Ecos de los Muertos

Asunto: Re: ¿A alguien le suena algo de esto?
De: tarjiman220
Para: hunter.list@hunter-net.org

[Guardián ha leído el mensaje de Loto19 y me ha pedido que traduzca su respuesta.]

Al leer el mensaje los señores Rembrandt y Rubens, me he acordado de una historia que hacía años que no me venía a la cabeza. Un policía me habló una vez de la rivalidad que existía entre dos miembros de lo que él llamaba los "boulevardiers". Según a quién preguntaras en Marsella por aquel entonces (década de los treinta), estos hombres constituían una logia parecida a los francmasones, un cónclave de magos negros o los modernos herederos de los caballeros templarios, con espadas y todo.

El caso es que uno de estos rivales era primo del jefe de la policía de la ciudad. Tras una pelea en la que Caucionnier, el más corpulento de los dos, dejó tuerto al primo del policía, Disenét, el más menudo, juró vengarse. Contó a su primo el jefe de policía, cuya corrupción y brutalidad eran célebres, que el hombre que le había herido en el ojo llevaba siempre encima una bolsita colgada del cuello. En esta bolsa, afirmó Disenét, guardaba un zafiro de incalculable belleza y valor. Si el jefe arrestaba a ese hombre por agresión y se quedaba la gema, Caucionnier no podría quejarse. La razón, dijo Disenét, era que los Boulevardiers conocían una antigua receta para crear tales piedras preciosas a partir de un polvo insignificante. Disenét insistió en que antes de revelar públicamente el secreto de la sociedad, Caucionnier se vería obligado a fabricar otro zafiro.

Sin demora, el policía arrestó a Caucionnier. Cuando intentó separar la bolsa del cuello del hombretón, se desataron los demonios. Cinco agentes —uno de ellos el mismo que me relató esta historia— hicieron falta para someter a Caucionnier. Se impuso la superioridad numérica, Caucionnier fue encarcelado y el jefe de policía se quedó con la bolsa. Dijo a sus hombres que quería ver qué artículo de contrabando defendía con tanto ahínco aquel criminal.

Poco después de la reyerta, dice mi amigo el policía, el jefe ordenó a sus hombres que condujeran a Caucionnier a su despacho. Estaba furioso. No dejaba de repetir al prisionero: "¿Dónde está?". Caucionnier intentó conservar la calma y suplicó que le devolvieran su collar. Esta vez fue el jefe de policía el que perdió los estribos y apaleó al prisionero con una porra mientras sus oficiales lo sujetaban. Mientras duró la paliza, el jefe no dejaba de preguntar: "¿Dónde está?".

Más tarde, dice mi amigo, después de que Caucionnier hubiera cumplido sentencia en la cárcel, regresó para enfrentarse al jefe de policía y recuperar lo que le pertenecía. El jefe amenazó con volver a arrestarlo. Caucionnier se marchó, pero no sin antes anunciar: "Todos los ladrones sufren el lamento de los condenados".

El jefe de policía hizo como si no hubiera ocurrido nada, según mi amigo, pero aquello cambió esa misma semana. Todo el mundo se dio cuenta. El jefe siempre parecía falto de sueño. Comenzó a tartamudear, y a veces se quedaba dormido escuchando los informes de sus oficiales. Lo hizo una vez delante de mi amigo y se despertó inmediatamente, sobresaltado. Después de varias semanas, comenzó a llamar a sus hombres a su presencia de uno en uno para preguntar si alguno de ellos se había llevado de su despacho lo que él llamaba "una pelota de papel cebolla". Mi amigo dijo que no y preguntó por qué era tan importante. El jefe se lo contó todo, incluido el hecho de que estaba siendo visitado por fantasmas y seguiría así hasta que le devolviera a Caucionnier lo que era suyo. No mucho después, el jefe dimitió y se retiró a la campiña.

Nada de esto sorprendió a mi amigo. Cuando me contó la historia, décadas después de que sucediera, hacía muchos años que ocupaba el cargo de jefe de policía en Marsella. Mi amigo decía que lamentaba haber trabajado para aquel matón. A fin de acelerar la "inevitable caída" del hombre, mi amigo había arrebatado lo que él llamaba "la piel del diablo" al jefe, que había sido castigado por sus pecados por los "aliados impíos" de Caucionnier. En el proceso, el policía creía que había despojado a un mago negro de su talismán, puesto que todos los Boulevardiers mantenían relación con los poderes del inframundo, según afirmaba mi amigo. Incluso llegó a enseñarme lo que él afirmaba que era el contenido de aquella bolsa, un trozo arrugado de tejido marrón traslúcido.

Es una historia dudosa, pero ¿podrían ser estos "boulevardiers" el mismo grupo con el que te encontraste tú, Loto? Un detalle que cobra ahora especial importancia para mí es el del zafiro artificial. Esta piedra, que suele tener forma de pera, se llama "boule". En el interior de una bolsa pequeña colgada de una cinta, una piedra así se parecería a un higo, ¿no? Y se pueden crear gemas artificiales aplicando un calor extremo al metal rociado de polvo.

Me interesaría sobremanera charlar con tu Rembrandt o tu Rubens.

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"No dejes que el olvido reclame este conocimiento. Ancla este grimorio a tu dispositivo móvil antes de que el sol naciente lo consuma."