Asunto: Apocalypse Now
Para: hunter.list@hunter-net.org
Estoy conectado desde el último lugar posible en la Tailandia septentrional: una terminal de pago con vistas a los mercados nocturnos de Chiang Mai. La batalla ha terminado con nuestra victoria. Las bajas cambiarán a los Templarios... para mejor, espero, pero he visto demasiado como para abrigar demasiadas esperanzas. Sauce12, lee esto cuidadosamente antes de venir aquí.
Comenzamos nuestra excursión hacia Karen Amarillo a la salida del sol, guiados por el miembro de la tribu. Todos los convocados del templo estábamos presentes: el Rey Ricardo, dos de sus misioneros ("Jacob" y "Noah", ambos muy entusiastas) y yo mismo. Todos ellos llevaban un traje que, por lo que me había dicho Ricardo, los protegía del mal e incluía la camisa y la corbata que siempre visten. No hice pregunta pero la verdad es que era un poco ridículo: me estaban dirigiendo hacia una aldea para purgarla de monstruos en compañía de la familia Osmond. Nueve de los más fieles creyentes de Ricardo, hijos de las heces de Bangkok, nos acompañaban, bien acicalados y vestidos con ropas similares a las de los Templarios. En conjunto, una docena de camisas almidonadas y una cazadora de supervivencia.
Nuestra llegada fue como la de los conquistadores de Cortes a Ciudad de México o el desembarco de Colón en el Nuevo Mundo. En aquel pueblo no debía de haber más de un centenar de personas y cada una de ellas se reunió alrededor de nosotros, con ojos y las bocas muy abiertas. El Rey Ricardo tomó inmediatamente el control, sonriendo abiertamente a todo el mundo y entregando los sacos de arroz y sal que habíamos traído con nosotros mientras explicaba con alegría nuestra misión: aplastar a lo que quiera que viviese en las ruinas situadas en las afueras de la ciudad. No pude comprender su explicación, la deduje de la manera en que todas la voces y las risas enmudecieron a un tiempo, dejando sola la voz de Ricardo mientras terminaba su parlamento.
Lo que realmente hizo que se callaran fue el fardo cargado de rifles M10 que, sin el menor juicio, Jacob decidió abrir mientras Ricardo hablaba. Los EE.UU. estaban aliados con Tailandia durante la Guerra de Vietnam. Cuando nos marchamos de allí, dejamos un buen montón de juguetes detrás de nosotros. Como dije antes, en Bangkok puedes conseguir casi cualquier cosa, normalmente a precios irrisorios. Bueno, esta pequeña sorpresa arrancó murmullos a la gente. Alguien comenzó a gritar. La multitud se apartó como la marea en reflujo y dejó a Ricardo solo, hablando a los sacos de comida que habíamos traídos. Los habitantes de la aldea los abandonaron tirados sobre la tierra, sin más. Y la verdad es que parecía que algunos de ellos la necesitaban.
Los Templarios comenzaron a distribuir rifles y cartuchos. Por la tarde, ya nos encontrábamos en marcha hacia el templo. No resultaba demasiado impresionante. Era un montón de piedras mugrientas cubiertas por enredaderas y ni siquiera alcanzaba las copas de los árboles. Más digna de atención era la estrecha línea de hombres de la aldea que bloqueaba el paso frente a la entrada, armada con un puñado de machetes y un par de rifles de caza. Considerando la desproporción de armamento, la suya era una postura valiente pero patética. De pronto, comenzaron a gritar al unísono que nos marcháramos. Entonces, comprendí. ¡Se suponía que estábamos allí para ayudarlos! ¿Cómo se supone que vas a rescatar a gente que no quiere ser salvada?
Por lo que se refiere al Rey Ricardo, la respuesta era tan sencilla como una bala. Fue una masacre. Fue entonces cuando descubrí lo lejos que estaban dispuestos a llegar los Templarios para llevar adelante su cruzada. No es de extrañar que me mantuvieran cerca. Me sentía enfermo. Fue algo horrible. Intenté apartar a un moribundo de la línea de fuego. Su rifle ni siquiera estaba cargado.
Ricardo era un psicópata y yo tenía que salir de allí. Pero, ¿qué podía hacer contra una docena de hombres armados? Nuestro guía también estaba temblando. Ricadro le habló mientras recargaba su arma. Puedo imaginarme lo que estaba diciéndole: había intentado lo mismo conmigo. Algo sobre hacer la obra de Dios y la promesa de un paraíso eterno. En su mente, un asalto sobre los defensores de un demonio (los habitantes de la aldea) equivalía a atacar al propio demonio. Los otros Templarios se lo habían tragado mucho tiempo atrás. Ni uno de ellos pestañeó mientras Ricardo vaciaba su cargador sobre aquella gente. Se limitaron a permanecer en pie, un poco inquietos, como si estuviesen esperando el comienzo de un partido de fútbol americano o algo similar.
Ricardo ordenó al guía que volviera al grupo. Entonces se volvió hacia mí: "¿También tú quieres escapar y salir corriendo, hereje?" Si quería pero, incluso si sus seguidores no me mataban mientras huía, ¿dónde podría ir?
Entramos en las ruinas.
No tardamos demasiado en encontrar lo que habíamos venido a buscar. Poco más allá de la entrada, un túnel se internaba profundamente bajo tierra y entonces se abría a una cámara tan grande que nuestras linternas no alcanzaban a iluminar la pared opuesta. Allí comenzó todo. Alguien debió de haber visto algo. Hubo una ráfaga de disparos. De súbito, todo el mundo comenzó a disparar a discreción. Oí que alguien gritaba y entonces nuestras luces se extinguieron.
Había cosas muertas allí. No me hacía falta la visión para distinguir la carne grisácea y nudosa y los ojos oscuros. Resultaban terroríficos bajo la luz de los destellos que despedían los cañones de las armas, como pesadillas de una película muda. Se parecían a los zombis sobre los que he podido leer aquí, pero se supone que los zombis se mueven lentamente. Uno de ellos se encontraba a un extremo de la cámara un instante y al siguiente estaba destrozando la garganta de un pobre muchacho. Iba a saltar hacia adelante, cuando Noah me arrastró de nuevo hasta la intersección. Ricardo y Noah se encontraban allí, escuchando y con los mecheros encendidos. Cada vez eran menores las detonaciones y más numerosos los gritos de agonía. "Están luchando bien", proclamó Ricardo, mientras encendía una bengala. Y entonces los pastores abandonaron su rebaño a los lobos.
No fuimos muy lejos. Incluso el Buen Rey Ricardo dejó caer su bengala cuando lo vio. Yo estuve a punto de vomitar. Era una cabeza, una jodida cabeza flotante, de la que pendían cartílagos y vísceras y que, enseñando los colmillos, esbozada una amplia y siniestra sonrisa. De entre aquellos labios deformados brotó una llamarada que nos envolvió. ¿Decían que los vampiros occidentales le temen al fuego? ¡Éste lo escupía!
Puede que aquellos trajes protegieran verdaderamente a los Templarios porque las llamas no hicieron más que danzar a nuestro alrededor. Comenzamos a disparar. Pero aunque nuestras balas arrancaban chispas a las paredes que rodeaban al monstruo, ninguna de ellas lo acertó. Alguien fue presa del pánico y todos corrimos en busca de la luz del día, arrojando las armas y el equipo a un lado. Finalmente, emergimos al sol de la tarde. A salvo.
La verdad es que no recuerdo haberme meado encima. Se suponía que era un vampiro. Leí sus informes. "Se deshizo como una pajarita de papel en un horno", "en cuestión de segundos se había convertido en cenizas". "El hijoputa ni siquiera tuvo tiempo de gritar". Bueno, pues nada de eso ocurrió.
¡La cosa nos siguió a plena luz del día, atrapó a Jacob y le partió el cuello como si fuera una ramita! Rodeó su cabeza con sus entrañas y lo giró como si fuera el tapón de una botella.
Se volvió y un horripilante ojo brotó de su frente. Cuando este ojo se encontró con los míos, la cosa sonrió abiertamente (como si no estuviera interesada en mi) y entonces se volvió hacia Ricardo. Este no hizo más que mirarla fijamente. Con la visión pude ver que algo, una especie de niebla, le era arrancado de su cuerpo. No sé lo que le estaba haciendo, pero Ricardo comenzó a temblar y a lloriquear como si le estuviesen succionando el alma. El espíritu del Rey Ricardo debía de ser muy fuerte porque combatió al monstruo el tiempo suficiente para que Noah clavara un palo afilado en la cabeza.
Cuando regresamos, la aldea estaba desierta. Escuché a alguien llorar en el interior de una de las cabañas y me sentí aterrorizado. Ojos hostiles me seguían. Saqué mi cartera y dejé la mitad de lo que me quedaba, por lo menos 2.000 dólares, sobre uno de los sacos de comida que permanecían abandonados allí. No era suficiente. Nada lo hubiera sido. No necesitaba hablar thai para saber que la cosa del templo era el centro de las creencias de la tribu del Karen Amarillo, un dios tan vengativo y tan real como un volcán en erupción. La cosa se merecía morir, supongo, pero me pregunto si las creencias de los aldeanos se lo merecían también, sin disculpas o explicaciones. Abandonamos la región y dejamos detrás de nosotros un recuerdo: el de aquellos cuyas propias creencias han saqueado los templos y fundido los ídolos de otras culturas a lo largo de los tiempos.
Si los Templarios compartían mis dudas, no parecían pesarles demasiado. Tan pronto como llegamos al samlor, Ricardo comenzó a describir a Noah un plan de proselitización del norte todavía más agresivo. Reclutaría nuevas tropas de choque entre los desgraciados y los desastrosos de Bangkok. Noah se preguntaba en voz alta cuántos pueblos olvidados podría haber en Tailandia. Les hice que me dejaran en las afueras de Chiang Mai y continué mi camino haciendo autostop.
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Fuerzas de Paz
Asia: Foris Boyce
Supervisora Regional del Asia SF.
Hong Kong
Estimada Sra. Boyce:
Tengo una pregunta un tanto extraña que espero sea capaz de contestar. Como sabe, nuestro observador de la corporación ha enviado mi equipo PC a Ye para inocular a la población local (en su mayor parte separatistas Karen) con las vacunas habituales.
Mientras se encontraba allí, Derek sufrió, como sabe, su accidente. Todos conocemos la triste historia de cómo ocurrió pero lo que me preocupa es la manera en la que reaccionaron los aldeanos. Después de que perdiéramos a Derek, no volvimos a ver un aldeano sin llevar una cinta amarilla anudada alrededor de la muñeca. Las cintas eran muy largas y llevaban hasta la cabaña del anciano de la tribu, "Viejo Bo", que no suele dejarse ver demasiado a menudo.
Cuando le pregunté a los aldeanos, me respondieron que las cintas impedían que sus mariposas se alejaran volando para unirse a Derek. Viejo Bo simplemente sonrió e hizo ver que no comprendía el inglés.
También le pregunté al Sr. Bucholz, quién se rió y dijo que los nativos podían atarse con todos los lazos y cintas que quisieran, que lo mismo daba.
Le estaría muy agradecido por cualquier luz que pudiera aportar sobre este asunto.
Sinceramente suya,
Allison Narváez.
P.D.: por cierto, estoy completamente a favor de las vacunas pero, ¿es necesario llevar a cabo la operación bajo la supervisión de un observador de la compañía? ¿Se trata simplemente de una cuestión de financiación?





















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