimiento de la NSA. Para enterarse de los programas de experimentación en el extranjero de la agencia, los cazadores tendrían que utilizar poderosas facultades sobre la persona adecuada de la forma correcta y además tener suerte, so pena de acabar detenidos. Ni siquiera los agentes de campo sabrán a qué se dedica esa división paralela a menos que sean enviados a uno de estos sitios en calidad de sujetos.
Los experimentos más agresivos se desarrollan en Haití, por diversos motivos. La cruda verdad es que lo sobrenatural abunda en la isla. Las tradiciones haitianas de culto ancestral y vudú implican que los fantasmas y los vampiros formen parte del imaginario común, y que por tanto estos seres estén por todas partes. Lo mismo se aplica a la negritud y pobreza, elementos que se combinan para que el algo menos que diverso personal de I+D racionalice más fácilmente el secuestro de nativos haitianos para experimentar con ellos. Una vez internados, los haitianos identificados como afectados de exposición a los ETD recibirán el mejor trato al que pueda aspirar un prisionero. No obstante, serán prisioneros, además de conejillos de indias, y a pesar de que la comida y el alojamiento dentro de las instalaciones de I+D superan lo imaginable para muchos isleños, nadie que entre en un laboratorio volverá a salir... con vida, al menos.
El cazador que de alguna manera descubra las monstruosas prácticas de la agencia en el extranjero podría verse empujado a sacarlas a la luz. Un cazador lo suficientemente necio podría intentar chantajear a la NSA con esta información. Dados los métodos de vigilancia casimágicos de la organización, no obstante, el hecho de ponerse en contacto con la NSA para formular exigencias («liberen a nuestro camarada», «encuentren al vampiro X», «destruyan al fantasma Y») equivaldría a firmar la propia sentencia de muerte. Entre los expertos forenses de la agencia (parte de su escuela de criptología) y sus numerosos superordenadores, la única manera de que un exaltado pudiera llevar a cabo su plan con éxito sería haciéndolo desde otro planeta.
Evidentemente, en función de a quién vayan a parar estas exigencias, el resultado podría ser una investigación interna que enfrente entre sí a los distintos departamentos de la organización. Recuerda que la mayoría de los empleados de la NSA no saben nada de las actividades del triunvirato dirigente. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el resultado final sea el mismo para el cazador extorsionista. Un inspector general de la NSA que descubra la vasta conspiración de su organización jamás la revelaría a ningún organismo ni individuo ajeno a la agencia. Pero sí que intentaría descubrir cuanto pudiera acerca de la persona que ha tenido los redaños de hacer tales amenazas. Sea como sea, los cazadores conseguirían bien poco (la porción consciente de la agencia tal vez pudiera ofrecer a un ser sobrenatural de poca monta con tal de encontrar la manera de atrapase o identificar a los chantajistas), y se forjarían un enconado enemigo.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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