Armas Blancas

Nueve tiros de una Desert Eagle .357 y la jodida cosa sigue acercándose... ¡y encima se ríe! Algunas veces las balas no bastan para hacer el trabajo. Pero sigues teniendo que hacerlo, así que no te queda más remedio que ponerte un poco medieval. Eso significa enfrentarte con ellos cara a lo-que-quiera-que-llamen-cara. Eso significa recurrir a cuchillos, hachas, machetes o incluso espadas... cualquier cosa con tal de devolver a la cosa a su tumba.

La mayoría de las armas blancas son fáciles de esconder, al igual que la mayoría de las armas de fuego versátiles. Un cuchillo o hacha pequeña caben casi en cualquier parte. Pero, ¿son suficientes? Para utilizarlos tienes que encontrarte a centímetros del enemigo. Un machete o una espada son más largos y te proporcionan un poco más de distancia, pero no puedes esconderlos, así que elige con cuidado. Lleva contigo una hoja sólo cuando creas que vas a poder utilizarla: en emboscadas o trampas. Escóndela en las cercanías, en algún lugar que conozcas y de dónde puedas recuperarla con facilidad llegado el momento: unos arbustos, un cubo de basura o un contenedor. Pasear con una espada en la mano es la peor manera imaginable de llamar la atención.

Un arma blanca de calidad es pesada. Las técnicas modernas de forja y construcción permiten producir espadas relativamente ligeras y fuertes, pero dar mandobles con un metro de acero resulta, en cualquier caso, agotador. No es conveniente que el proceso de abatir a un enemigo acabe contigo.

Afortunadamente, las armas blancas de gran tamaño parecen angustiar bastante a los monstruos. La mayoría de ellos prefiere conservar los miembros, aunque sean capaces de regenerarlos. Guarda un machete o un sable de caballería en el garaje. Podría serte útil.

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."