La tierra es esencial para la sociedad vampírica. De ella, los vampiros extraen la base de la mayoría de sus leyes e interacciones. Ya se trate de dominio territorial, de la relación parasitaria con la población local o del control (y gestión) de los distintos aspectos de una ciudad, el territorio desempeña un papel fundamental en cómo se desarrollan las políticas urbanas en una crónica de Vampiro: La Mascarada. Con las recientes oleadas de cambio, la ciudad está experimentando modificaciones en sus fronteras más conocidas. Los Vástagos que antaño conocían sus cotos de caza palmo a palmo, hasta los callejones sin salida, ahora se cuestionan cuáles son sus límites sin acarrear repercusiones.
Llevándolo un paso más allá, el entorno ayuda a construir tanto la crónica como las vidas nocturnas de los PJ. Una conocida teoría educativa, enunciada por Urie Bronfenbrenner y denominada teoría ecológica, sostiene que los seres humanos se desarrollan dentro de una serie de sistemas anidados —cada uno mayor que el anterior— que proporcionan las fuerzas ambientales capaces de moldearlos. Los vampiros no son una excepción. Desde la familia hasta la coterie, la banda y la manada, y de ahí al barrio y a la ciudad entera, todos estos factores se superponen para conformar el sistema ambiental del mundo de juego del Narrador.
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Para mi queridísima srta. Marley Giovanni:
Sé que ha pasado algún tiempo desde la última vez que contacté con usted, y espero que tanto usted como su familia se encuentren bien. Los logros de su estirpe en el West Side me asombran; el trabajo que usted y los suyos han realizado para reconstruir el corredor médico es sencillamente fenomenal. Me hallo en una situación de necesidad y desearía cobrarme el favor que me debe recurriendo a la «experiencia» de los Hécata.
H. Ballard





















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