Narrador: Voto de Secreto

Dado que casi todos los supervivientes asistieron a la completa destrucción del clero órfico, técnicamente son libres del juramento místico que formularon al unirse a la cábala. Este encantamiento obligaba a todo aquel que "por obra u omisión, revelara la existencia de, los conocimientos considerados secretos por, o los nombres de los miembros del Círculo Órfico" a confesar esta infracción directamente a los nueve miembros del Banco de Ébano. Ahora, todos los supervivientes pueden comentar los secretos del culto sin experimentar esa repercusión mágica.

Sin embargo, comprender esa nueva realidad y ejercer la libertad que representa son dos cosas muy diferentes. El secreto estaba tan estrechamente ligado a la naturaleza del Círculo que violar el juramento podría tener funestas consecuencias psicológicas.

Pensemos en la grave situación de la otrora bibliotecaria de la secta, "Anni Besturo" para los amigos del Círculo, uno de sus incontables alias. En la actualidad, se esfuerza por no pronunciar (u oír) su verdadero nombre porque se parece a la palabra fine, "nueve", que activa un estado de fuga en el que cree que todavía existe el Banco de Ébano (llamado en ocasiones "Los Nueve"). La consecuencia directa es un estado cuasi infantil en el que es probable que se acerque al primero que vea y le pida ayuda para encontrar al extinto clero.

Evidentemente, la naturaleza del trastorno de la bibliotecaria encuentra sus raíces en la pertenencia al Círculo Órfico. El mismo principio se aplica a cualquier superviviente igual de traumatizado por la masacre de Taenarus y la carga de un juramento que ya es imposible cumplir. No hay dos antiguos sectarios que padezcan el mismo daño psicológico. Muchos de los supervivientes sobrenaturales no sufren estos efectos, y tampoco algunos mortales. Pero los Narradores que deseen complicar la acción de llegar a la verdad acerca del Círculo Órfico quizá quieran imponer un trastorno de este tipo a un antiguo sectario.

Las enfermedades mentales de este tipo suelen obedecer a una lógica irracional, y ciertas presunciones dictan qué supervivientes padecen una y cuáles no. Los seres sobrenaturales pueden tener experiencia con los entresijos de los juramentos. Del mismo modo, los mortales con valores de Ocultismo de 4 o más podrían saber en qué momento deja de surtir efecto el voto. Ambos grupos suelen ser inmunes a estos trastornos.

El enunciado del juramento establece que el infractor será ejecutado por el Banco de Ébano, y que el perjuro se propondrá "enmendar lo que pueda antes de su ejecución". Por tanto, hará falta una amenaza de muerte creíble para arrancar la verdad acerca del Círculo a la mayoría de los supervivientes.

Incluso a las puertas de la muerte, la creencia en la vigencia del juramento podría impulsar a algunos individuos a desvelar solo verdades a medias. Los cazadores que hayan leído los informes de Ichmail acerca de la cábala podrían pillar a un superviviente "confeso" en un renuncio. Enfrentado al descubrimiento de sus mentiras (la facultad de juicio, Desentraña, resulta útil en estos casos), el órfico podría ponerse realmente nervioso al darse cuenta de que tal vez no sea capaz de hablar con sinceridad acerca de la cábala. Los que quieran explicar por qué no pueden hacerlo podrían pasar por los mismos apuros. A fin de cuentas, el juramento en sí sin duda encaja en el apartado de "conocimientos considerados secretos por" del Círculo Órfico.

Por otra parte, algunos supervivientes trastornados podrían convertirse en auténticas cotorras... momento en el que la disonancia psicológica de su traición los impulsará a huir de su captor/interrogador, o puede que a "enmendar" la transgresión empleando la fuerza. Los cazadores que interroguen a un superviviente sojuzgado quizá se sorprendan si su cautivo acomete un intento suicida por liberarse... o por destruirlos a todos.

Los siguientes trastornos tienen cabida entre los sectarios que siguen temiendo romper su juramento. Se enumeran de más a menos común:

• Fuga: Traicionar las verdades del Círculo puede detonar fases de enajenación durante las que un antiguo sectario intentará encontrar al Banco de Ébano (sin embargo, no hay compulsión de fuga lo bastante fuerte que empuje a un superviviente a regresar a Taenarus). O intentará matar a cualquiera que haya escuchado sus revelaciones. Los cazadores podrían beneficiarse de una "fuga de búsqueda", siempre y cuando sepan qué está ocurriendo. Al seguir la pista de un individuo afligido, podrían llegar hasta otro antiguo sectario o al antiguo hogar de un órfico ya difunto. Al salir de un estado de fuga (cuando te parezca que se ha satisfecho de alguna manera el objetivo irracional de la persona), el superviviente no recordará nada de lo que haya hecho.

• Mentira patológica: El superviviente que padezca este trastorno solo podrá comunicar falsedades o verdades a medias acerca de la secta, aunque lo torturen. Estas mentiras irían desde el número de miembros del círculo hasta evasivas tan evidentes (para los exaltados, por lo menos) como el que un hechicero o un vampiro insista en que no había acólitos sobrenaturales dentro de la secta. Los supervivientes que padezcan este trastorno, rozando la histeria, podrían suplicar a su interrogador que les pregunte otra cosa ("No, en serio, que esta vez le digo la verdad, lo juro") para demostrarse a sí mismos que son capaces de romper el voto. El hecho es que no lo serán a menos que se les administren drogas —pentotal sódico, por ejemplo— que les obliguen a contestar subconscientemente.

• Histeria: Los afligidos por este trastorno deben ser conscientes de lo que han revelado o intentan revelar acerca de la cábala. Por consiguiente, los supervivientes que estén en fuga no padecerán histeria, mientras que los que mientan patológicamente mientras intenten decir la verdad podrían ponerse histéricos.

La histeria es impredecible, por lo que podrías lanzar un dado en secreto para determinar la gravedad de un ataque determinado. Un sistema consistiría en asignar distintos extremos de comportamiento según el resultado sea par o impar. Impar: El superviviente asume una postura fetal o es víctima de convulsiones durante un número de turnos igual al resultado de la tirada. Par: El superviviente grita, patalea, se muerde la lengua y se vuelve generalmente incontrolable durante el mismo tiempo.

Una alternativa consistiría en tratar la lista anterior de conductas violentas como una gradación de menor a mayor. Un resultado de 1 a 3 representa arrebatos de locuacidad. El 3 podría ser lo bastante escandaloso como para llamar la atención del entrometido vecino del cazador. Los resultados de 9 a 10 se corresponden con ataques tan violentos que un mortal maniatado podría liberarse de cualquier cosa menos resistente que unas esposas, o herirse hasta el punto de necesitar atención médica. En algunos casos especiales, las víctimas de la histeria podrían ofrecer información voluntariamente.

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