Parte 07: El Legado del Excelente Arquero

Muchos se acercaron para ayudar a Yi, pues todos podían ver el dolor de su gran sacrificio. Cada flecha le había robado diez años de su vida, por lo que ahora era más viejo de lo que nadie creía posible. Su respiración era entrecortada y las arrugas de su rostro parecían tan profundas como cortes. Incluso algunos de los soldados Shang se acercaron para intentar ayudarle, pero les dijo que estaba más allá de toda ayuda. "He destruido los falsos soles de los Kuei-jin, pero estoy cansado y deberé partir pronto a reposar con mis ancestros. Pero antes quiero ver a los shen expulsados de mi tierra, pues se han ocultado en ella durante mucho tiempo y no puedo soportar la idea de que sigan entre nosotros".

Y con estas palabras de Yi el combate se recrudeció. Muchos de los que habían combatido a los Chou desenvainaron sus armas junto a sus enemigos, convencidos de la sabiduría de las órdenes de Yi, el Excelente Arquero. El hechicero intentó descansar, respondiendo a las preguntas de los líderes Chou y guiándoles en la batalla contra los demonios. Aunque el combate fue sangriento y hubo muchos muertos en ambos bandos, Yi se mantuvo con vida hasta el fin.

La guerra se saldó con victoria y los shen fueron expulsados. Hubo una gran celebración en honor de Yi y Wu Wang, nuevo emperador de China, le ofreció muchos tesoros por sus servicios. Yi aceptó algunos de ellos y los legó a sus cinco hijos.

Cuando la celebración terminó, el hechicero habló una última vez a sus seguidores. "Mi hora ha llegado. Abandono este mundo ahora que sé que mantendrán la promesa de protegerlo de los espíritus maléficos que olvidaron sus deberes celestiales y cazaron a su pueblo. Los que me siguen seguirán a mis hijos y aprenderá de ellos, pues siempre tendrán mi guía".

Muchos se acercaron e hicieron el juramento de que obedecerían a los hijos de Yi, con cada voto se realizaba una ofrenda de sangre, y cuando todos terminaron el suelo alrededor de Yi estaba empapado de rojo. El hechicero invocó una última gran magia y empleó la sangre de los Shih como foco. Aunque había hecho a los Kuei-jin sufrir por su arrogancia, creía que aún necesitaban un último castigo. Gastó las pocas energías que le quedaban maldiciendo a todos los Catayanos, asegurándose de que nunca volverían a emplear de nuevo los cielos como un arma contra la humanidad. Desde entonces los Kuei-jin no podrán volver a resistir la luz del sol. Sonriendo tras completar su conjuro, murió.

Los Shih siguieron siendo un ejército en pleno derecho durante doscientos años gloriosos. Se movían por todo el Reino Medio y atacaban allá donde los shen se atrevían a asomar la cabeza y acosar a los mortales. A medica que avanzaban, algunos se establecían para crear nuevos monasterios y otros perecían en combate.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."