Como sugiere el nombre de este colectivo, los Dannati creen que a las almas de los muertos que permanecen ligadas a la Tierra solo les corresponde un lugar: el Infierno. Intentan dispensar a tantos fantasmas como les sea posible lo que un buen Condenacionista considera una penitencia pospuesta. El tamaño importa para estos cazadores de fantasmas, y algunos llegan a competir incluso por ver quién se ha cobrado más «piezas». Evidentemente, puesto que los fantasmas dejan poco a su paso que pueda utilizarse de trofeo, algunos de estos místicos tienen más imaginación que sangre fría. Empero, los años de entrenamiento convierten a la mayoría de los Dannati en adversarios temibles para el fantasma medio.
Mientras que un Redencionista enfrentado a una persona poseída podría intentar convencer al espíritu para que se aleje, el Condenacionista probablemente utilice su espada de hinojo para expulsar al invasor. Después de exorcizar con éxito a un fantasma, todos los Dannati consideran que disponen de las pruebas necesarias que demuestran sus malévolos propósitos. Si el «espíritu maligno» recién expulsado no es arrastrado de inmediato por los vientos fantasmales (como ocurre tan a menudo en la actualidad), el Condenacionista continuará su asalto. En lugar del leve empujón que propinó a la criatura mientras esta seguía resguardada por un cuerpo mortal, atacará al fantasma hasta que desaparezca de su vista. Para los espectadores que carezcan de Segunda Visión, el místico parecerá estar espantando insectos. Los cazadores, claro está, pueden ver cómo el espadachín hiere a su adversario igual que si utilizara un objeto afectado por la facultad Atraviesa.
Nótese que cualquier posible delicadeza con que afronte un Dannato el proceso de exorcismo tendrá más que ver con su preocupación por mantener intacta su espada que con la preocupación por el bienestar de la víctima de un poseedor. Los Condenacionistas son célebres por hacer gala de una actitud que podría interpretarse caritativamente como «cariño hosco». Estos rudos maestros cometen la mayoría de los delitos que se califican de abuso de aprendices dentro de la secta. El abuso sexual de un joven aprendiz está gravemente censurado por los Benandanti y por tanto es infrecuente... pero ocurre. Las crueles técnicas de entrenamiento, como abandonar al aprendiz en las tierras de los muertos para que aprenda respeto o aguce el ingenio, son la especialidad de los Condenacionistas. No todos los aprendices saben que existen otros Benandanti, por lo que algún desesperado podría pedir a los exaltados que lo rescaten de un maestro intolerable.
Ha de comprenderse, no obstante, que los Dannati son implacables en su trato con los fantasmas, y esta actitud suele influir en su relación con los vivos. Los cazadores que enojen a alguno de estos místicos podrían terminar lamentándolo. Según cuál sea la falta de escrúpulos que les enseñe su trabajo, los Condenacionistas suelen terminar ganándose la vida en la frontera de lo legal, ya sea como investigador privado o guardaespaldas, como policía o ladrón. Los fantasmas, adecuadamente intimidados, pueden ofrecer todo tipo de información, desde quién y cuándo apretó el gatillo, hasta qué mostraba la pantalla del ordenador de alguien cuando creía que nadie miraba. Algunos Dannati podrían utilizar esta información directamente, mientras que otros podrían extorsionar a los muertos para que llevaran a cabo algún trabajo sucio para ellos.
«Entrometerse» en lo que un Condenacionista duro de mollera entienda por asuntos de la secta podría ser algo tan nimio como que un cazador hable de la «verdadera naturaleza» de los fantasmas con el aprendiz del místico. Los Benandanti menos volátiles deberán sufrir amenazas contra su propia integridad, la de sus aprendices o sus talismanes para responder agresivamente. Por otra parte, incluso el Redencionista más moderado estará dispuesto a recurrir a la violencia para recuperar una espada de hinojo o un talismán robado.
La confianza de los Condenacionistas en los métodos violentos o destructivos los asemeja a los Vengadores e incluso a los Descarriados. Se diferencian de los Jueces en que los Dannati consideran motivo de ofensa y por tanto de erradicación al propio ser, con independencia de cuáles sean sus actos.
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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."





















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