Parte 13: 28 de Octubre de 1999

Cuando hoy he regresado a casa, había por lo menos ocho invisibles esperándome. Algunos de ellos llevaban pancartas. Una rezaba, "¡Ayúdame a encontrar a mi hijo!". Otra decía, "No podré descansar hasta que sea perdonado". Traté de fingir que no los veía, pero se arremolinaron a mi alrededor, agitando sus patéticos letreros y sus semblantes afligidos delante de mis ojos. Era más de lo que podía soportar. Grité, cogí el atizador de la chimenea y lo blandí salvajemente contra ellos. "Golpeé" a varios y entones escapé hacia mi coche. Afortunadamente, ninguno de ellos me siguió. Arranqué el motor y me alejé sin saber a donde me dirigía.

No sé lo que voy a hacer. Todos los "exaltados" a los que he conocido están muertos o se han apartado permanentemente de mi lado. Mi casa está infestada de fantasmas a los que no puedo ahuyentar ni dañar. He cometido algunos delitos graves. No me queda más que una herida en el rostro que desaparece poco a poco. Eso y mi convicción de que las fuerzas sobrenaturales son mucho más poderosas y están mucho más extendidas de lo que jamás me hubiera atrevido a sospechar.

Siento el impulso de volver con Rebeca. He estado solo durante demasiado tiempo. ¿Cómo es el viejo dicho? ¿"La familia es lo que te queda cuando todo lo demás te ha fallado"?

Pero ella nunca me creería. No sin pruebas. Y si los invisibles me siguieran hasta allí, estaría indefensa.

Si ese es el precio de la prueba y de algún consuelo pasajero, entonces es demasiado elevado.

No. Creo que tampoco iré a casa estas vacaciones.

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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR

"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."