Anatomía de la Fe

Del diario de Joshua Talbot, con fecha del 14 de febrero

No tenía por qué haber llegado a esto. Quienquiera que regentara ese lugar sigue rebuscando entre las ruinas de la iglesia, y lamento su pérdida tanto como la muerte de Melissa. Los dos hemos derramado sangre. Así es como empiezan las guerras.

Por lo que puedo intuir, Anthony entró allí y abrió la espita de gas de la cocina. Probablemente tapó la fuga con un paño húmedo para absorber el olor que añade la compañía del gas, por lo que tardó un rato en propagarse. Por eso Jason y yo estuvimos a punto de perder el conocimiento después de permanecer allí tanto tiempo. Acumulación progresiva. El muy cabrón quitó las bombillas y cortó los cables para crear contactos abiertos. Supuso que si el gas no acababa con ellos, una simple chispa se encargaría de rematar la faena. Eso es lo que ocurrió con los pobres diablos que oímos llegar a casa. Ni siquiera sé si formaban parte de todo esto. En cualquier caso, de no ser por aquel túnel en la trastienda de la iglesia, Jason y yo también estaríamos muertos ahora. Todo el mundo está haciendo horas extras a costa de este fiasco. Serena está recabando información acerca de la historia de la Inquisición, ya que fueron tan amables de documentar su pasado. Había demasiadas cosas raras en aquella iglesia como para pasar por alto una posible conexión. Jason no pierde de vista los restos de la iglesia para seguir la pista a todo el que se acerque. Jeff se ha centrado en el enfoque sobrenatural con SdE. Yo personalmente no quería que Paul se implicara después de lo que pasó la última vez, pero siempre viene bien para aportar datos.

Perspectiva General Histórica

Joshua,

Me voy a quedar bizca con esta investigación. La Inquisición era sanguinaria, y si estos tipos modernos son la mitad de hijoputas que sus ídolos, no estoy segura de que Anthony no hiciera lo correcto. Esto es lo que he encontrado.

La Inquisición no oficial surgió en una campiña a las afueras de Clermont, Francia, en 1095, cuando el papa Urbano II convocó la primera Cruzada contra los musulmanes que ocupaban Jerusalén. Fue una Inquisición en todo salvo el nombre, y sin duda inspiró otros ataques contra herejes locales como los cátaros franceses. Los cátaros creían en la reencarnación; su verdadero crimen, no obstante, consistió en discrepar con la Iglesia Católica. Si de algo tuvieron la culpa los cátaros, fue de incurrir en la ira de Domingo de Guzmán, que inspiró a título póstumo la formación de la Orden de los Dominicos. En vida, se dio cuenta del atractivo que tenían los cátaros y empleó sus propias armas contra ellos. Administraba una orden de monjes menesterosos que habían renunciado al materialismo del mundo secular, y que gozaban de una exquisita educación (al contrario que los sacerdotes iletrados de la época). Domingo fue el líder espiritual que impulsó la erradicación de la herejía cátara.

Los dominicos eran despreciados. Estos monjes, supuestamente pobres, espiaban a la gente y eran unos expertos en el arte de conservar archivos y reunir información. No es de extrañar que el papa Gregorio IX decretara una bula papal en 1233, según la cual los dominicos serían los responsables de haber exterminado toda herejía. A partir de ese momento, los dominicos se volvieron tristemente famosos por sus prácticas, entre las que se contaba el auto de fe o «auto de fe», en el que quemaron a los herejes, y la utilización de la tortura, sancionada por el papa. Nótese que el verdadero objetivo de la Inquisición en esta época era la herejía y los paganos, no la brujería. En los albores de la historia de la Inquisición, era ilegal creer en brujas y hechiceros, so pena de «perder la fe». Más tarde, en 1484, el papa retiró ese decreto y afirmó que la brujería existía. Todo aquel que no creyera en la magia o la hechicería negaría la infalibilidad del papa, y era tildado de hereje.

Este giro llegó a tiempo de ver en acción a la Inquisición española, ejecutora de comadronas, judíos, musulmanes y otros inocentes bajo la supervisión del inquisidor general Torquemada (por cierto, la bandera que has descrito era su escudo de armas). Esta Inquisición no respondía ante la Iglesia Católica, sino ante el rey Fernando y la reina Isabel de España (gracias a la bula papal del papa Sixto IV). La Inquisición española duró doscientos años, durante los cuales la Inquisición católica siguió campando a sus anchas, reforzada por libros como el aborrecible Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas, que justificaba el salvaje tratamiento dispensado a las brujas e incluso recomendaba varias torturas). Atacaron la brujería, diezmando aldeas enteras fundándose solo en rumores. En ciento cincuenta años, la Inquisición se cobró la vida de treinta mil brujas.

Más tarde, cuando emergieron nuevas amenazas como los protestantes y los reformistas, el Vaticano sancionó el nombramiento de nuevos inquisidores, lo bastante cultos y sofisticados para combatir estas herejías con la misma inteligencia (y que no eran tan corruptos como los dominicos, supongo). La llegada del siglo XVI nos dejó a los jesuitas. Para ahorrar a los jesuitas el odio que se profesaba a los dominicos, la Inquisición pasó a llamarse el «Santo Oficio», cuyos deberes no iban destinados tanto a mantener la pureza de la fe como a asegurar la estabilidad de la Iglesia.

Con el transcurso de los años, el Santo Oficio comenzó a concentrarse menos en la condenación al por mayor y más en aquellos que amenazaban el statu quo. Sin embargo, eso no quiere decir que se tornaran más comprensivos. El Santo Oficio se volcó contra los protestantes, los reformistas, los magi (rosacruces, francmasones), científicos y cualquiera que erosionara la estructura de poder de la Iglesia Católica o refutara el Génesis. Afortunadamente, llegados a ese punto el poder de la Iglesia se tambaleaba bajo su propio peso. Los Estados Unidos eran anticatólicos mientras que Alemania y Gran Bretaña se convertían al protestantismo, lo que creó refugios para aquellos librepensadores que desafiaban la doctrina de la Iglesia. Incluso el gobierno de Napoleón redujo brevemente la presa de la Iglesia sobre Europa, aunque eso no impidió que el Santo Oficio excomulgara, torturara y encarcelara a doscientas mil personas en los fragmentados Estados Papales entre 1823 y 1846.

Piensa, Joshua, que esto es historia real, no esas chorradas sobre conspiraciones de Baigent y Leigh que tanto le gusta leer a SdE. La Iglesia admite este sanguinario pasado, lo que hace que me pregunte qué será lo que niega todavía.

La Inquisición (o Santo Oficio) perdió fuerza gradualmente, pero nunca desapareció del todo. Los papas intentaron restaurar su fervor original en numerosas ocasiones con iniciativas como el Movimiento Modernista Católico, que pretendía formar un plantel de sacerdotes cultos y eruditos versados en las artes de la oratoria para combatir la erosión de la ortodoxia escrituraria y promover la infalibilidad del Vaticano. Sin embargo, la formación de estos sacerdotes era tal que reconocieron las inconsistencias de la Biblia y la naturaleza demasiado humana del papa. Muchos abandonaron el programa menos seguros de su fe que antes, mientras que otros hablaron abiertamente contra la propia Iglesia. Esta degradación fue representativa de los estertores que sacudieron a la Inquisición durante los siglos XIX y XX.

Aunque no te lo creas, la Inquisición existe todavía, pero bajo otro nombre. Se convirtió en la Congregación del Santo Oficio en 1908, y en la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1965. Solo un apunte, somero pero inquietante: corre el rumor de que la "Inquisición" ha dado Occidente por imposible y ahora se esfuerza por aumentar el poder del Vaticano concentrándose en los países del Tercer Mundo de toda África, Asia y Sudamérica. Además, parecen empeñados en investigar avistamientos de la Virgen María por dos posibles motivos. El primero es que se cree que tales visitaciones vaticinan el fin del mundo, mientras que la segunda teoría afirma que los avistamientos señalan el fin del catolicismo. Lo verdaderamente interesante es que estas teorías derivan de la «Tercera Profecía de Fátima».

Fátima era una pequeña aldea portuguesa. Durante la Primera Guerra Mundial, una joven llamada Lucía dos Santos, acompañada de dos primos, vio supuestamente a la Virgen en tres ocasiones. Tras convertirse en monja carmelita, Lucía dio cuenta por escrito de dos de las profecías, pero estaba demasiado horrorizada para transcribir la tercera. Un sacerdote la convenció para que lo hiciera, a lo que accedió en 1944. Se la envió al obispo de Leiria, que a su vez la cedió al Santo Oficio porque él no «se atrevía» a leerla. El Santo Oficio hizo lo mismo, no obstante. La remitieron al cardenal de Lisboa. Ante la insistencia de Lucía, la carta permanecería cerrada hasta su muerte o hasta 1960, lo que acaeciera antes. En 1957, con Lucía aún con vida, el Santo Oficio recuperó la carta. Después de que el papa Juan XXIII y el cardenal Ottaviani la leyeran, declararon que su contenido habría de permanecer en secreto.

Hasta hace poco, la tercera profecía de Lucía seguía siendo un misterio para todos salvo los papas y el prefecto del Santo Oficio. Nadie decía nada. Aparentemente el contenido atemorizaba al Vaticano. Cualquier alusión a la carta era siempre evasiva. Entonces, de repente, el papa Juan Pablo II reveló la tercera profecía al mundo, pero el contenido resultó ser más bien decepcionante dada su leyenda. Algunas personas teorizan que la Iglesia sacó a relucir una imitación o una versión censurada de la auténtica, que todavía permanecería escondida en lugar secreto.

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