El antiguo cuartel general del Círculo Órfico fue, en su día, un templo sacrificial amueblado como si fuera un museo y enmascarado como la mansión de un ermitaño. Su recóndito emplazamiento en un valle de las montañas Pindus de Grecia obligó a los artesanos que lo erigieron a vivir en la zona. Ninguno de ellos se imaginaba que no saldría con vida de aquel lugar. Los órficos pretendían que la estructura de piedra encalada fuese un refugio al que pudieran retirarse para satisfacer sus caprichos más tétricos y llevar a cabo los experimentos más cruentos para sondear los misterios de la mortalidad. En la actualidad, es una ruina calcinada, un monumento a la ambición desmesurada y hogar de un elenco de seres aún más siniestros. Para aquellos Narradores que deseen utilizar al Círculo y su sede intacta, el material que viene a continuación describe Taenarus antes de su destrucción.
Un bosque anormalmente poblado y unas colinas cubiertas de maleza inundan el valle que rodea la mansión. El edificio se yergue en el corazón de un claro de varios acres rodeado por una desalentadora verja de hierro. Al igual que el bosque laberíntico y el cielo perpetuamente nublado, la verja ha sido templada por un encantamiento. Tocarla atraerá a los perros (cuya respuesta alertará a los guardias armados), como si el intruso pulsara una cuerda tensa que emitiera un sonido que solo los animales pudieran oír. Acercarse a la puerta principal, que muestra el descenso de Orfeo al Inframundo, puede dejar al fisgón literalmente pasmado por la intrincada belleza de su herraje (también encantado). El curioso deberá superar una tirada de Fuerza de Voluntad, dificultad 7, para apartar la mirada de la puerta. Basta con un único éxito para inmunizar al sujeto a los efectos de la puerta. A continuación, una tirada de Percepción + Seguridad, dificultad 6, revelará que una porción de la puerta es una trampilla secreta que se abre al ser empujada. Evidentemente, esto alertará a los perros...
Las entradas que dan a los jardines y a la mansión están orientadas hacia el este. Un sendero de grava conduce desde la puerta hasta la estructura, que también tiene una puerta de hierro. El visitante pasa al vestíbulo principal del edificio de dos plantas. Justo enfrente se abre un patio rectangular flanqueado por dos amplias escaleras. En el piso de arriba se encuentran las habitaciones que los órficos utilizan para todo, desde la investigación y la meditación hasta la recepción de visitas y el asesinato. Bajando desde el patio encontramos una serie de patios cerrados que presentan distintos altares, jardines o estatuas a menudo de origen incierto (algunas están tan logradas que parecen personas reales convertidas en piedra).
Tres alas —norte, sur y oeste— constituyen la mansión. Las alas norte y sur, que flanquean el patio central, contienen las ya mencionadas habitaciones para uso del Círculo Externo, la gran mayoría de los órficos. El ala oeste de la mansión está reservada para las actividades del Círculo Interno, los nueve sacerdotes y sacerdotisas también llamados el Banco de Ébano. El Auditorio de la planta baja es la única parte del ala oeste a la que tienen acceso los miembros del Círculo Externo. Allí es donde se suben a un estrado de metal para solicitar el respaldo de sus líderes en diversos proyectos. El ala norte alberga un enorme salón de banquetes en el que los trescientos órficos pueden comer (o celebrar orgías). Un cuadro de grandes proporciones colgado en la pared sur de la sala representa una de las bacanales anuales del círculo —el Gran Festival de 1887— con todo lujo de detalles. En el ala sur hay laboratorios y una sala de operaciones completamente automatizada capaz de ser utilizada para diseccionar a un hombre lobo de tamaño natural. Asimismo, el ala sur es donde se reúnen los comités del Círculo, incluidos los diez miembros de Cerbero, el cuerpo que evalúa y propone a los candidatos que habrán de ser introducidos en la cábala.
En el exterior de la mansión hay dos helipuertos (los vehículos terrestres no pueden atravesar el bosque alterado por medios sobrenaturales; los órficos deben volar o caminar para llegar a Taenarus), un granero de piedra venido a menos, establos para los animales que vayan a ser sacrificados, y aposentos para el servicio de la mansión. Nótese que la distinción entre estos dos grupos suele ser difusa para muchos sectarios. La rotación del servicio es elevada porque muchas de estas personas, generalmente fugitivas de la justicia o refugiadas que ya se dan por muertas, terminan en los altares órficos. Todos los miembros de la servidumbre están ligados místicamente a la mansión y no pueden abandonarla voluntariamente. En el interior del granero hay una enorme plataforma camuflada que desciende sesenta metros hasta las Cuevas de Orfeo. Aquí, el círculo mantiene zonas rituales y una fosa común para los cuerpos de quienes rehúsen unirse a la secta. Los órficos pueden realizar estas "labores de limpieza" en una sala secreta llamada el Pozo, que se encuentra oculta frente al vestíbulo principal y contiene un tobogán de piedra pulida de noventa metros de longitud que desemboca en las cuevas subterráneas.
Merece la pena reseñar otras muchas estancias secretas de la mansión. No muy lejos del salón de banquetes, en el ala norte, hay una puerta que da a una bodega. Detrás de una estantería que ocupa toda una pared y está repleta de caldos procedentes de un viñedo olvidado llamado "Eurídice", se encuentra la entrada a los pasadizos secretos que comunican con el ala oeste, y también con una trampilla que se abre a los helipuertos. Solo los miembros del Círculo Interno conocen estas rutas y poseen las llaves necesarias para abrir las puertas. Por último, en la profundidad de las Cuevas de Orfeo encontramos los restos ya fuera de los límites de la incomparable biblioteca ocultista del círculo. El derrumbamiento del suelo significa que solo los más intrépidos se aventuran en la cámara. La pérdida de este recurso hace que su rescate o su sustitución (ninguna de las dos cosas es posible, pero se intenta realizar ambas de todos modos) constituyan la principal preocupación de la secta.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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