En aquel momento los Cielos comenzaron a hacer notar su descontento con los Shang. Los líderes de los Chou, entre los que Yi había vivido, comenzaron a ver la necesidad de destruir a los corruptores shen. Aunque muchos de sus dirigentes no eran precisamente virtuosos, fueron más los que ofrecieron su ayuda al gran guerrero Yi y a sus poderosos chamanes.
Con el tiempo, los incesantes estudios de los Shih sobre sus enemigos les permitieron descubrir sus debilidades. Comprendieron que la plata era nociva para algunos de ellos, mientras que los diversos colores de jade solían funcionar contra las defensas de aquellos que se alimentaban de los humanos. Enseñaron sus descubrimientos a los suyos, e incluso inscribieron advertencias en huesos y caparazones de tortuga. Dejaban estas señales en las zonas en las que los shen tenían una presencia evidente, y aunque eran pocos los que podían leer estos mensajes, Yi insistía en mantener la práctica.
Los shen respondieron buscando a los Shih y tratando de destruirlos. Sin embargo, los demonios no estaban preparados para el silencio con el que se recibían sus preguntas. Los nobles no sabían nada de aquellos guerreros, y los campesinos que se beneficiaban de sus actos solían estar demasiado agradecidos como para decir lo que conocían.
Lo único que los shen descubrieron era que entre aquellos cazadores había hombres santos. Empleando su influencia con la nobleza, enviaron ejércitos por todo el país para acabar con los chamanes que no siguieran la fe corrupta de los Shang. En muchas zonas de la dinastía los soldados eran poco más que matones, y cualquiera que tuviera un arma se convirtió en su objetivo prioritario. En la sangrienta guerra contra los shen murieron muchos humanos, pero eso no preocupaba a los Kuei-jin, que en su horripilante carnicería se habían vuelto arrogantes y presuntuosos.
Extrañamente, los logros de Yi se habían producido casi por accidente. Lo que comenzó como una búsqueda por liberar a su padre de las garras de los demonios se había convertido en una batalla y después en una geurra que cambió la faz de China y marchitó el poder de los Kuei-jin en los siglos venideros.
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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