Removiendo el Fondo

Asunto: Renovado sentido del propósito
De: willowl2
Para: hunter.list@hunter-net.org

He estado ocupada.

Desde que decidí echar una mano a Oráculo171 para investigar ese nido diabólico que había encontrado en Grecia, las cosas han empezado a tener sentido. No sé cómo, perdí a Oráculo en Kalambaka, donde me había prometido organizar una batida. Pero encontré otro rastro en una pequeña aldea a escasos valles de distancia. Lo que queda de la aldea, quiero decir.

Todavía no sé muy bien cómo llaman al lugar las personas que viven aquí arriba. A lo mejor ni siquiera tenía nombre antes de que llegara su fin. Lo único que encontré fue algo que parecía una tienda de ultramarinos, unas cuantas granjas, una iglesia diminuta y un cementerio. Yo diría que aquello era una ciudad fantasma, pero es que incluso los fantasmas se habían largado de allí para cuando llegué.

Casi todos.

Si alguna vez habéis visto a esos fantasmas con pinta de cansados, más allí que aquí, os haréis una idea de cómo eran estos que os digo. Se animaron un poco cuando aparecí, y luego bastante más cuando se dieron cuenta de que podían hablar conmigo y que yo los oía. El problema era que todos hablaban griego menos el viejo que regentaba el supermercado. Su inglés no era para tirar cohetes, pero al cabo de un rato conseguí encajar algunas piezas.

Al parecer, incluso antes de la gran explosión que describió Ichmail, el valle que frecuentaban estos Feligreses tenía mala fama. Los lugareños no se acercaban por allí, aunque nadie sabía muy bien por qué. Lo que no logré entender fue esa historia acerca de un tal "Ícaro" que no dejaba de repetir el difunto tendero.

Pasé allí la noche y tuve un sueño de lo más intenso. Iba de un chaval que se cae del cielo. No tenía alas, pero había estado volando... no me preguntéis cómo sabía eso. Era evidente, nada más. Cayó a plomo en plena noche y aterrizó en el montón de heno de algún granjero. El granjero llevó al muchacho, que estaba herido pero vivo, al supermercado. Todos decían que había sido un milagro. El granjero compró unas medicinas para aliviar al chaval y se lo llevó a casa. Pasó mucho tiempo pero nadie había vuelto a saber del granjero. El tendero preguntó a sus vecinos por si alguien sabía qué había sido de Ícaro, que es como llamaban al muchacho. Todo el mundo le prometía que intentarían averiguar algo y se lo dirían, pero nadie regresaba. El tendero estaba preocupado porque ya nadie se pasaba por su tienda, solo los turistas. Decidió ir a visitar al granjero, y entonces apareció Ícaro en su tienda. El propietario le preguntó dónde estaba el granjero, pero era como si el chaval no lo entendiera. No sé por qué, pero el aspecto de este crío me daba miedo. El propietario salió del mostrador y me desperté gritando.

Todavía recuerdo el rostro del muchacho, y lo único en lo que puedo pensar es que no era ningún crío. Que era una especie de diablo.

Cogí mi pistola y una linterna, y busqué una pala. Cómo sabía que allí había algo que tenía que buscar, de nuevo, lo ignoro. Crucé la carretera que salía de los terrenos de la pequeña iglesia donde había estado durmiendo en el coche y me colé en la tienda entablada. Tardé un buen rato, pero encontré la escalera que bajaba al sótano. Tendría que haber estado cagada de miedo, pero no. El suelo era de tierra prensada, así que no resultaba fácil excavar. Ya casi había amanecido cuando encontré los huesos. Los huesos del tendero. Los desenterré y los metí en una caja vacía. Los saqué a la luz del día, crucé la carretera y me dirigí al cementerio de la iglesia.

Celebramos un sepelio digno, aquel puñado de patéticos fantasmas y yo. Todos salvo el tendero. A la luz del día, pude ver que los huesos parecían roídos, como si los hubiera rebañado algún animal.

Ahora puedo suponer dónde están los restos de los demás vecinos, pero creo que ya he hecho lo que he podido por ellos. Conduje hasta Atenas, imaginándome que allí podría tener acceso a algún ordenador. No sé cómo ni por qué, para cuando llegué ya había perdido todo el interés en seguir la pista de Oráculo. Tenía que encontrar al ser que había acabado con todas aquellas personas. No tenía ni idea de por dónde empezar.

Esa noche, volví a soñar con Ícaro. Esta vez sabía que no era ningún crío. Estaba sentado en medio de un charco de sangre en el que flotaban pegotes amarillos. Era la grasa del tendero. Esta vez, Ícaro habló, pero su voz era igual a la del tendero muerto. A su esposa no le gustaba la carne magra, dijo. A continuación se puso a chupar los huesos del comerciante.

Volví a despertarme gritando.

Me pasé como una hora diciendo "Jack Sprat" hasta que el nombre dejó de tener sentido y empezó a sonar más bien a Jack's Brat, el crío de Jack. No sabía lo que significaba, pero se me ocurrió que necesitaba ayuda. No recibí respuesta de nadie en hunter-net que estuviera más cerca que en Europa central, así que empecé a rebuscar en los archivos que tenemos en Europa. Me pregunté si no debería intentar encontrar a aquel sacerdote amigo de Lucius que vive en Creta. Al final, di con los antiguos mensajes de Ichmail. Allí me topé con esto:

»Caspar Bratovich — En todos los años que lo conocí, su aspecto apenas cambió nada. Pero sí que cambiaba, y se paseaba a plena luz del día, así que no era ningún vampiro.

Sea lo que sea (que no será el paleto preadolescente que aparenta), Caspar es increíblemente inteligente, fuerte y rápido. Con las manos desnudas, puede arrancarte el corazón mientras todavía late, y luego probablemente te sorba el tuétano de los huesos. No es ninguna metáfora. Se trata del jefe de seguridad del Círculo.

Las cursivas son mías. Aquella noche, volví a soñar con este "muchacho". Vi un castillo, de esos que salen en las viejas pelis de miedo, en lo alto de una montaña. Ícaro o Caspar o quienquiera que fuese estaba caminando a cuatro patas igual que un perro. Olisqueó el suelo y se perdió en el bosque. Luego surgió un murciélago del otro lado y empezó a sobrevolar el castillo.

Si no estuviera en Europa, podría arriesgarme a suponer dónde está ese sitio, pero aquí hay castillos repartidos por todo el continente. ¿A alguien se le ocurre alguna idea brillante?

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."