Los Redencionistas se ven impulsados a ejercer de guías para los fantasmas, a los que consideran almas que no comprenden que han fallecido. Y sin embargo, la compasión resulta cada vez más difícil de abanderar —o defender— a medida que la tormenta infernal puebla el mundo de los vivos con espíritus que parecen dedicados a la destrucción.
Algunos Redentores responden a los retos que plantea la tormenta —que ellos llaman las Contracciones— con devoción redoblada, oración y esperanza. Pero son cada vez más los que sienten que ya no pueden ignorar el punto de vista de los Condenacionistas. Estos místicos abatidos empuñan la espada de hinojo y se suman a la batalla muy a su pesar, a menudo rogando por el perdón de sus actos. Algunos desertan al bando Aislacionista y también se convierten en luchadores, aunque más dedicados a la defensa de los vivos que al castigo de los perversos muertos.
El énfasis de los Redencionistas en el perdón y la comprensión está muy influido por el trasfondo religioso de los miembros de la secta. La fe guía casi todos los aspectos de las vidas públicas y secretas de estos místicos. El aprendiz de un Redencionista suele ser además el ahijado del místico: muchos Benandanti se proclaman padrinos durante el bautismo de sus jóvenes pupilos, y muchos
juran guiar espiritualmente a estos pequeños. Los Redencionistas siempre se toman este juramento con la mayor seriedad.
En algún momento de su historia, el veto a las mujeres dentro de la secta coincidió con el que observaba el episcopado católico, y estas dos afiliaciones a menudo iban de la mano para los Redencionistas. Los domingos por la mañana, el dúo formado por el maestro y el aprendiz Redentor ayudaba al sacerdote de su parroquia durante la misa, con el joven actuando de monaguillo y el mayor de diácono. Los domingos por la tarde, los místicos volvían a reunirse para oficiar los servicios funerarios.
En muchas ciudades europeas antiguas, sobre todo en la Italia rural, los Benandanti Redencionistas se esforzaban para que los ocupantes de los cementerios descansaran en paz (y también sus vecinos vivos). Los Redentores se ponen sus talismanes y buscan espíritus abandonados o enfadados entre las tumbas. El procedimiento estándar para encontrarlos consistía en limpiar y bruñir una lápida, colocar flores frescas y ofrecer oraciones por el difunto, si es que se podía reconocer su identidad. Los Redencionistas encontraban estas actividades notablemente eficaces para evitar las incursiones de espíritus solitarios.
En ocasiones, estas atenciones se merecían la confianza de una aparición y abrían los cauces de comunicación con ella. Lo que sucediera después solía depender de los motivos del difunto. El alma engañosa podría intentar utilizar a los Benandanti como herramientas en su búsqueda de venganza u otro tipo de represalia. El fantasma honesto podría reclutar a los místicos para culminar una obra inacabada. Encontrarse con un espíritu furioso solía proveer a los Redencionistas de cierta comprensión de su condición... y en ocasiones de nuevas pruebas relativas a algún crimen sin resolver.
Las actividades de los Redentores los constituían en miembros valiosos de sus comunidades. Los ciudadanos e incluso los sacerdotes recurrían a ellos para practicar exorcismos cuando fuese necesario. Los aldeanos siempre protegían a los Redencionistas en los tiempos en que la Inquisición campaba a sus anchas. Pero incluso estos Benandanti guardaban celosamente sus secretos. Si se les preguntaba, presentaban sus talismanes y espadas de hinojo como reliquias sagradas heredadas de antepasados devotos. Aparte de estas mentiras piadosas, los vecinos no formulaban más preguntas y los místicos no ofrecían más información.
En la actualidad, la situación está más complicada para los Redentores. La integración de la mujer en la secta ha terminado con la comodidad con que encajaban los Redencionistas en la estructura parroquial. Los efectos de la tormenta infernal obligan frecuentemente a estos místicos a elegir entre sus principios y la conveniencia. Muchos cementerios antiguos rebosan de fantasmas en busca de refugio o están sitiados por espíritus iracundos que pretenden arrastrar a todos los muertos —y los vivos— a la tormenta con ellos. Peor aún, los cementerios son "salas de maternidad" ideales para los muertos vivientes, muchos de los cuales son tan agresivos como poco comunicativos. A pesar de estos impedimentos, se puede esperar de los Redencionistas que sigan adelante con fe (aunque no siempre con fe católica, de un tiempo a esta parte), e incluso gratitud por lo que consideran unos dones escasos y preciados.
La voluntad de los Redencionistas por mejorar las cosas y buscar soluciones no violentas a cualquier posible problema los acerca al credo de los Redentores. Su inamovible fe y voluntad de comunicarse con los muertos también los asemeja a algunos Inocentes.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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