Durante la siguiente década aumentaron en número y en poder. A medida que combatían a sus enemigos, meditaban sobre lo que habían aprendido en batalla y practicaban el mejor modo de defenderse contra ataques similares. Descubrieron cómo concentrar su propia voluntad como arma y resistieron los perores trucos de los demonios mediante la meditación y la plegaria. Aunque muchos cayeron en combate, los supervivientes reemplazaban a los caídos. Aquellos que habían perdido a sus seres queridos deseaban combatir a los monstruos que habían destruido sus ambiciones y sus familias, y los mejores de ellos eran aceptados en las filas de los Shih. A medida que crecían, se construyeron otros templos para acomodarlos a todos.
Los miembros más recientes aprendían la filosofía de los monjes y desarrollaban paciencia y disciplina. Sus cuerpos se endurecían con la practica y con la construcción de nuevos templos, mientras sus mentes eran agudizadas con acertijos y sus sentidos se habituaban a las trampas de los shen.
En sus viajes Yi conoció a una mujer, Heng-O, que era pariente de los espíritus acuáticos de los ríos. Hablaron de muchas cosas, y gracias a ella Yi descubrió que no todos los shen eran malvado. Mientras aprendía a distinguir a las criaturas benévolas de las destructivas, Yi pidió al padre de Heng-O la mano de su hija, recibiendo su aprobación. Heng-O dio a Yi tres hijos y dos hijas, siguiendo todos ellos los pasos de su padre y convirtiéndose en Shih.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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