Debido a su reducido número, los Benandanti rara vez se encuentran con algún ser sobrenatural al que no hayan buscado a propósito... o viceversa. Sin embargo, el azar y las artes mágicas de la secta, que podrían confundirse fácilmente con las asociadas a la nigromancia o al culto a los demonios, han arrastrado a los miembros a ocasionales conflictos con la Inquisición (véase el Capítulo 1). Solo un puñado de místicos centenarios recuerdan de primera mano la última vez que estos grupos se enfrentaron. Empero, muchos Benandanti conocen las historias de la horrible época posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando los inquisidores intervinieron en las pugnas sectarias de los místicos, interrogaron y torturaron a algunos de sus miembros, y contribuyeron a la erradicación de la facción Resurreccionista.
Desde principios del siglo XX, los inquisidores y los Benandanti han conseguido eludirse mutuamente. Los recuerdos de las persecuciones de antaño siguen aconsejando a los místicos actuar con discreción. Los cazadores, con sus habilidades milagrosas y sus supuestos mensajes del más allá, podrían parecer a los Benandanti informados los más fervientes guerreros de la Inquisición. En estas circunstancias, cualquier alianza entre los místicos y los exaltados estaría marcada por la cautela y probablemente duraría tan solo lo mismo que cualquier crisis inmediata que los hubiera reunido. A su término, los Benandanti prudentes se escabullirían con tanta discreción como les fuera posible. Si volvieran a cruzarse con los mismos exaltados, es probable que los místicos anticiparan el antagonismo. Lo cierto es que poco pueden hacer o decir los exaltados para ganarse la confianza de los Benandanti. La mejor perspectiva de relación cordial es el descubrimiento mutuo y pacífico por parte de un místico y un Ermitaño. Sin embargo, incluso este tipo de encuentro presenta la semilla del desastre. Si el Benandante toma al exaltado por un fantasma y lo ataca, pero no consigue matarlo, podría declararse una guerra entre sus respectivos aliados.
Los Condenacionistas probablemente alzarían en armas a su bando, o al menos enviarían unos cuantos fantasmas al campo contrario para comprobar el temple de los cazadores. Los Aislacionistas y los Redencionistas discutirían argumentando que convendría aprender más cosas acerca de esas personas que poseen poderes que podrían resultar de utilidad en las batallas de las sectas. Las disensiones de la comunidad podrían encallarse o preludiar la forja de un vínculo con los elegidos. Si se alcanzara una alianza incluso después de tantos conflictos, todavía cabe la posibilidad de que un agente impredecible desequilibre la balanza: la Inquisición. Antes de ver cómo los miembros de sectas rivales corren el riesgo de dar con sus huesos en las mazmorras de los inquisidores, casi cualquier Benandante delataría a un cazador con tal de salvar la vida de sus colegas o la propia.
Los exaltados, asumiendo que no crean que los Benandanti no son nada más que hechiceros poderosos y perversos capaces de frustrar la segunda visión, podrían estar más dispuestos a recabar información acerca de los místicos. Evidentemente, la mera inspección por parte de unos curiosos «conscientes» podría dar motivos a los místicos para temer las intenciones de los cazadores. En cualquier alianza que pudiera surgir, los exaltados serán casi invariablemente los pretendientes de las tímidas doncellas de los Benandanti.
Tras años de colaboración poco entusiasta, un grupo de Benandanti progresistas podría quebrantar todas las normas de la secta e invitar a un Ermitaño o tal vez a un Celote con Atraviesa a un Raduno. Si surgiera un enfrentamiento, el mero choque cultural bastaría para enviar corriendo a cualquier exaltado presente a los impersonales brazos de Hunter-Net. A ese nivel de entendimiento, dos revelaciones peligrosas podrían arrojar una luz poco favorecedora sobre todos los Benandanti. Se descubriría la «eugenesia ocultista» practicada por la ya desaparecida facción Resurreccionista, que pocos místicos comentan en detalle por el azoramiento que les provoca. La otra sería el descubrimiento de cuántos de estos místicos, a lo largo de los siglos, se han sumado a un grupo cuya sola mención trae ominosos recuerdos para los veteranos de Hunter-Net. Lógicamente, por reservados que sean los Benandanti, pocos habrán oído hablar del Círculo Órfico...
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LA CRÓNICA DEBE CONTINUAR
"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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